ABANSD’ARA

Un pintor elegíaco. Modesto Urgell (1919)

De l’article de Manuel Rodríguez Codolá (Barcelona, 1872-1946), a La Vanguardia (24-IV-1919), a propòsit de la mort de Modest Urgell (Barcelona, 1839-1919). El Museu d’Art de Girona presenta fins al 20 de maig Modest Urgell, més enllà de l’horitzó, exposició que Maria Garcia explicava a l’ARA el 18 de gener

Quisieron las circunstancias secundar el deseo de ese artista, manifestado siempre que venía a propósito, de que no quería que la gente se enterara de su muerte, para así en vida quedar en libertad de no ir al entierro de los demás. Háse visto, pues, complacido. El silencio rodeó su cadáver, que fue conducido sin manifestación pública al cementerio durante uno de los días en que la ciudad estaba bajo la inquietud de la huelga general. Atravesó el coche mortuorio calles y paseos, menos, mucho menos concurridos que de costumbre. Y como si todo convergiera a respetar la voluntad del finado, la falta de periódicos coadyuvó a que aun sean muchos quienes ignoren que reposa ya en el camposanto Modesto Urgell. […]

A sus pinturas de paisaje comunicaba Modesto Urgell algo suyo: una tristeza profunda. Nada tan interesante como verle pintar del natural, porque habiendo lo de éste, en nada se parecía a lo que le retuvo la atención. Y lo que es más, quedaba redimido de la vulgaridad, conservando la rustiquez propia del tema. No era un artista de fantasía, aunque en apariencia pueda semejarlo en ocasiones: era un artista sensitivo que evocaba el carácter de los lugares a través de su personalísimo temperamento elegiaco. Porque lo singular del caso es eso: que en sus dibujos y pinturas impresiona, junto con la vaga melancolía, la verdad que creemos encontrar en aquellos parajes de desolación. Esa supuesta verdad nace de que poniendo el artista mucho de sí, no desatendió, sin embargo, el conservar el acento típico del medio ambiente: más aún: de dotarlo de mayor manifestación sensible de la que la realidad mostraba. […] En su estudio, muy capaz, rodeose de innúmeras notas de color bosquejadas durante sus excursiones.

Aquellas tablas de reducido tamaño, despertábanle sensaciones recibidas en el mundo exterior, y bajo esta impresión hacía que surgiera en la superficie de la tela lo que teniendo el punto de partida en la naturaleza revestíase pictóricamente, en tal sazón, del espíritu del artista. De lo que en efecto existía, y que ese ya interpretó a su manera en el apunte, llegábase a una verdadera creación: a algo que textualmente no era dable encontrar en la realidad geográfica, pero que el espectador imaginábase haber contemplado en el natural. De la pléyade de paisajistas salidos del taller de Martí Alsina, de aquel fogoso pintor romántico, en quien aún los espectáculos risueños se dramatizaban, a Vayreda le sedujo la poesía bucólica de los campos olotinos, donde semeja que haya de oírse la música de la flauta pastoril; […] Modesto Urgell fue el pianista elegíaco. Su visión de la naturaleza, parece recosida entre rumores apagados, en el ambiente de la vida extinta, en las tierras estériles, entre las casucas sigilosas, en las llanadas que la muerte trueca en lugar de olvido… […]