Una votación histórica

Después de cuatro años de presidencia de Trump, y desafiando una pandemia, los norteamericanos han ido masivamente a las urnas. Largas colas nunca vistas para ir a votar el martes después del primer lunes de noviembre. Largas colas para votar presencialmente que se añadían a los 100 millones de votos anticipados, el 70% de la participación total del 2016, cuando Hillary Clinton ganó el voto popular pero perdió la presidencia.

La movilización en el país es extraordinaria y las iniciativas para facilitar la expresión popular, permitiendo el voto por correo hasta el viernes en algún caso, obligarán a un recuento más lento del habitual y, muy probablemente, a esperar la resolución judicial sobre denuncias cruzadas para intentar controlar los resultados.

Hace meses que Trump insinúa que las elecciones no serán limpias, y el presidente del caos ha demostrado sobradamente que no tiene escrúpulos cuando se trata de ganar la partida al precio que sea. Las largas colas ante los colegios electorales, el masivo voto anticipado y la ventaja en las encuestas hacen que Joe Biden sea el favorito para ocupar la Casa Blanca e intentar rehacer la rotura social en un país que nunca había estado tan polarizado. No será fácil tener unos resultados rápidos ni contundentes, y todo indica que Trump puede autoproclamarse ganador o empezar a litigar los resultados en los tribunales. La jornada electoral más atípica anticipa también un recuento atípico y complejo.

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