ABANS D’ARA

La patria nueva

De Maragall (Barcelona, 1860-1911) a Diario de Barcelona (11-IX-1902). Va ser processat per aquest text contra una Espanya que no canvia.

Para que el catalanismo se convirtiera en franco y redentor españolismo sería menester que la política general española se orientara en el sentido del espíritu moderno que ha informado la vida actual, no sólo de Cataluña, sino también de algunas otras regiones españolas progresivas. Mientras todas ellas continúen gobernadas por el viejo espíritu de la España muerta; mientras decir política española equivalga a decir absorción, fraseología y administración contra el contribuyente entregada por el favor a tantos altaneros mendigos (por no decir cosa peor) de levita, es imposible que ninguna región civilizada de esta España sea sincera y eficazmente españolista. Pero cabalmente estas regiones -se objeta- son las que deben transformarla […] El viejo espíritu central representativo de la gran masa de la España muerta, caduco y todo, vacío, momificado, tiene todavía una superioridad, si no suficiente ya para hacer política alguna positiva, bastante aún para neutralizar, para destruir, o, lo que es peor, para corromper toda iniciativa salida de aquellas pequeñas porciones de España que, al trabajar en su desarrollo económico y social, han abandonado, por descuido o por inercia, la función política en manos que han resultado ajenas. Aquí hay algo vivo gobernado por algo muerto, porque lo muerto pesa más que lo vivo y va arrastrándolo en su caída a la tumba. Y siendo ésta la España actual, ¿quién puede ser españolista de esta España, los vivos o los muertos? […] El hueco anatema resuena grandiosamente por los ámbitos de la vasta necrópolis nacional, ahogando el grito de vida aislado en la pequeña región de los vivos que no saben gritar: -Zona neutral… -¡Separatismo! -Concierto económico- ¡Separatismo! -Organismos autónomos -¡Separatismo!…-¿Cómo podemos ser españolistas de esta España? […] -Sois cuatro inocentes, cuatro locos, cuatro criminales de lesa patria -nos contestarán incoherentemente-; pero ¡ay! de vosotros; porque nosotros somos los ministros, nosotros los consejeros, nosotros los generales, nosotros los jueces, los directores, los hábiles, los oradores, los cimientos y puntales, en fin, de la vieja patria española. A lo cual contestaremos riendo: -Pues nosotros somos los que hacen patrias nuevas.

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