De la soltería a la anarquía relacional: mil maneras de relacionarnos más allá de la monogamia

Mil maneras de relacionarnos más allá de la monogamia / IRENE GUTIÉRREZ ALGADO
CARLA FAJARDO MARTÍN/ ILUSTRACIÓN: IRENE GUTIÉRREZ ALGADO

Soltera, arromántica, monógama, poliamorosa, swinger, anarquista relacional... Las opciones para definir nuestra situación sentimental y nuestras maneras de relacionarnos se extienden más allá de los límites de la monogamia y son cada vez más diversas. “A pesar de que la pareja tradicional continúa siendo la preferente, hay muchas personas que sienten que no encaja con su sistema de valores”, explica la psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja Verónica Vivero, que cree que “cada vez nos damos más permiso para experimentar y probar nuevas formas de vinculación, sobre todo entre los jóvenes”, a pesar de que factores como la precariedad y la propia pandemia lo dificultan. “El concepto de pareja se está flexibilizando porque nos cuestionamos más cómo queremos y somos más conscientes de las dinámicas tóxicas alimentadas por el amor romántico”, considera Vivero. “Ya no vale todo en nombre del amor. Ya no se cuestiona tanto si uno quiere estar soltero o no o si la pareja es de un tipo o de otro”.

La activista Brigitte Vasallo tiene claro el porqué: “Sabemos que el sistema monógamo nos hace daño, tenemos los feminicidios como prueba irrefutable. Por alguna razón nos cuesta hacer este link evidente entre este tipo de violencia y el sistema amoroso en el que vivimos”. Es por eso que reivindica desmontar este sistema, que concibe la pareja como el centro de nuestras vidas. Y para hacerlo hay que ir más allá de “la anécdota de tener varias relaciones sexoafectivas”. Su propuesta es hacer resistencia a este pensamiento cuestionando significados impuestos. “La amistad es amor, ¿pero a quién le pides dinero y quién te cuida?”, dice como ejemplo.

Todavía en el ámbito político de las relaciones, y cuestionando este binarismo, se sitúa la anarquía relacional, un marco que surge del anarquismo social basado en la no autoridad, la no posesión y el apoyo mutuo. “Todos tenemos muchas relaciones. Si las definimos por lo que hacemos y no por lo que son y dejamos de lado las etiquetas, aparece un continuo y ya no hay relaciones de amor a un extremo y de amistad en el otro”, explica Juan Carlos Pérez Cortés, autor de Anarquía relacional. La revolución desde los vínculos. Desde este punto de vista, las relaciones no se colocan “en casillas diferentes” y se articulan con límites y compromisos personales basados en el consentimiento para no asumir las ideas impuestas: “Cuando alguien te dice que te quiere es una mochila. También te puede estar diciendo que irá a cenar con tus pares el día de Navidad”.

El proceso de pasar de un modelo tradicional a uno más liberal puede implicar el miedo al juicio social y la gestión de emociones como los celos, característica de la monogamia, apunta Vivero, que afirma que “todos los vínculos están expuestos a las dinámicas tóxicas porque estas dinámicas tienen que ver con nuestras heridas”. En este mismo sentido se posiciona Vasallo, autora del libro Pensamiento monógamo, terror poliamoroso, en el que cuestiona la concepción neoliberal del poliamor basada en el consumo de cuerpos y el individualismo. “El dolor viene del sistema”, dice Vasallo, que alerta de que la práctica de relaciones poliamorosas puede reproducir el amor romántico y no implica un cambio de pensamiento. “Se trata de fijarnos en cómo construimos las relaciones. El esquema de sin ti no soy nada, 24 horas disponible, y fusionarte identitariamente está pensado para tener solo una pareja”.

Tiempo para el poliamor

“Los momentos y la dedicación se tienen que repartir, no nos vemos tanto como querríamos”. Eloi, de 25 años, señala la falta de tiempo como uno de los condicionantes en su vínculo con una persona poliamorosa. También están sus inseguridades, que son las mismas de siempre, pero a las cuales se suma ahora que su relación habla de sus otras relaciones abiertamente. Su receta es “la confianza y sentir que la persona te atiende y te cuida”, a pesar de que define su situación con un “hacemos lo que podemos”. Expresa con satisfacción que no tiene “un refugio” ni un “equipo de dos”: “Me gusta mucho vivir cosas y saber que cuando vuelva a casa estaré conmigo mismo”. También lo vive como una manera de “romper con paredes” que siente que “tenemos construidas delante”.

Pareja abierta por salud mental

A pesar de que estamos cada vez más abiertos a experimentar, hay prejuicios que todavía sobrevuelan las relaciones no monógamas y que las asocian con la inestabilidad y la promiscuidad. “Yo rompí mi relación previa porque no era abierta. Así de estables creo que son las parejas cerradas”, explica Andrea, de 27 años, que ha chocado muchas veces con la incomprensión. Ella tiene una pareja tradicional, pero abierta a relacionarse con otras personas, y considera que esta fórmula le proporciona honestidad con ella misma y una mejor salud mental. “Pensamos que nuestra relación no es incompatible con tener líos románticos o sexuales con otros. Nos angustia la idea de que esta persona sea la única con quien puedes tener relaciones sexuales el resto de tu vida. Es mucha presión tener que satisfacer todas estas necesidades físicas y emocionales”, razona Andrea, que explica la necesidad de establecer ciertas pautas sobre lo que se puede hacer y lo que no, y pone de relieve la importancia de la comunicación a la hora de construir una relación de este tipo. Diferencia su relación principal de las otras por la profundidad, los proyectos de futuro y la convivencia, y cree que este modelo es una manera de aceptar que “estas relaciones siempre existen” y que no tienen por qué poner en peligro la pareja: “Si somos infelices juntos y aparece otra persona, debe de ser porque éramos infelices, no al revés”. Ahora bien, “los celos y la culpa no desaparecen”, pero considera que tiene más herramientas para relativizarlos.

Es consciente de que su manera de relacionarse no rompe con los patrones del amor romántico. “La pareja es una unidad fácil, es un estatus de consumo. Es muy difícil imaginarse una vida más allá del paradigma de la pareja”, reflexiona, y señala la imposibilidad de seguir el ejemplo de referentes: “Si no lo puedes imaginar no lo puedes ser”.

Cómo apunta Vivero, “algunas formas de relación son tan nuevas que comparten el patrón de no tener patrones y, a veces, se basan más en la exploración que en una filosofía”. En este sentido hay trabajo por hacer, reconoce, y la educación sexual tiene un papel importante.

Solteronas felices

Los estigmas en el ámbito de las relaciones no monógamas se suman a otras discriminaciones como la de género. Uno muy arraigado en el tiempo es el de la soltería. Mientras se llama solteronas a las mujeres que no tienen pareja y se las educa para priorizar los afectos, a los hombres se los denomina tradicionalmente solteros de oro y se les enseña a no gestionarlos. “Siglos funcionando de este modo no se cambian en 50 años. La vida pierde sentido si no está el compañero. No sabemos tener amantes de una manera saludable, no sabemos relacionarnos con alguien a nivel sexual y afectivo sin coger un compromiso porque nos han dicho que esto es coger un compromiso”. Cuando Núria, de 36 años, vio que todos sus amigos hacían planes de pareja buscó grupos de solteras en internet, pero solo encontró páginas de citas. “La sociedad me estaba diciendo que si yo era soltera lo que quería era encontrar pareja”, afirma. A partir de esta experiencia empezó una investigación que le ha dado para escribir un libro. Reivindica una soltería sin dramas extras ni desesperaciones, “no como ese momento de compás de espera entre fulanito y menganito, sino como un momento vital con categoría propia”. Después de ver que “si no tienes una familia nuclear eres el segundo plato de las personas de tu alrededor”, su apuesta fue construir una red afectiva con personas que se priorizan. Para ella, la clave es, de nuevo, “poder entender que el abanico emocional es infinito”.

Glosario de las nuevas relaciones amorosas

Poliamor

Es la práctica de tener varias relaciones sexoafectivas simultáneas con diferentes personas de manera consensuada. Alguns son jerárquicas, en las que hay una relación primaria, y otras no jerárquicas, en las que todas están al mismo nivel.

Anarquía relacional

Es un marco relacional que proviene del anarquismo social y que rechaza etiquetar los vínculos para no caer en ideas preestablecidas. Está basado en la responsabilidad personal y se organiza con compromisos y límites según cada relación.

Amatonormatividad

Es la presuposición de que todo el mundo busca una pareja central, cerrada y de largo recorrido y el dar por sentado que es la situación ideal de cualquier persona. La no monogamia pone en cuestión este concepto repensando las relaciones.

Arromanticismo

Hace referencia a las personas que no sienten la necesidad de tener relaciones románticas. Como otras orientaciones que se salen de las normas del patriarcado, acostumbran a cuestionarse más la amatonormatividad.

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