'Turismo dark': destinos marcados por el misterio y los sucesos paranormales

Hoteles abandonados, pueblos masacrados o rituales funerarios son algunas propuestas

De entre todos los misterios que rodean la naturaleza humana, la irresistible atracción por todo lo que está oculto y misterioso ha sido uno de los que más páginas ha llenado. ¿Por qué nos gusta pasar miedo? ¿Es posible que sea por la sensación atrayente de no tener las cosas bajo control? La muerte y el acto de morir siempre han fascinado y aterrorizado a partes iguales: las luchas de gladiadores durante la época romana, las hogueras en la plaza pública durante la Inquisición o las disecciones de cadáveres que organizaba Luis XIV en Versalles para entretener a los miembros de la Corte son sólo algunos ejemplos de ello. Son muchas las pinturas, partituras de música o películas que han explorado esta atracción tan contradictoria. Incluso la literatura gótica de finales del siglo XVIII logró transformar el miedo en todo un fenómeno de masas. Y esto también dio pie a visitar, por placer, lugares misteriosos sobre los que corrían leyendas de fantasmas o sucesos paranormales: cementerios, castillos, casas abandonadas.  

Fascinación por lo oculto

Aunque el turismo 'dark' [oscuro en inglés] siempre ha existido, no fue hasta 1996 cuando dos profesores de la Universidad de Glasgow, en Escocia, se inventaron el término mientras investigaban el interés y la curiosidad que tienen muchas personas para visitar localizaciones siniestras o marcadas por supuestos sucesos paranormales.

Una de las viajeras que siempre se ha sentido fascinada por la belleza muda de los cementerios, los ambientes apagados y decadentes y los días de niebla es Míriam del Río, periodista especializada en temas culturales e históricos. La autora ha viajado hasta tres veces a los parajes solitarios de Escocia, tierra de leyendas y castillos con apellidos trágicos. Y desde su excursión a los acantilados del norte ha terminado recorriendo el mundo en busca de todo tipo de espacios marcados por las historias más oscuras, unos destinos que ahora ha plasmado en el libro 'Turismo dark' (Luciérnaga, 2019). El Hospital del Tórax, en Terrassa; la ciudad fantasma de Prípiat, en Chernóbil, o el terrorífico ritual de enterramiento de muertes de Tana Toraja, en Indonesia, son algunos de los destinos que eligen los turistas de todo el mundo a los que ir de vacaciones y que ahora salen recogidos en sus páginas.

"Cuando hace dos años se quemó el edificio Grenfell, en Londres, al día siguiente ya paró un autocar de turistas japoneses para hacer fotos", lamenta.

Más allá del morbo y la aparente superficialidad, Míriam del Río considera que todos estos sitios tienen detrás una historia de fondo que obliga al viajero a reflexionar: "Normalmente son espacios con una fuerte carga histórica que explican cosas sobre toda una generación, o incluso sobre la humanidad". Por eso, ella considera que el turismo 'dark' es un tipo de turismo que se debe hacer con conciencia y respetando el trasfondo trágico que se está visitando. Lugares como el campo de concentración de Auschwitz o la Zona Cero en Nueva York "no se pueden visitar haciéndose selfies", remarca Del Río, que considera que debe pasar un mínimo de tiempo antes de querer visitar un lugar donde acaba de pasar una catástrofe. "Cuando hace dos años se quemó el edificio Grenfell, en Londres, al día siguiente ya paró un autocar de turistas japoneses para hacer fotos", lamenta.

La autora considera que, al final, esta afluencia de turismo debería contribuir a pagar las reconstrucciones del lugar y ayudar a todas las personas que lo perdieron todo durante la catástrofe, "pero los gobiernos no suelen estar interesados en esto".

Visitas con conciencia

Las películas o series de televisión a menudo también contribuyen a banalizar el turismo 'dark'. Es el caso de la serie 'Chernobyl', de la HBO, que ha multiplicado las visitas a la zona desde que se emitió en mayo. "Es normal que aumenten las visitas, al igual que ocurre con las localizaciones de 'Juego de tronos'", argumenta del Río. Sin embargo, sí cree que los visitantes deben ser conscientes, no sólo de la carga histórica que hay detrás, sino también de los riesgos a los que se exponen. La autora considera que, al final, esta afluencia de turismo debería contribuir a pagar las reconstrucciones del lugar y ayudar a todas las personas que lo perdieron todo durante la catástrofe, "pero los gobiernos no suelen estar interesados en esto".

Finalmente, también hay un tipo de turismo que va mucho más allá y que juega con las experiencias inmersivas en primera persona. Es el caso del Sarajevo War Hostel, un alojamiento que permite vivir durante una noche como era la vida durante la Guerra de Bosnia: sin energía eléctrica, agua corriente o calefacción y con sonidos constantes de bombarderos. O una agencia de ocio mexicana que ofrece la oportunidad de vivir durante una noche como es la peligrosa travesía que hace un inmigrante ilegal cuando quiere cruzar la frontera a Estados Unidos. "¿Es necesario?", se pregunta del Río. En todo caso, hay algo que está claro: "Después de la actividad te vas a casa, así que nunca te podrás sentir como una persona que pasó por la experiencia en la vida real", concluye.

AMÉRICA
Hotel El Salto, Colombia

Este antiguo hotel era un esplendoroso edificio construido en los años 20 que alojó a la 'crème de la crème' colombiana y que tenía vistas al salto del Tequendama, una cascada de aguas abundantes. Por culpa de la contaminación, un día la cascada perdió su encanto y, no se sabe por qué, se convirtió en el lugar predilecto de muchos suicidas para acabar con su vida. Era tanta la afluencia de saltos mortales, que los habitantes de la zona iban a pasar el rato viendo cómo se tiraban. Incluso los periodistas arriesgaban su vida para conseguir buenas fotos de la caída o para coger las cartas de despedida. El hotel cerró en los años 90 y desde entonces está abandonado, pero muchas personas aseguran que dentro ocurren todo tipo de hechos paranormales.

EUROPA
Oradour-sur-Glane, Francia

La paz y tranquilidad de esta pequeña población del centro de Francia se terminó el 10 de junio de 1944, cuando un regimiento de las SS entró y mató a más de 600 habitantes, por un motivo que aún se desconoce. Hoy en día todavía se puede ver el pueblo tal como quedó, detenido en el tiempo, con los cables eléctricos de los tranvías y las casas abandonadas. "Es un ejercicio brutal para entender qué es la guerra", explica Miriam del Río.

Puente Overtoun, Escocia

Ubicado en la ciudad de Milton, este misterioso puente ha sido el escenario de suicidio de más de 600 perros desde los años 90. Según han podido observar varios testigos, cuando los animales se aproximan al puente, de 15 metros de altura, se quedan mirando a un punto fijo y luego corren enloquecidos hasta que saltan de la construcción y mueren. Una de las explicaciones que han encontrado los científicos es que hay algún olor debajo del puente que les atrae irresistiblemente.

ASIA
Funerales de los Tana Toraja, Indonesia

Si hay algo que hace única esta etnia es la forma en la que entierran a sus muertos. Para empezar, mientras la familia reúne dinero para el funeral, convive con el cuerpo embalsamado en el mismo hogar e incluso se le ofrece agua, comida y tabaco. Una vez se hace el funeral, se sacrifican muchos cerdos y búfalos, lo que convierte las calles en un río de sangre. Después el cuerpo es depositado en cuevas talladas en rocas o en ataúdes que cuelgan de las paredes de las montañas o acantilados. Pero aquí no acaba todo: cada tres años se vuelve a sacar el difunto de la tumba, se le limpia, se le cambia la ropa y se le pasea por todo el pueblo.

ÁFRICA
Fortín de Elmina, Ghana

También conocido como el castillo de San Jorge da Mina, fue construido en 1482 por los portugueses y se convirtió en uno de los principales puntos de tráfico de esclavos en África. Aún hoy es posible ver los calabozos inhumanos donde los tenían retenidos durante meses antes de su viaje al Nuevo Mundo. "Notas una energía muy fuerte flotando en el ambiente", asegura Miriam del Río.

OCEANÍA
En busca del yeti, Nueva Zelanda

Parece que el abominable hombre de las nieves no sólo se podría encontrar en el Himalaya. En Nueva Zelanda corren muchas leyendas maoríes sobre un tal Moehau, una bestia enorme y terrorífica que concuerda bastante con la descripción que se ha hecho del yeti. Fascinados por la historia, los europeos organizaron muchas expediciones a la isla entre los años 30 y 90, e incluso aseguraron haber hecho algún avistamiento. Aún hoy son muchos los casos de turistas que afirman haber visto a esta criatura misteriosa.

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