ABANSD’ARA

La pacotilla italiana

De la crònica de corresponsal a Itàlia publicada tal dia com avui per Josep Pla (Palafrugell, 1897-1981) a La Publicidad (2-VIII-1922). Una setmana després aquell diari va iniciar el seu procés de progressiva catalanització lingüística en la columna diària de Carles Soldevila (Barcelona, 1892-1967), reproduïda en aquesta secció, ‘Abans d’ara’, el 16 d’agost del 2014.

[...]

Es curioso ver como se mezcla en el italiano la pasión con la palabrería. Italia es hoy el país más apasionado del mundo. ¿Hay alguna cosa más profundamente italiana que la lucha entre fascistas y comunistas? Y, sin embargo, los conceptos que se usan en esta lucha no son cosas sino palabras sin jugo, palabras de lápida. Los artículos de periódico, los folletos y libros que mantienen viva esta lucha, que son su soporte, no dicen nada, son pura hojarasca, cuatro tópicos gastadísimos. Y, a pesar de ello, ¡qué enorme cantidad de muertos y de dolor no ha desatado esta palabrería! En un país retórico, la persona capacitada para decir las cosas con inmediatez, con violencia real, se hace rápidamente lugar. Ni Mussolini ni Don Sturzo son italianos retóricos. Mussolini, hablando sobre todo, es capaz de presentar las entrañas vivas de una cosa o de un problema. Su violencia recuerda la violencia enorme de Radek. Don Sturzo no puede ser un retórico, porque es un cura. Los curas inteligentes son, casi siempre, gente apasionadísima y por esto -además de otras causas- el hombre de más pasión de Cataluña, el gran arquitecto señor Gaudí, busca las tertulias clericales, como el pez busca el agua. El cura puede llegar a amanerarse en las cosas de religión, pero en las otras cosas de la vida, conserva una intensidad de pasión, que es raro encontrar en otros estamentos sociales. [...] -Cataluña -me decía, en Génova, José Carner-, es el país latino de más naturalidad. Esto es cierto. Pero Cataluña parece haber vendido su pasión para obtener esa naturalidad. Ha perdido en la venta. En Cataluña no hay pasiones profundas. Los pequeños residuos apasionados son desviaciones. En Cataluña, por ejemplo, la gente es raramente y noblemente orgullosa. En cambio, Cataluña está infestada de vanidosos de baja estofa. Esta falta de pasión explica el éxito de la Lliga y, por otro orden de consideraciones, explica que no tengamos un teatro en catalán. A un catalán actual, dadle traducciones y adaptaciones en todos los órdenes de la vida. Un catalán actual es un hombre sin claro-oscuro, sin pasión. La pacotilla catalana tiene la ventaja de ser poco ridícula. La italiana es más grotesca, pero es más tonificante, es más bizarra, pero es nacionalmente más productiva. Con la pacotilla catalana llegaremos a madrileñizarnos y a creer que lo más grande de la historia fue inventado por los castellanos al inventar la cursilería literaria. Con la pacotilla italiana habremos de contentarnos con las marmóreas declaraciones de amor, pero habremos de resignarnos a admitir que la vida para un italiano actual, es mucho más sugestiva que para un catalán. Nunca Cataluña había sido un país tan triste, tan espiritualmente vacío, como ahora.

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