Crece la desconfianza contra la futura vacuna para el covid-19

La agresividad del movimiento antivacunas y las reticencias hacia los gobiernos ganan peso en todo el mundo

En este momento exacto hay cerca de 90 potenciales vacunas contra el covid-19 en estudio en todo el mundo. De estas 90, al menos la mitad han empezado pruebas en humanos y una decena están en fases de ensayo clínico bastante avanzadas para prever una inminente disponibilidad. Muy probablemente en pocos meses, si bien sus primeros destinatarios serán con toda seguridad personal sanitario y población de riesgo. Llegados a este punto, la confianza en las futuras vacunas no es ni mucho menos absoluta. Una encuesta efectuada a 13.426 personas de diecinueve países muestra que, de media, el 71,5% de los encuestados "aceptarían" vacunarse. El resto, a partes más o menos iguales, mostrarían "dudas importantes" o directamente se negarían a ello.

Las excepciones están en los extremos: en China el 90% dicen aceptar la vacunación, mientras que en Rusia lo hacen menos del 55%. La calidad de la información y la confianza en las fuentes marcan las diferencias. Los resultados del estudio, coordinado desde ISGlobal con la participación de los centros de Londres y Nueva York, se publican hoy en la revista Nature Medecine. Jeffrey Lazarus, investigador de ISGlobal y uno de los coordinadores del estudio, señala la calidad de la información y la confianza en la fuente emisora como dos de los factores que más influyen en la decisión que tomará la población de vacunarse. "La confianza en las vacunas es superior en los países en los que la confianza en el gobierno también es más alta", explica. Dicho de otro modo: la confianza crece en la medida en que las instituciones de investigación o las autoridades sanitarias de cada país tienen más credibilidad. La confianza, sugiere Ayman El Mohandes, de la escuela de salud pública de Nueva York y coautor del estudio, es importante para reforzar el mensaje de que las vacunas son una herramienta esencial para "ayudar a controlar la propagación" de la pandemia y evitar la transmisión comunitaria.

La pregunta clave es si los encuestados aceptarían una vacuna "probada, segura y eficaz". En términos coloquiales, una vacuna que hubiera demostrado que no provoca más efectos secundarios de los estrictamente necesarios y que consiguiera unos niveles de protección "razonables". En estas condiciones, el 74% de los encuestados en el estado español no se opondrían, cifra que coincide con encuestas previas sobre confianza general en las vacunas. En Rusia el porcentaje cae hasta el 55%, mientras que en China alcanza el 87%.

¿Y si quien aprobara y recomendara la vacuna fuera el gobierno? Globalmente, el 32% estarían totalmente de acuerdo, mientras que el 18% en total desacuerdo. Por países, en China es el 84% quien está de acuerdo y solo un 4% manifiestan estar en contra. En Rusia las respuestas negativas crecen hasta el 41% y en España se observa un alto 35%, mientras que un 41% da una respuesta positiva. Por edades, las reticencias aumentan entre los más jóvenes, mientras que el salario o el nivel educativo influyen positivamente en la aceptación de las vacunas. El hecho de haber enfermado de covid-19 no parece influir en la opinión de los encuestados.

Más negaciones en países desarrollados

Los autores del estudio se fijan sobre todo en las respuestas negativas y en las causas que las provocan, además de los resultados esperables del retraso o el rechazo de las vacunas. En este sentido, recuerdan que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido en diferentes estudios que el retraso en aceptar nuevas vacunas es uno de los principales obstáculos a la inmunización, un factor que se podría reproducir en el caso de la vacuna contra el covid-19 con el resultado de "miles de muertos". Advierten también de que los movimientos negacionistas y antivacunas han crecido en los países desarrollados –a pesar de que es en la India donde se recogen más negativas– y de que en los últimos meses se está observando "más agresividad" en los mensajes negativos, sobre todo en las redes sociales.

En algunos países, especifican, se está observando un "crecimiento" de mensajes que niegan la necesidad de una vacuna contra el covid-19 o, incluso, contra la existencia de la enfermedad. Heide Larson, del programa de vacunación de la London School of Hygiene and Tropical Medicine y también coautora del estudio, entiende que los resultados tendrían que servir como "un toque de atención" para los expertos en salud pública y los gobiernos para tomar medidas que fomenten la inmunización y combatan la desinformación, a menudo fomentada por intereses económicos ajenos a la salud o por disputas políticas, como está pasando ahora mismo en los Estados Unidos con las controvertidas declaraciones de Donald Trump. "Sería una lástima que los enormes esfuerzos en investigación se perdieran por intereses que no tienen nada que ver con la ciencia", dice.

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