Lluvia de piedra, una nube de polvo y pérdida del oído en la segunda explosión en Alcanar

Una decena de mossos y dos bomberos resultaron heridos, con secuelas e incapacidades

Se ha hablado mucho de la primera explosión, el 16 de agosto de 2017 por la noche, en el chalé de Alcanar que truncó el plan de la célula de Ripoll de atentar con explosivos. Pero ha pasado más desapercibida la segunda explosión que hubo el 17 de agosto, poco antes de las cinco de la tarde, cuando mossos, bomberos y un operario con una retro excavadora extraían el escombro de Alcanar. Esta explosión se produjo casi a la misma hora que uno de los terroristas atropellaba con la furgoneta a los peatones en la Rambla, y quedó eclipsada por el atentado. Ha sido en la quinta sesión del juicio del 17-A cuando se ha podido escuchar a una decena de mossos y dos bomberos que resultaron heridos por la segunda explosión. Todavía tienen secuelas y algunos han quedado incapacitados.

"Hubo una explosión y una gran nube de polvo. Cuando se desvaneció la nube nos buscamos entre los compañeros para salir de la zona cero", ha recordado un agente de la policía científica, que continúa sufriendo acúfenos y oye pitidos constantes en los oídos las 24 horas del día. El ministerio del Interior lo ha reconocido como víctima del terrorismo y lo ha indemnizado parcialmente, como también ha hecho con otro de los mossos: "Teníamos que buscar entre los escombros porque nos habían dicho que en principio había restos de cadáveres. Pasó muy rápido. La retro excavadora recogía los escombros, los sacaba fuera y mirábamos si había algo de interés. Dio una palada o dos y ya explotó. En ese momento lo vi todo blanco y me quedé sordo". Sufrió ataques de ansiedad y estrés postraumático.

En cambio, otro de los agentes no ha recibido el reconocimiento de víctima del terrorismo. "Estábamos preguntando a los vecinos para recoger información y la enorme explosión nos obligó a tirarnos al suelo. Empezó a caernos piedra". Después de los hechos, notó una pérdida de oído y una sensación de extrema vigilancia: "Enseguida me colocaba el arma". A uno de los mossos que tampoco se ha reconocido como víctima la explosión le ha dejado una cicatriz en la cara. "Cayeron trozos de plancha de una nevera o un congelador. Los cristales de un vehículo se rompieron totalmente", ha relatado otro. Uno de los testimonios más sobrecogedores ha sido de uno de los agentes más malheridos: "Me preocupé por las extremidades y por no quedar aplastado por la lluvia de escombros. Perdí el conocimiento. No he podido volver a trabajar y tengo una invalidez permanente total. Me he tenido que adaptar a la nueva vida".

Sin poder ascender en el trabajo

Dos bomberos también resultaron heridos y estuvieron varios meses de baja. El primero ha explicado que antes de la segunda explosión "había un poco de confusión" sobre el motivo de la primera, con la hipótesis de que fuera de gas. Las secuelas que le ha dejado el estallido, con pérdida acústica y con el recuerdo de los hechos cuando oye "ruidos fuertes", han provocado que no haya podido ascender profesionalmente porque las lesiones le impiden entrar en la unidad de actividades subacuáticas. El segundo ha dicho que la explosión le afectó a una mano, por lo que ha recibido una incapacidad total. Los dos bomberos recibieron un tratamiento por estrés postraumático, como también muchos de los mossos.

Tres certezas y dos dudas del juicio del 17-A

En esta sesión del juicio en la Audiencia Nacional también han intervenido otros agentes de la policía, que han precisado que recogieron 104 bombonas de butano -97 llenas y el resto vacías- en Alcanar. También encontraron documentación de los terroristas que habían pasado por el chalé.

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