ABANSD’ARA

Entre la vida y la muerte

De l’article de l’artista Josep Renau (València, 1907 - Berlín, 1982) a La Vanguardia (16-II-1938). Fins al 13 d’octubre hi ha oberta al Born una exposició sobre aquest cartellista, pintor i militant comunista. Va ser director general de Belles Arts del 1936 al 1939, any en què es va exiliar a Mèxic, primer, i a l’Alemanya de l’Est, després. Foto: Fundación Josep Renau.

[…]

Desde los antiguos tiempos en que el mármol, la línea y los colores nos transmiten la voluntad heroica del hombre como motor de la Historia de su tiempo, ya no aparecen más que con destellos muy tardíos e intermitentes, el entusiasmo, la alegría y la fuerza como valores de expresión artística del mundo. En la historia más pobre cada vez […] aparece también el hombre, en la intuición más inmediata de su silueta histórica, como más pobre cada vez, más vencido bajo el peso de su propia victoria. El hombre va naufragando en sus valores más primarios hasta convertirse en un ser miserable […]. Evidentemente, el hombre de Cezanne que juega a las cartas, los arlequines estereotipados y sentimentales de Carrá y de Picasso, e incluso las figuras apasionadas de Delacroix, son indudablemente más humanas que los Aquiles y Ulises de Homero. El hombre antiguo, a través de la historia de su representación plástica, aparece como dueño de su propio destino, manejando con soltura los poderes vitales que le concedía una divinidad, espectro y luz de su voluntad heroica. El margen de desconocimiento, la ausencia de ciencia se cubría imponderablemente por el estilo entusiasta de creaciones imaginativas que le servían de base e instrumento. […] Pero los grafismos insignificantes de las catacumbas inician ya la gran conquista sobre la descomposición del mundo antiguo. El hombre se encuentra a sí mismo y sobre la condición de su propia conciencia anímica el individuo inicia una nueva auto-representación desarrollándose la acción humana, en su integridad vital, bajo una primacía absoluta del espíritu ideal. Pero este proceso de humanización lleva en su entraña síntomas agudos de descomposición. El círculo de acción y la propia significación del hombre, van angostándose en cada nueva conquista interior, en cada nueva etapa de consciencia subjetiva, hasta quedar resumido en la pobreza densa en humanidad de una esquina, de un tugurio, de un hogar miserable. Es el triunfo de la burguesía, y luego, el envenenamiento capitalista de sus conquistas humanas lo que precipita este proceso. Es el hombre quien se afirma en su personalidad, en su individualidad; y en la medida en que encuentra su conciencia, va sintiéndose aplastado por el peso de un mecanismo exterior de intereses materiales que determinan la división de las condiciones de su convivencia social en clases antagónicas y el dominio implacable de la más poderosa. El concepto de humanidad se desplaza entonces, deja de ser dominativo universal; es la clase de los oprimidos quien exclusiviza su sentido activo organizando la lucha por la continuidad histórica de la vida y de la cultura.

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