La pesadilla de las cárceles egipcias de Al-Sisi

El sistema penitenciario fue diseñado para suscitar miedo y vulnera por sistema los derechos humanos

"Las condiciones son durísimas. Desde hace dos meses no nos dejan salir de la celda en todo el día. Y a los que estamos imputados en cuatro procesos concretos nos niegan las visitas familiares. En mi módulo, dos reclusos han intentado quitarse la vida en las últimas semanas", explica El-Hossam -un nombre falso- a través de un mensaje de WhatsApp. Ha pasado tres años recluido en la inmensa prisión de Tora, en el barrio cairota de Maadi y que aloja la mayoría de presos políticos egipcios. Su testimonio esboza un régimen penitenciario draconiano, basado en la violación sistemática de los derechos humanos. El sistema fue diseñado para suscitar miedo, que es la piedra angular sobre la que se sostiene el régimen del mariscal Abdel Fattah al-Sisi, uno de los más represivos del mundo.

La reciente muerte del expresidente Mohamed Morsi mientras declaraba ante un tribunal ha atraído la atención internacional sobre los abusos en las cárceles egipcias. La familia del político islamista se había quejado repetidamente de que no recibía el tratamiento médico adecuado para sus enfermedades. "Las duras condiciones de internamiento de Morsi u otros presos políticos responden a la voluntad del régimen de enviar un mensaje a los disidentes: «Ten cuidado, que si entráis en prisión, puede que no salguéis con vida»", sostiene Mohamed Zaree, director de la ONG egipcia CIHR, especializada en la defensa de los derechos humanos. "Las celdas están masificadas. Sólo miden seis metros cuadrados y somos al menos siete prisioneros. Muchas no tienen lavabo y son insalubres. En verano el calor es insoportable y apenas nos dan agua", denuncia El-Hossam.

Sus grabaciones de voz siempre llegan a horas intempestivas de la noche, cuando los funcionarios están dormidos. De lo contrario, se arriesgaría a la confiscación de su bien más preciado, el teléfono, una furtiva ventana al mundo exterior que obtuvo tras sobornar a un funcionario de prisiones corrupto.

Descargas eléctricas

Adjunto al módulo de El Hossam en prisión de Tora hay un módulo de máxima seguridad, el más temido de todo el país. Su simple nombre ya asusta: Al-Aqrab (escorpión en árabe). Es en este recinto donde se alojaba Mursi. Al día siguiente de su deceso, unos 130 presos de Al Aqrab se declararon en huelga de hambre para protestar por el inhumano régimen penitenciario al que son sometidos. Según Amnistía Internacional, muchos de ellos han pasado más de dos años entre rejas sin haber podido recibir una sola visita de sus familiares y ni siquiera de su abogado. Las autoridades respondieron con severidad a su desafío. Varios prisioneros fueron castigados por su acción con palizas, descargas eléctricas y otras medidas disciplinarias, como explican en un comunicado que lograron colgar en una red social. El-Hossam, que no quiere publicar ninguna información personal para seguridad, confirma su versión: "Los primeros días, después de declararse en huelga de hambre, los castigaron con torturas muy brutales. Pero no lograron disuadirlos de continuar con su protesta".

A pesar del riesgo que supone comunicarse con un periodista extranjero, quiere dar a conocer el calvario que representan las prisiones de Al Sissi. "Las autoridades egipcias han empujado a muchos detenidos de Al Aqrab a un punto de ruptura ... Al negarles ver a sus familias, las autoridades egipcias están violando de manera flagrante tanto la ley egipcia como la ley internacional, y están mostrando una crueldad despiadada", apunta Magdalena Mughrabi, responsable de Amnistía Internacional para el norte de África y Oriente Medio. Además de negarles las visitas familiares, los reclusos denuncian que se les prohíbe hacer ejercicio y recibir un tratamiento médico adecuado. Además, buena parte de los 130 en huelga de hambre aseguran que fueron sometidos a una desaparición forzosa o detención ilegal, y luego fueron torturados para sacarles confesiones. Varias ONG, tanto nacionales como internacionales, han documentado la práctica habitual de la desaparición forzosa, que permite a las autoridades interrogar a los sospechosos en cárceles secretas donde los abusos son peores que en los recintos penitenciarios ordinarios. A pesar de las numerosas pruebas y los testigos, el gobierno egipcio niega que se practique la tortura en el país de manera sistemática.

60.000 presos políticos

El actual régimen egipcio nació el mes de julio de 2013 gracias a un golpe de estado militar dirigido por el mariscal Al-Sisi. De acuerdo con Human Rights Watch, hasta 60.000 personas podrían haber pasado por la cárcel por motivos políticos en un sistema dictatorial que no deja ningún espacio a la disidencia. Por ejemplo, el simple hecho de llevar una camiseta contra la tortura puede ser un motivo para el arresto, como le ocurrió a Mahmud Hussein, un joven de 17 años. Todos los presos políticos pasan por un auténtico suplicio durante su arresto. Muchos no salen vivos. Según la estimación de la ONG Nadeem Center, 529 personas han muerto en custodia policial desde el 2014, ya sea debido a la tortura o de la privación de tratamiento médico.

Ahora bien, la cifra podría ser muy superior, ya que no incluye las ejecuciones extrajudiciales. Según un reportaje de la agencia Reuters, 460 hombres han muerto en tiroteos sospechosos con las fuerzas de seguridad desde el 2015. A menudo estos hechos llegan después de atentados terroristas, y se saldan sin ningún arresto. Así murieron dos primos el mes de diciembre. "Nos dijeron que los habían puesto en libertad, pero nunca los vimos. Creemos que los llevaron a una prisión secreta. Dos meses después los reconocimos en las fotografías de los cadáveres de una presunta operación antiterrorista", explica un familiar al ARA. Hoy el régimen todavía no ha reconocido oficialmente su muerte, ni ha permitido a la familia ofrecerles un entierro.

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