¿Tienes que querer más a tus hijos que a tu pareja?

¿Qué amor es más poderoso, el de los hijos o el de la pareja? ¿Se puede medir?

"¿Cómo se mide el amor?", se pregunta retóricamente la psicóloga Maria Mercè Conangla ante la pregunta sobre si hay que querer más a los hijos que a la pareja. "Más que hablar de cantidad, hay que hablar de calidad del amor", añade la psicóloga. El amor de pareja y el amor por los hijos son diferentes, a pesar de que comparten unas características, que son la responsabilidad, la generosidad, el compromiso, la comunicación y el cuidado del otro", afirma Conangla, que es impulsora junto con el psicólogo Jaume Soler de la Fundación Ecología Emocional.

La pareja es una de las grandes elecciones de la vida, una relación que se cultiva, se trabaja, se siente, es la persona con la que queremos hacer camino y que elegimos amar. "Los hijos pueden ser una consecuencia, como acto de continuidad en el mundo, y hay que amarlos y educarlos para que sean personas autónomas, con criterio, conectadas al amor y capaces de vivir su propia vida", explica Jaume Soler. "La pareja la elegimos y ya tiene una manera de ser, unos valores, unos intereses, un bagaje vital, mientras que los hijos nos los encontramos con unos condicionantes genéticos y habrá que construir una relación con ellos que les dote de valores, capacidades mentales, emocionales y relacionales que les sean útiles para la vida ", añade el psicólogo.

La pareja es una de las grandes elecciones de la vida, una relación que se cultiva, se trabaja, se siente, es la persona con quien queremos hacer camino

"Si queremos bien a los hijos, serán capaces un día de marcharse de nuestro lado para explorar el resto de mundo", dice Maria Mercè Conangla. "Con ellos aceptamos la diferencia, y los deberíamos educar sin imponerles nuestra visión del mundo, con mucho respeto. Esto supone una enorme dedicación de energía afectiva, comenta la psicóloga, coautora con Jaume Soler del libro '' Ámame para que me pueda ir '(Amat Ed.). 

3 razones para querer más a la pareja que a los hijos (si se puede aceptar la afirmación políticamente incorrecta)

Según la catedrática de la Facultad de Educación de la Universitat de Barcelona Maria Rosa Buxarrais

  • La buena relación de la pareja es el mejor ejemplo que podemos ofrecer a nuestros hijos.
  • Porque si la pareja es feliz transmite felicidad a los hijos.
  • Los hijos también tienen que aprender que no pueden ser siempre el centro de atención.

En el amor por la pareja, “si la elección está bien hecha”, hay una estima por los rasgos admirables o atractivos que tiene aquella persona, mientras que en el amor por los hijos hay un amor con menos condiciones. Ahora bién, “tanto en el amor por los hijos como por la pareja tiene que haber reciprocidad de ternura, cuidados, sensibilidad y respeto, porque forma parte del flujo de dar y saber recibir amor", dicen los psicólogos. 

“El amor de pareja es una elección de persona i de construcción de un proyecto común, tanto si se decide tener hijos com si no”, dicen los psicólogos.

Cuando se tienen hijos hay que ser consciente de que hay una etapa primeriza de los hijos que es muy intensa y en la cual ambos corren el riesgo de focalizarse demasiado en detrimento de la relación. Cuando esto ocurre, si la pareja no ha sabido querese lo suficiente y mantener vivo el proyecto compartido, las posibilidades de ruptura son más altas", reflexiona Conangla.

Dicho en otras palabras, el amor de pareja no existe como un monolito, está siempre en obras de mantenimiento. Siempre tiene que haber un trabajo de convivencia, ya sea sin hijos, con hijos pequeños o con hijos mayores. El amor por los hijos, en cambio, tiene unas premisas diferentes que facilitan que pueda mantenerse incluso cuando los hijos no están cerca o viven en la otra punta del mundo. 

EL AMOR NO SE MIDE

Por su parte, la catedrática de la Facultad de Educación de la Universitat de Barcelona Maria Rosa Buxarrais sostiene: “No es sencillo saber con qué intensidad quieres a la pareja y a los hijos. No lo podemos medir, porque es una cuestión de sentimientos”, comenta.

También hay otras variables que pueden intervenir, como por ejemplo la edad de los hijos, su carácter (es decir, si son más o menos dependientes), sus habilidades cognitivas o ciertos momentos en que, por el motivo que sea, quizás alguno de los hijos necesita más atenciones.  

De todos modos, a pesar de que parezca políticamente incorrecto, la respuesta a la pregunta sería que hay que querer más a la pareja que a los hijos. "La pareja es, en teoría, la que siempre estará a tu lado, cuidando de ti, mientras que los hijos, tarde o temprano, tendrán que hacer su propia vida, y ellos darán una nueva a sus hijos ", dice Buxarrais. "No podemos hacer paréntesis en nuestra vida de pareja para atender más a los hijos, hay que compaginarlo, aunque ciertamente el reto no es nada fácil", continúa explicando la catedrática de la Universidad de Barcelona.

"No podemos hacer paréntesis en nuestra vida de pareja para atender más a los hijos, hay que compaginarlo" Maria Rosa Buxarrais - catedrática de la Facultad de Educación UB

Finalmente, la psicóloga Estefania Carreño considera que la pregunta (“Hay que amar más a los hijos que a la pareja?”) no está bien formulada. “Creo que no debemos olvidar nunca a la pareja y no tenemos que perder de vista el horizonte de nuestra vida en pareja”. Para Carreño, en el amor de pareja se da y se espera recibir de la misma manera, porque se va construyendo y hay que mantenerlo a lo largo del tiempo con respecto, compañerismo, estima, compartiendo las cosas buenas y malas. “En cambio, en el amor hacia los hijos queremos por encima de nosotros mismos, muy a menudo hasta el momento en que nos damos cuenta que ya no necesitan nuestro apoyo”.

De hecho, la psicóloga Estefania Carreño asegura que sabemos querer a los hijos más que a las parejas. “La pregunta podría ser si sabemos querer a quien no queremos perder”, concluye. 

Aproximación a la sentencia “Los hijos son míos y a la pareja la encuentras en el camino”

Hay quien afirma que el amor por los hijos es más poderoso porque las mujeres los han llevado dentro, y son suyos, mientras que las parejas pueden dejar de serlo. I por eso la inversión amorosa en los hijos tendría más valor, porque las parejas pueden cambiar, y los hijos no. La sentencia ha ganado terreno en los últimos tiempos, porque el amor para toda la vida ha dejado de ser una realidad, las parejes cambian y madre o padre se es para siempre. "Un amor perdurable en el tiempo requiere mucha voluntad y energía. Hay que eliminar la creencia de que los hijos o las parejas nos pertenecen. Es un error ver el amor como una inversión”, dicen los psicólogos Jaume Soler y Maria Mercè Conangla. Sabemos que cuanto más queremos más capacidad de quere tenemos, y por tanto, querer bien a la pareja no va en detrimento del amor hacia los hijos ni viceversa. En otras palabras, “hay que pasar del amor-concepto al amor-act: querer”, afirman los psicólogos responsables de la Fundación Ecologia Emocional.

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