ABANSD’ARA

Maura (1907)

Article de Camba (Villanueva de Arosa, 1882 - Madrid, 1962) a España Nueva (26-VI-1907). L’èxit electoral recent de Solidaritat Catalana havia contrariat Maura. Acudit de Junceda (Barcelona, 1881 - Blanes, 1948) a ¡Cu-Cut! (11-IV-1907). El pintor diu a Maura, aquarel·lista aficionat: “-Senyor Maura, ¿que no envia res a l’exposició de Barcelona? -Ja no pinto res jo a Catalunya”.

Abandoné la tribuna de la Prensa después de presenciar un escándalo absurdo, inopinado y terrible que puso un paréntesis de discordia en la admirable oración del Sr. Maura, destinada, desde el principio, a ensalzar la fraternidad y la buena armonía de todos los representantes de la Nación. “Aunque vosotros queráis ser mis enemigos -decía el jefe del Gobierno [Maura] dirigiéndose a los diputados solidarios [diputats catalans]-, seréis mis colaboradores. Ni Cataluña ni Galicia podrán hacer nada por sí solas. Cualquiera de esas regiones se compone de cuatro provincias, y de ningún modo cuatro provincias pueden oponerse a la voluntad de las cuarenta y cinco restantes. La obra de los solidarios será la obra de las Cortes, y las Cortes son, no ya una entidad armónica, sino un solo ser, cuya suprema y única aspiración consiste en el engrandecimiento de la Patria”. En este punto, el Sr. Maura se acordó de la sensación experimentada por el jefe de los solidarios al atravesar las áridas llanuras de Castilla. El Sr. Maura no es castellano. “En el regazo de mi madre -dijo- aprendí a hablar una lengua [Maura era mallorquí] que no es precisamente la que el Sr. Salmerón cultiva con su arte”. […] Toda la Cámara estaba pendiente de las palabras del Sr. Maura cuando el señor Maura hablaba de Castilla. Se habían abierto los amplios ventanales que dan a la Carrera de San Jerónimo y, mirando por ellos, se veía flotar al aire la bandera española, izada sobre el tejado del Congreso. Una misma emoción, un mismo escalofrío estremecía todos los ánimos. Y, en esto, se vio al Sr. Soriano levantarse sobre su asiento en ademán de decir alguna cosa. ¿Qué dijo? No lo sabe nadie. El Sr. Maura, furioso, se dirigió a Soriano en son agresivo, mientras en los bancos de la mayoría todos los diputados gritaban a coro:

-¡Fuera! ¡Fuera!...

El tumulto duró un par de minutos. Cuando se hizo el silencio, Soriano exclamó:

-Pero si lo que yo he dicho es que las palabras del Sr. Maura me parecían muy bien…

Esta exclamación de Soriano enardeció de nuevo los espíritus:

-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!...

La evocación de las viejas glorias castellanas había producido un efecto maravilloso. Bajo el dominio de la palabra del Sr. Maura, los diputados de la mayoría sentían renacer en sus pechos todo el abolengo heroico de la raza, todo el espíritu de conquista, de hidalguía y de dominio tradicionales. […]

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