"Sehou, ¡estás vivo!"

Uno de los heridos por el incendio en la nave de Badalona vuelve con el grupo después de recibir el alta 

"Salté desde la azotea porque si no el fuego me comía, casi me rompo la espalda y he estado cuatro días ingresado en el hospital", explicaba este lunes Sehou, de 33 años, a sus compañeros, que lo daban por muerto después de verlo tendido en el suelo sin dar señales de vida. El día del incendio de la nave industrial de Badalona, muchos de ellos lo vieron saltar desde el punto más alto de la nave, y daban por supuesto que no habría aguantado el golpe. De hecho, ya habían colocado el nombre de Sehou en el cómputo de víctimas mortales. Otros, en cambio, aseguraban que estaba sano y salvo en el hospital e incluso alguien decía que había llegado a hablar con él por teléfono. Este lunes por la tarde, verlo llegar cojo, pero finalmente vivo, ha sido un estallido de sorpresa para toda la comunidad. "¿Has visto a Sehou? Está vivo, no me lo puedo creer", comentaba todo el mundo a lo largo de la tarde. Todo eran felicitaciones, sonrisas y abrazos. Tantas, que a veces Sehou se quejaba: "Cuidado, que me duele la espalda", decía cuando alguien lo cogía muy fuerte. Como consecuencia de los golpes, lleva un caparazón de tortuga en la espalda para mantenerse recto, los tobillos vendados y un collarín.

"Me han dado el alta y me he tenido que colar en el bus porque no tenía dinero, y todavía no sé dónde dormiré hoy por la noche", ha explicado al ARA. Reconoce que recordará siempre el fatídico incendio, puesto que vio "la muerte de muy cerca". Él estaba en la terraza, que está a la altura de un cuarto piso, charlando tranquilamente con unos cuantos amigos. De repente, "gritos, humo, y mucho estrés". "Estábamos atrapados, y tenía la sensación de que los Bomberos estaban muy lejos y el fuego cada vez más cerca", recuerda. Valoró esperar un rescate, pero el pensamiento que ganó fue el de "no llegarán a tiempo". "Ante esto, salté, sin pensármelo", explica.

Sehou recuerda que en ningún momento perdió el conocimiento: "No me podía mover, tampoco podía hablar, quería gritar y no podía". Lo trasladaron rápidamente al Hospital Germans Trias i Pujol, que está a 6 kilómetros de la nave calcinada. "Me he fracturado muchas cosas, entre las cuales los tobillos y algunas vértebras, pero no me he roto nada", describe. En este momento, Sehou cambia de tema, y recuerda que él ya está acostumbrado a situaciones límite. Hace cinco años dejó su país de origen, Gambia, y cogió un barco que lo llevó hasta Italia. Ahí no encontró un futuro, y decidió probar suerte en Alemania, sin éxito. Ahora hace un año que está en Badalona, donde hasta hace cinco días vivía en una nave con 150 personas más y sacaba algún dinero con la chatarra.

Golpe de realidad

"Hoy me han dado el alta, he salido del hospital. ¿Dónde voy?", se preguntaba entonces. Sin dinero, a seis kilómetros de sus amigos y con su antigua casa quemada. "Me he colado en el bus, y he hecho dos transbordos hasta llegar al Gorg", explica. Una vez allí, y después del estallido de alegría, Sehou confiesa que todavía no sabe dónde dormirá. "Lo he perdido todo, la casa, mis pertenencias. Lo único que me queda es el móvil, que también aguantó el salto desde el cuarto piso y solo se le ha roto media pantalla", explica. La incertidumbre de no tener un techo le ha durado poco, puesto que sus compañeros se han comprometido a hacerle lugar donde sea: "No lo podemos dejar en la calle con la mitad de los huesos rotos", explica Mamadou. Sahou ha vuelto a nacer. Lo ha hecho, sin embargo, en una realidad completamente igual a la anterior: sin casa, sin dinero, sin papeles y sin un futuro. "Me he salvado, pero, ¿y ahora qué?"