ABANSD’ARA

La acción de Cataluña (1907)

De l’article de Miquel dels Sants Oliver (Campanet, Mallorca, 1864 - Barcelona, 1920) a La Vanguardia (5-I-1907), diari que va dirigir des del 1906 fins a la seva mort, esdevinguda el 9 de gener de fa cent anys. Dos mesos després, les candidatures del moviment unitari Solidaritat Catalana van triomfar, per primer cop, en les eleccions a diputats provincials per Barcelona.

Algunos ingenios preclaros, en periódicos de Madrid que siempre se distinguieron por el sentido parcial y exclusivista de su patriotismo y que tienen gran influencia en el centro y sur de España, tratan estos días, con plausible serenidad, de la acción cultural de Cataluña. […] En primer término hay que limpiar, no sólo las palabras sino también los conceptos, de toda jactancia, de todo resabio de énfasis. Si una dirección bastante fija y concreta del pensamiento de Cataluña tiende a intervenir y pesar en todo lo que a la vida española concierne, no es, ciertamente, por un apetito bajo y egoísta […] En segundo lugar, no debe buscarse el origen de aquella tendencia en prejuicios de superioridad. Yo detesto todos los chauvinismos : el grande, el mediano, el pequeño. […]

No es por creerme individuo de una raza superior que aspiro a su influencia decisiva en España. Es en virtud de un ejemplo, de una enseñanza experimental, de un grito de la convicción. Cataluña vive en estado de entusiasmo; tiene fe en la vida y en sus propios destinos. Cataluña es un mentís contra el fenómeno total de la depresión española. Quien habla de decadencia en este sentido, mutila la realidad y segrega mentalmente porciones interesantísimas de pueblos y territorios. […] Lo que acaso no acierten a explicarse debidamente los comentaristas a que antes me referí, es la manera de obrar de semejante espíritu. No ha nacido de la Solidaridad Catalana, antes bien la Solidaridad puede considerarse como una de tantas materializaciones parciales y circunstanciales de aquel principio. Podría romperse, podría fracasar, podría transformarse, podría desaparecer la Solidaridad en sus formas concretas, sin que se interrumpiera por eso la acción espiritual de Cataluña.

Este espíritu no lo han hecho los hombres, no lo ha creado un comité ni un partido, no se ha formado en deliberaciones de una asamblea por acuerdo de la mitad más uno. No ha sido aprobado como se aprueba un reglamento. Es una formación histórica y una emanación espontánea, anterior y superior a esas concreciones que tienden a interpretarla más o menos íntegramente. Y aquí estriba la diferencia esencial que ofrece la opinión en Cataluña: es el alma del país, no una consigna deslizada por cuatro jefes. […] No es una actitud de arrogancia; por razones históricas difíciles de explicar, acaso por no haber distraído su acción social en los devaneos de una política absorbente, Cataluña anda acorde con su época y se siente contemporánea. Ofrece su modesto ejemplo de reconstitución interior, después de su trágica caída de 1714, después de su terrible cautiverio y dispersión de siete años en 1808, después de sus guerras civiles y sus bombardeos en pleno siglo XIX, para dar testimonio de sí con la Exposición Universal de 1888. Esto no debe servir de reconvención, antes viene a destruir el sofisma de que los infortunios y las fatalidades las da la historia y no pueden los hombres contrarrestarlas ni hacerles frente. No; eso no es verdad.