El último servicio de Rajoy

El anuncio de su retirada supone iniciar la renovación para frenar a Ciudadanos

Si Pedro Sánchez asestó con su moción de censura un golpe demoledor a Albert Rivera y a Ciudadanos, la decisión de Mariano Rajoy de anunciar el “punto final” a su carrera política –después de que un congreso extraordinario del Partido Popular elija al nuevo presidente- ha supuesto una nueva embestida a la formación naranja.

Sánchez ha intentado con la moción –al colocar a Ciudadanos junto al PP- frenar la hemorragia de votos latente del PSOE a Ciudadanos, y tratará desde el Gobierno completar la operación.

Y  Rajoy, a su vez, ha buscado con el pistoletazo de salida de la renovación, sin pérdida de tiempo, evitar que se consume la OPA, según reflejaban los sondeos, de Ciudadanos sobre el PP, precisamente antes de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2019.

El último servicio de Rajoy, pues, consiste en terminar con el PP “marca Rajoy” porque todos los esfuerzos de remozar el partido con la designación de hombres y mujeres jóvenes ha fracasado.

Cualquier renovación exigía el harakiri de Rajoy. Y la moción de censura ha sido la comadrona, lo ha puesto más fácil. Desalojado del Gobierno, a Rajoy solo le quedaba un recurso para intentar detener el éxodo masivo de sus afiliados a Ciudadanos: su propio sacrificio.

Por ello, su decisión de meter la directa y anunciar enseguida el final de su carrera política puede ser considerado un servicio al PP. Como ha dicho en su típico retorcimiento gallego, es bueno para mí y para el partido; es bueno para el partido y para mí.

Pero el tiempo político que se abre de aquí a la convocatoria del congreso extraordinario –que resolverá la Junta Directiva citada para el próximo lunes- no será un tiempo muerto.

Habrá más sentencias condenatorias de la financiación irregular. La próxima es la que firmará el juez de la Audiencia Nacional- José María Vázquez Honrubia sobre la financiación ilegal del PP de la Comunidad Valenciana, que se prevé para este mes de junio. Y, por tanto, Rajoy, que seguirá al pie del cañón hasta ceder la batuta en el congreso extraordinario, seguirá viviendo su vía crucis.

Pero lo hará después de su anuncio de retirada. Rajoy tenía que liberar o aligerar al PP de su lastre, a saber, de continuar empujando la piedra de la corrupción hacia la cima de la montaña una y otra vez; y al ser tumbado por la moción de censura ya no había pretexto que valga. Tenía que asumirlo. Y es lo que ha hecho.

Al empezar a lanzar a la palestra a algunos de los candidatos a presidir el PP y ser cabeza de cartel en las próximas elecciones generales –es el caso de Alberto Nuñez Feijóo-, el partido proyecta entre sus dirigentes medios y militantes la primera esperanza – prácticamente desde 2003- en un cambio. No será incruento. Porque María Dolores de Cospedal es la secretaria general y es ella quien organizará el congreso. Y, claro, plantará batalla, habida cuenta de que cree haber dado la cara por Rajoy y el PP en asuntos a las que ha sido ajena (la corrupción)

De ahí que Albert Rivera y Ciudadanos, como apuntamos, hayan sufrido en la jornada de este martes 5 de junio un segundo gol, tras el primero que ha marcado Sánchez el pasado viernes 1 de junio con el triunfo de la moción de censura que situó a Ciudadanos como guardia pretoriana de Rajoy.

Rajoy nada ha dicho sobre su escaño en el Congreso de los Diputados, pero se supone que al poner punto final, como ha anunciado, a su dilatada carrera de cuarenta años, lo abandonará, no sabemos si con ocasión del congreso extraordinario o al término de la legislatura.

Volverá, en cuanto quede libre, a su puesto de registrador de Santa Pola, donde sigue excedente, y quizá logre el traslado, dada su antigüedad, a una plaza de registrador en algún punto interesante que quede libre en Madrid y, es seguro que será nombrado presidente de honor del PP.

En cuanto a que tenga que responder ante la justicia por alguno de los múltiples casos que el PP afrontará en los próximos años –Papeles de Bárcenas y destrucción del disco duro del ordenador de su ex tesorero, ambos no antes de 2019, por ejemplo- su pérdida del fuero parlamentario puede acarrearle algunos dolores de cabeza.

En particular, el golpe sería devastador para Rajoy y también para el futuro líder en el caso del disco duro, si el PP vuelve a ser condenado porque es el partido el que sentará como acusado, habida cuenta de que se juzgarán  hechos del  2013, cuando ya estaba  en vigor la reforma del Còdigo Penal de finales del 2012, que permite acusar a personas jurídicas. No fue posible, como explican los jueces en la sentencia,  en el caso Gürtel 1999-2005, lo cual limitó la condena del  PP a su condició de partícipe a título lucrativo pese a haber creado "el PP y Francisco Correa un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional"

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