ABANSD’ARA

El fin definitivo de los mitos

De Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939 - Bangkok, 2003) a El País (21-XI-1989). Dimarts passat es va commemorar, sobretot a Alemanya, el centenari de l’assassinat de Rosa Luxemburg (Zamosc, Polònia, 1871 - Berlín, 1919). Vázquez Montalbán va publicar aquest article quan els partits comunistes catalans engegaven un congrés d’unitat. Encara no es donava tot per perdut.

La alegría va por barrios. En el de la socialdemocracia blanda, el irresistible proceso de desamurallamiento de los países socialistas se interpreta como una comprobación de que el único camino posible de avance histórico es el del socialismo reformista. En los barrios neoliberales -hay varios- se exige que los comunistas salgan de detrás de sus murallas con el carné en la boca, las manos arriba y los bolsillos abiertos para comprar toda clase de productos. Creo que la alegría más necesaria es la que a estas alturas deberían experimentar los comunistas del mundo entero convencidos de la bondad de su largo, profundo proyecto histórico, porque la caída del muro de Berlín, de confirmarse como metáfora, representaría la reconstrucción de una cultura de progreso y de transformación, sin la sombra tenebrosa del modelo del totalitarismo estalinista y postestalinista. […] Conviene que las formaciones políticas de izquierda originalmente surgidas de la ruptura socialdemócrata de la Primera Guerra Mundial y encasilladas tras la Revolución soviética y la Guerra Fría tengan la cabeza llena y analicen hasta qué punto son históricamente necesarias y cómo podrían ser en el futuro necesarias y eficaces. Ante todo se ha de asumir el papel real reformador desempeñado por los comunistas europeos desde 1945, incluso antes, y reivindicar un patrimonio transformador gradual que hasta ahora se había regalado a la socialdemocracia atlantista. Es preciso retomar el discurso de la socialdemocracia crítica que ya en 1914 votó contra los fondos de guerra, que fue aplastada a culatazos en la persona de Rosa Luxemburg y que a lo largo de los años de totalitarismo estalinista mantuvo distancias contra el despotismo sangriento de un socialismo secuestrado. Hay que recuperar la inocencia socialista, con la que fueron al matadero o al gulag muchos bolcheviques auténticos, acompañados por mencheviques que actuaron solidariamente con la revolución soviética hasta que el Estado monstruo no dejó inocente con cabeza. A esa inocencia original, que proviene de la tradición humanista del movimiento obrero, fuera bakuninista o marxista, hay que sumar la inocencia histórica real de la izquierda que a uno y otro lado de las murallas ha luchado por un socialismo en libertad, expresión más afortunada que la redundante socialismo de rostro humano. […].

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