ABANSD’ARA

París fue vuestra fiesta

De Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) a El País (7-V-1988). Avui fa mig segle de l’inici a París de la revolta que va sotragar idees i moviments socials. En aquest article de vint anys després, Vázquez remarcava que Europa sempre oblida les causes democràtiques espanyoles. Foto del Maig del 68: pancarta mostrant una solidaritat no corresposta

Quisieron los astros que aquellos días París estuviera lleno de catalanes, exiliados interiores y exteriores, concertados en torno de una semana dedicada a las lamentaciones por una Cataluña sumergida por el franquismo. No tenía la mercancía resistente española o catalana el morbo ni el valor de cambio de otros tiempos, pero aún Europa disponía de una mala conciencia amplia para acoger las causas aplazadas, y la cuestión ibérica, en dura competencia con Vietnam y las guerras africanas, seguía teniendo su sitio en la memoria y el deseo del París democrático. Luego volvieron y cada cual contó la fiesta a su manera, pero siempre como una fiesta del espíritu y del cuerpo. Habían visto los ejercicios gimnásticos de la revolución, un auténtico lujo del espíritu para nuestras hambres de pueblo enfrentado a una entonces llamada contradicción de primer plano: la dictadura fascista. En Francia habían combatido cuerpo a cuerpo contra la contradicción fundamental, el capitalismo y el Estado, su casero, y además habían puesto en evidencia la doble conciencia y la doble moral de la izquierda, revolucionaria de teoría y boca, pero parlamentaria, ya irreversiblemente, de hábito. Entre los relatores de la fiesta hubo algún escéptico, generalmente dedicado a la historia y a la cultura de barrio, que sancionó la peripecia diciendo que había sido una verbena. Pero abundaron más los que convirtieron la anécdota en categoría y con 30 duros de marcusismo, guevarismo y maoísmo trataron de deslumbrarnos a nosotros, los indígenas, más parecidos a Joan Capri que a Daniel Cohn-Bendit, todo hay que decirlo. Se montaron reuniones divulgadoras en iglesias conspirantes y también en precarios pisos de renta limitada de jóvenes matrimonios, más o menos, mejor o peor casados, que durante unos días actuaron como Madame Staëll cuando recibía en sus salones a los profetas del romanticismo. En aquellas reuniones, los Cohn-Bendit locales actuaron por delegación y prefiguraron buenos tiempos para la lírica y la épica, la democracia de base y el espontaneísmo. […] Tenían tan claro que la propiedad privada volvía ser definitivamente un robo que empezaron llevándose los libros de los pisos donde eran recibidos como profetas y continuaron su revolución permanente saqueando Áncora y Delfín y Gonzalo Comella, cada cual en su género. […]

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