El 'revisionismo' de los procesados

Algunos dirigentes en prisión hacen autocrítica sobre sus declaraciones previas ante Llarena

Varios dirigentes independentistas presos han transmitido a sus visitantes en las últimas semanas una cierta autocrítica respecto a las  declaraciones que han prestado durante el proceso de instrucción. El malestar procede de lo que se define como el cambio de las reglas de juego por parte del magistrado instructor Pablo Llarena desde aquella primera comparecencia del 9 de noviembre de 2017 de los miembros de la Mesa del Parlament hasta el auto de procesamiento del pasado 23 de marzo.

El centro de esa valoración crítica no ha sido tanto el tono conciliador y respetuoso con el orden constitucional y el abandono de la vía unilateral, atendiendo a las recomendaciones de sus letrados y a determinados mensajes que le llegaban desde ámbitos políticos sobre lo que convenía declarar, sino en el mayor énfasis que debían haber puesto en su condición de independentistas y en la persecución política a la que se veían sometidos.

Esta situación,  que ARA ha podido detectar la semana pasada, ha aflorado precisamente con ocasión de las declaraciones indagatorias ante el magistrado instructor, Pablo Llarena, en la sesión de ayer.

Quien mejor reflejó ese, por así decir, “revisionismo”, fue Jordi Sánchez. Al terminar una serie de preguntas que le formuló, su letrado Jordi Pina inquirió si quería añadir algo. Sánchez tenía un pequeño papel que contenía algunos de los puntos que quería destacar.

Explicó durante unos diez minutos, en tono respetuoso, pero duro en el fondo, ante el rostro impasible del magistrado instructor, que se había leído una a una todas sus resoluciones y que se sentía indefenso porque ignoraba cuál era la actitud que debía adoptar para cambiar su situación de prisión.

Apuntó que es independentista y que había acudido a las elecciones del 21 de diciembre de 2017 con el programa de un partido, Junts per Catalunya, sobre el cual ningún juez ni fiscal han planteado impugnación ante la junta electoral.

Y enfatizó que por su adscripción a dicho partido y sus ideas el magistrado Llarena había consagrado su predisposición psicológica  a delinquir; por tanto, según el magistrado, existía el riesgo de reiteración delictiva.

Y en este contexto, la indefensión consistía en que ya nada podía hacer aunque piensa que la independencia de Cataluña solo podía resultar del diálogo con el Estado. Dijo también que Cataluña no es Corea del Norte.

Cuando puso fin a su alocución, Llarena apuntó que si tenía, en efecto, esas objeciones, sus letrados ya sabían qué hacer, recurrir a la Sala de Recursos de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Jordi Cuixart, muy breve, también reflejó el malestar con el instructor a través de la lectura de un texto, donde hizo alusión a Naciones Unidas.

Este martes declararán Joaquím Forn, Raül Romeva y Josep Rull. Forn, precisamente, según fuentes consultadas por ARA, también se cuenta entre los `revisionistas”, habida cuenta de que llegó a a prometer al magistrado de que renunciaría a su escaño si no se veía con capacidad desde prisión para influir en un curso de respeto al orden constitucional, cosa que hizo.

Forn, además, estrena letrado en Xavier Melero, ya que los letrados Cristóbal Martell y Daniel Pérez-Esqué han decidido abandonar la defensa.

 

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