La zona roja de los centros de tratamiento del Ébola

Hay cinco instalaciones de este tipo en la región congoleña afectada por la epidemia

Una ambulancia espera ante el centro de atención de enfermos de Ébola que la ONG Médicos Sin Fronteras acaba de abrir en la localidad congoleña de Beni. No le dan paso para entrar y el conductor, un congoleño robusto, se impacienta. La ambulancia tiene el logotipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo que quiere decir que transporta un paciente sospechoso de tener el Ébola. Los vehículos de la OMS son los únicos equipados para trasladar este tipo de enfermos en Beni, que ahora mismo se ha convertido en el epicentro de la epidemia. Cada semana se detectan nuevos casos.

"Te recomiendo que no toques la valla", dice el conductor de la ambulancia a esta periodista viendo que apoyo un brazo en la valla exterior del centro mientras también espero para entrar. "Aquí hay Ébola por todos lados. Si después te tocas un ojo con el brazo ya eres mujer muerta", añade el hombre haciendo un movimiento con la mano como si degollasen a alguien.

Desde que el 1 de agosto pasado se declaró un brote de Ébola en esta región congoleña hay una psicosis generalizada sobre qué se puede tocar y qué no para evitar infectarse del virus. Los centros de tratamiento del Ébola se consideran "zona roja" directamente. Es mejor ni acercarse, dice todo el mundo. Y si se va, es preferible no tocar absolutamente nada y ni siquiera sentarse en ningún sitio, aconsejan algunas personas.

Un centro de tránsito

En la zona afectada por la epidemia en el este de la República Democrática del Congo hay hasta cinco centros de tratamiento del Ébola, que no son pocos. El de Beni, por ejemplo, tiene hasta sesenta camas. Además, la semana pasada MSF abrió otra instalación que llama "centro de tránsito", para que los pacientes sólo están allí mientras se confirma si tienen la enfermedad o no.

Antes estos pacientes eran trasladados directamente al centro de tratamiento del Ébola en Beni, que gestiona la ONG Alima. Pero durante las últimas semanas este centro había quedado totalmente saturado y el personal no daba abasto. Los síntomas característicos del Ébola -fiebre, diarrea, vómitos y dolores musculares- son parecidos a los de la malaria, y ahora es época de lluvias en la República Democrática del Congo. Por eso, el paludismo también es muy frecuente.

El centro de Alima recibía cada día una media de 20 pacientes con estos síntomas, aunque finalmente los médicos concluían que sólo uno o dos tenían Ébola realmente, según explica Eloise Morice, la representante de la ONG. Estos enfermos había que ingresarlos y aislarlos igualmente, hasta que se confirmaba el diagnóstico. Las pruebas de Ébola tardan tres días: hay que hacer un primer test, y un segundo a las 48 horas si el primero da negativo.

Ahora todos estos pacientes que esperan el diagnóstico van a parar al centro que MSF inauguró el pasado jueves y que la organización asegura que ha construido en sólo ocho días. Era urgente. De hecho, este fin de semana se continuaban haciendo las últimas obras mientras los médicos ya atendían enfermos.

El centro, situado en unos terrenos frente al hospital general de Beni, parece una instalación provisional. Está formado por varias casetas de madera y lona de color blanco, donde se distribuyen los enfermos en habitaciones separadas. Actualmente tiene capacidad para 16 personas pero dispone de espacio suficiente para llegar a tener 32 o 48 camas si fuera necesario y la epidemia se continuara extendiendo. "Tenemos que estar preparados ante cualquier contingencia. No sabemos qué puede pasar en el futuro", admite la responsable médica del proyecto, la estadounidense Leah Feldman.

A la entrada del centro hay que cumplir el ritual de lavarse las manos y las suelas de los zapatos con agua con cloro antes de acceder, como ocurre en tantos establecimientos y oficinas de la ciudad de Beni desde que se declaró este nuevo brote de Ébola. Una vez dentro, la distancia de seguridad con los enfermos es amplísima, y las protecciones son numerosas para evitar cualquier contacto. Parece difícil infectar a ellos. Además, hay operarios limpiando por todos lados. Hasta 97 personas trabajan sólo en los trabajos de desinfección.

"No podemos correr ningún riesgo. Aquí tenemos pacientes que tienen Ébola y otros que no. Un contagio sería terrible", justifica la representante de MSF. Los enfermos que son diagnosticados con el virus son trasladados al centro de tratamiento de Ébola. "Los demás pueden irse a casa o los transferimos al hospital general una vez se hayan duchado y les hayamos dado ropa nueva", concluye.

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