PANDEMIA

La vulnerabilidad social acelera el contagio comunitario en Salt

Salud intentará detectar familias con dificultades a través de los tests en las escuelas

Salt no consigue doblar la curva de contagios. El cribaje masivo que se hizo a principios de septiembre y las restricciones que se aplicaron a mediados de mes no han servido para parar la transmisión comunitaria. Según los datos de Salud, del 2 al 8 de octubre se registraron 430 casos por cada 100.000 habitantes -a partir de 100 se disparan las alarmas-, la positividad de las PCR era del 13% -tendría que estar por debajo del 5%- y el índice de rebrote era de 917, cuando la línea roja se cruza a partir de 100.

“La curva de Salt está estancada con una R [número de personas a las que contagia cada positivo] por encima de 1, cosa que significa que tiene una cierta tendencia a continuar aumentando”, dice la investigadora del grupo de Bioscomsc-UPC Clara Prats. La científica recalca que los datos muestran que la situación epidemiológica es “muy complicada”: “Solo con la estadística no se puede saber, pero es posible que se tengan que combinar medidas de carácter más social para ayudar a bajar la curva”.

Justo al lado de Girona, y con más de 31.000 habitantes, Salt es un municipio con una alta densidad poblacional, concentrada principalmente en los barrios del centro, que es donde viven también las personas con las rentas más bajas. Además, es una de las poblaciones con más diversidad cultural: un 39% de sus habitantes son de origen extranjero y provienen de unos setenta países diferentes. Esta heterogeneidad se refleja en sus calles, que, especialmente los fines de semana, hierven de actividad: familias con niños pequeños jugando, adolescentes comentando la última jugada y peatones que se paran a saludar a unos conocidos a los que se encuentran por casualidad.

Realidades complejas

Uno de los lugares más tranquilos es el Parc de les Deveses, donde Morro Dampha suele ir los domingos. Él nació en Gambia hace 45 años y vive en Salt desde el 2008. “Sé que es muy importante la mascarilla, las manos y la distancia, pero a veces no entiendo lo que explican en la tele o tengo dudas de lo que puedo hacer y lo que no”, dice.

Dos bancos más allá están Mamadou y Bangally, de 24 y 23 años, que conviven con cinco jóvenes más. Los dos explican que, con sus amigos o familiares, no se suele hablar nunca del coronavirus ni saben de nadie que lo haya pasado. “Si preguntas mucho, a veces se enfadan y te dicen: «Por qué me lo preguntas? ¿Tengo cara de tenerlo o qué?»”, dice Bangally. En su caso, como trabaja en una panadería, cada mes le hacen una PCR, pero Mamadou no tiene trabajo y se gana la vida con trabajos precarios que va encontrando. Admite que si diera positivo no podría confinarse porque su familia necesita el dinero que les envía siempre que puede.

Ahmed, que está en el parque jugando con los niños, explica un caso próximo: un primo suyo que se ha quedado sin trabajo porque no tiene papeles. “Trabajaba en un taller, pero su jefe lo ha echado porque le ha dicho que, con todos los controles que hay por el virus, le da miedo que lo pillen”.

De la veintena de vecinos consultados de manera aleatoria en la calle Major, más de la mitad no se enteraron del cribaje que se hizo ni de las restricciones aplicadas. Y todos tienen muchas dudas. “Hay cosas que no se entienden: si este virus es tan grave, ¿por qué tardaron cuatro días en darme los resultados de la PCR?”, se pregunta Dolors. En cambio, para Noemí el problema es que “todo el mundo pasa de todo”. “Y cada tarde aquí ves a un montón de jóvenes, juntos y sin mascarilla”, añade.

Desde la Cruz Roja, las técnicas Anna Serra y Marta Molist exponen que una parte de la población de Salt vive en una situación muy vulnerable. “Muchas familias o jóvenes viven en pisos ocupados, en situación irregular, y si no salen no tienen ingresos ni alimentos”. La entidad ha detectado un aumento en la demanda de ayuda y también casos de personas que, estando contagiadas, han ido a su sede. “Lo hemos sabido a posteriori, y entonces te decían que si no venían ellos no tenían a quién mandar. Su urgencia es comer, y la salud pasa a un segundo término porque no tienen las necesidades básicas cubiertas”, concluyen.

Llegar a todo el mundo desde la escuela

El departamento de Salud ha iniciado este mes un test masivo en los veinte centros educativos para “hacer un cribaje a toda la población, a través de los niños y los jóvenes y de sus contactos”, según la responsable de enfermería de la atención primaria del ICS y la IAS en Girona, Montse Canet. El proceso de testeo irá acompañado de un trabajo conjunto con las escuelas, los servicios sociales, las entidades y los profesionales sanitarios para incentivar que cuanto más personas mejor se hagan el test y, a la vez, detectar también situaciones de vulnerabilidad. “Se analizará caso por caso para intentar cubrir las necesidades”, dice Canet.

Desde la coordinadora de AMPES de Salt, Cèlia Pineda lamenta que las familias se han enterado del cribaje en las escuelas “por la prensa” y teme que, “como siempre”, las familias más vulnerables “sean las más perjudicadas”. Y pone un ejemplo: “Cuando confinan una clase, si el niño es negativo se tiene que quedar en casa, pero los padres no tienen ni baja laboral ni ninguna ayuda. Y los más vulnerables no suelen tener trabajos en los que puedan teletrabajar”, recuerda.

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