Trapero anticipa su defensa ante los 'siete magníficos'

Por obra del instructor Pablo Llarena, el mayor se ve obligado a defenderse declarando como testigo

En chats de jueces y magistrados, a los miembros del tribunal del procés se los conoce como Los siete magníficos, una alusión, consciente o no, a aquella película de 1960 en la que un sheriff reúne a un grupo de pistoleros para ayudar a un pequeño pueblo de la frontera con México. Y a las 11:00 horas de este jueves 14 de marzo, Josep Lluís Trapero, a quien el instructor Pablo Llarena resolvió mantener, contra la posición de la magistrada Carmen Lamela y la Fiscalía del Supremo, en la Audiencia Nacional para ser juzgado allí por sedición/rebelión -con una pena solicitada por la Fiscalía de 11 años de prisión-, comparece en calidad de testigo a petición de la acusación popular de Vox y las defensas de Jordi Sánchez, Joaquín Forn y Jordi Cuixart. Ni Fiscalía del Supremo ni Abogacía del Estado lo han pedido.

Trapero, que asistirá con su abogada Olga Tubau, puede negarse a prestar declaración por su posición de acusado-testigo. Pero, ¿desaprovechará la oportunidad de explicar su versión sobre los hechos del 20 de septiembre y 1 de octubre de 2017? Los que le conocen sostienen que va a declarar. Que va, pues, a anticipar su defensa en las condiciones en que le ha colocado Llarena.

Ya ha prestado dos veces declaración Trapero, más bien breves, ante la magistrada Lamela el 6 y el 16 de octubre de 2017. Y en esta segunda, aunque la magistrada envió a prisión a Jordi Sánchez y a Jordi Cuixart, dejó al mayor en libertad sin fianza, sin estimar la petición de 50.000 euros de la Fiscalía.

El coronel Diego Pérez de los Cobos y los atestados de la Guardia Civil -base de la instrucción- señalan a Trapero como la bestia negra o responsable del fracaso del dispositivo policial-judicial para impedir la votación (aunque Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría han asegurado que el referéndum no tuvo lugar). Es el responsable, sostienen, de mantener hasta el final una operación clara y conscientemente diseñada para permitir la votación mediante las malas artes del disimulo.

Según Llarena, los Mossos, con sus 17.000 hombres armados, representaban la amenaza potencial de violencia de la rebelión, del levantamiento en Cataluña. Y Trapero y sus Mossos eran una pieza del puzle del Govern de la Generalitat, el que a través del consejero de Interior, Joaquín Forn, consiguió lo que se habría propuesto. Los Mossos debían hacer “como si” impedían el referéndum, permitiendo, en realidad, su celebración. Por activa o por pasiva, los Mossos de Trapero representan el mal y a los malos.

La sentencia del Supremo será la “madre” de todas las sentencias relacionadas con los hechos del 20 de septiembre y 1 de octubre de 2017, en la Audiencia Nacional, en la Audiencia Provincial de Barcelona (la causa que lleva con casi 50 imputados el juzgado de instrucción número 13) y en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Además de ser dictada por la cúspide de la justicia penal española, la Sala Segunda del Supremo, será también la primera en establecer los hechos probados y consagrar las calificaciones jurídicas y sus penas.

Aunque hubiese sido legalmente pertinente integrar a Trapero, a César Puig, Pere Soler y Teresa Laplana, en el juicio que se está desarrollando y permitir su defensa normal, el tribunal denegó en el trámite de cuestiones previas la acumulación solicitada por la defensa de Forn, y dejó por tanto a Trapero una opción difícil: la de utilizar la silla de testigo para ofrecer, a través de sus respuestas a acusaciones y defensas, su propia versión de los hechos frente a las múltiples existentes.

El comisario Ferrán López, número dos de Trapero en aquellos días de 2017 y jefe de los Mossos desde la aplicación del artículo 155 de la Constitución, ha declarado en calidad de testigo en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo, defendiendo la actuación del cuerpo en aquellas circunstancias. Los comisarios Manuel Castellví y, sobre todo, Emilio Quevedo, junto con informaciones más precisas sobre la relación de los Mossos con la cúpula del Govern -reunión del 28 de septiembre por la tarde en el Palau de la Generalitat- han perfilado un cuadro que puede ahora completar Trapero.

En todo caso, tiene más a ganar que a perder.

La sentencia del 1-O está en marcha. Y al anticipar el ejercicio de su derecho de defensa en condiciones anormales -por mor de capricho y arbitrariedad- puede a través de la inmediación que practiquen los siete magníficos transmitir la dinámica de unos acontecimientos que se suelen presentar en blanco y negro sin la obligada y necesaria gradación de grises.

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