ABANSD’ARA

La destrucción de Guernica

D’Ezequiel Endériz Olaverri (Tudela, 1889 - Curbevoie, França, 1951) a Solidaridad Obrera (29-IV-1937). Avui fa 82 anys del bombardeig franquista contra Gernika perpetrat per avions alemanys i italians. Va matar centenars de persones i va destruir la ciutat. Endériz, periodista i poeta navarrès, col·laborava en el diari anarquista de Barcelona, on va estudiar.

Éramos niños todavía, cuando por primera vez nos llevaron a Guernica. Era esta villa, especie de altar civil de un culto muy arraigado en el espíritu de los vascos: su libertad política. Al llegar a Guernica, sentimos una gran emoción, una emoción que no se nos ha podido borrar nunca.

Allí, ante nuestra vista, estaba la Casa de Juntas, con sus edificios del Archivo, su capilla, sus verdes jardines festoneando el sagrado lugar. Y, sobre todo, centrando y presidiéndolo todo, el Árbol, el famoso Árbol, bajo cuyas sombras se sentaron cientos y cientos de “señores” a dictar la vieja ley -“legi zarra”-, que se sucedió de generación en generación. […] ¡Ya no existe Guernica! ¡Ya se ha tronchado el Árbol majestuoso a cuyo pie se han arrodillado miles, millones de vascos, en el sucederse del tiempo! Unos militares que han creído interpretar a España -nombre de destrucción en la Península y en América-, encargaron a los cómplices de su crimen -alemanes e italianos- que destruyeran este relicario, este santuario civil, exponente bellísimo de que los vascos, antes de crear al Dios de los católicos, ya habían adorado al Dios que sirve las fuerzas de la Naturaleza. Estos asesinos mercenarios, a sueldo de la Traición, han obedecido diestramente y regaron con su metralla la tarde del 26 de abril de 1937 -fecha histórica para la patria vasca-, el pueblo de Guernica, convirtiendo en ruinas todo el templo liberal que allí se levantaba. […] Pero ya no queda ni Casa de Juntas, ni bancos donde se sentaron los legisladores, ni Archivo, ni Árbol, ni villa. Vista Guernica ahora, desde los montes de Arrechavalaga o Ganguren, debe ser una terrible desolación. La muerte cabalga sobre sus lomos, como un grajo monstruoso. Murieron los símbolos, cayeron los altares. El rio Butrón debe de llevar lágrimas y sangre, en vez de agua. Mas esto no puede importar a una raza que tantas veces se ha rehecho, como el compromiso de apresar la victoria final. Caiga o no Guernica bajo la metralla alemana, Guernica existe en el corazón de los vascos, y ocurra lo que ocurra, Euzkadi ha salvado aquello que nadie puede matar: sus inquebrantables propósitos de ser un pueblo libre… La libertad -decía Castelar- es una joya que cuesta muy cara. Exacto. Al pueblo éuscaro esta libertad que ahora ha pretendido disfrutar al amparo de un régimen comprensivo le está costando ríos de sangre, ríos de lágrimas y ríos de sacrificios; pero de todo ese coágulo sanguinolento y ruinoso está haciéndose la futura nacionalidad. Así hicieron estos militares mismos las nacionalidades libres de América. Porque una libertad, está visto que no se puede disfrutar si es regalada. Tiene que estar teñida en sangre y en lodo…

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