ABANSD’ARA
Opinió 05/03/2021

Para el viejo funicular del Tibidabo, sonó la hora del relevo (1958)

MANUEL AMAT 1958
2 min
Para el viejo funicular del Tibidabo, sonó la hora del relevo (1958)

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsDel reportatge de Manuel Amat (Vilanova i la Geltrú, 1909 - Barcelona, 1985) aDestino (1-II-1958). Enguany s’escau el 120è aniversari de la inauguració del funicular del Tibidabo, iniciativa pionera a la península Ibèrica basada en un model de transport que ja s’havia consolidat a Suïssa. De fet, va ser la primera atracció instal·lada a la muntanya de Collserola.

Los años no perdonan a nadie, ni siquiera a los funiculares. El venerable funicular del Tibidabo ha sido jubilado definitivamente para dar paso a otro, de líneas modernas, de mayores dimensiones, más cómodo, capaz de duplicar la velocidad que desde su inauguración venia prestando. Una triste noticia. -¿Por qué lo retiran? -hemos preguntado. -Porque se ha hecho viejo -ha sido la respuesta. […] ¿Cuándo fue inaugurado? En 1901 se terminó la construcción de la Avenida del Tibidabo, principal vía de urbanización. Y el 29 de octubre del mismo año inaugurábase el servicio público de funicular del Tibidabo, procediendo el cardenal Casañas a la bendición de las instalaciones. […] El día rigurosamente frío deslució la asistencia de público, que fue menos nutrida de lo previsto en parecidas circunstancias. El Diario del Comercio. Mercantil, industrial, agrícola y de avisos, contaba dos días después a sus lectores: “El Ferrocarril funicular constituye una sola alineación que parte de la cota de 230 metros y termina en la estación superior, cuya altitud es de 514 metros. La pendiente de la línea es de cerca de 26 metros por 100. El recorrido se hace en unos 8 minutos, sirviéndose de un carruaje ascendente y otro descendente, cada uno de los cuáles puede transportar 80 personas. Los carruajes del ferrocarril funicular están provistos de los frenos necesarios para ser detenidos automáticamente o a voluntad en cualquier punto de la vía, de modo que la explotación se hace con todas las seguridades imaginables.” El cardenal Casañas y el obispo de Solsona subieron en funicular y regresaron a la ciudad en coche de caballos. La brisa glacial estuvo azotando el carruaje de forma despiadada y el Cardenal y el Obispo llegaron al llano literalmente helados. El obispo de Solsona pilló un resfriado de pronóstico, según noticias. Veamos como informó el Diario de Barcelona en su edición del día 30 de octubre a su adicta masa lectora: “Al detenerse el vagón la banda municipal tocó la marcha Real y desde la meseta de la estación se dispararon cohetes, y el público se descubrió respetuosamente abriendo paso al cardenal Casañas y a sus acompañantes. […] El espectáculo en aquellos momentos resultaba imponente. Junto al clero, formando contraste con las sagradas vestiduras, y a los pies en el fondo la incomparable grandiosidad del panorama”. El cronista, que seguramente estaba tiritando de frío en el desmantelado Tibidabo de hace medio siglo sigue informándonos con hondo sentido de la veracidad: “Al terminar la plática el cardenal Casañas, el clero de la Bonanova entonó el Te Deum, dándose por terminado el acto. Entonces se originó la misma confusión que a la ida. Atestado de gente el vagón permaneció largo rato en la estación de la cumbre. Y como aquél es abierto y en los grandes ventanales del edificio no hay cristales, penetraba un viento glacial que helaba a los invitados. […]”.

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