La fiesta taurina no es ya de nuestra época

De l’article de Ragué Arias (Barcelona, 1941-2019) a la revista Límites (XII-1975). María José Ragué, escriptora, professora i periodista, va morir avui fa vuit dies. Militant feminista i contracultural, va fer sobretot crítica teatral, i també de toros. El seu interès per àmbits diversos reflectia una formació transversal: filologia, economia, teatre, periodisme.

La fiesta taurina no es ya cosa de nuestra época. La tauromaquia es fruto de otros tiempos más románticos que mitificaron el mito y dignificaron la lucha del hombre con el noble y bravo animal, el toro. Pero el espíritu de esta fiesta acabó en los años 40 y desde entonces está dando sus últimos coletazos. El pensamiento socialista considera justamente las consecuencias antisociales de las celebraciones taurinas. El espíritu humanista condena el riesgo inútil del hombre ante el toro. Los aficionados taurinos que aún mantienen la fiesta son amantes decadentes de la belleza por sí misma y del esteticismo de lo inútil. Lo de nuestros días es el fútbol, el rugby, el “rollerball” del futuro, la violencia y las guerras, todo ello asimismo criticado, condenado y combatido pero tristemente soportado. El mundo de los toros está en crisis. El animal, el toro que hoy vemos en las plazas es la mejor prueba de ello. Si no lo fuera lo serían las figuras jóvenes de nuestro toreo: circenses como el Cordobés o Palomo Linares, valientes atletas sin arte ni dominio como Paquirri o el Niño de la Capea, “voluntariosos” como Galán o Ruiz Miguel, engaños comerciales oportunistas como el de las mujeres toreras. De toda la temporada taurina que ha finalizado no se puede mencionar más que alguna tarde aislada en Jerez o en el Puerto de Santa María… No se puede ni hablar ni de los San Isidro madrileños -excepto una faena de Camino-, ni de los sanfermines, ni de la Feria de Sevilla. Paradójicamente, lo único seguro de las últimas temporadas ha sido la anual corrida goyesca de Ronda cuyo aliciente estriba en ver torear a un auténtico maestro retirado ya hoy de los ruedos: Antonio Ordóñez. Lo demás, lo alentado por una afición decadente y “camp”, aparte de un Paco Camino, gran torero y artista pero de inciertas e incluso lamentables actuaciones, aparte de otros leves atisbos taurinos y de la actuación anual de Ordóñez, son también exponentes de la crisis, mitos del arte y el miedo como Rafael de Paula y Curro Romero que llenan las plazas sin cortar orejas ni hacer faena porque se sabe, y se les ve, que podrían ser si fueran, podrían hacer si hicieran, a veces han hecho y alguna vez como este año en Jerez también han hecho. […] Si Ordóñez ha de ser un último epígono, aunque los pocos románticos y nostálgicos aficionados lo agradezcan, tal vez no valga la pena.

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