El juicio de los atentados del 17-A sin Trapero

El juez pone el color a un proceso donde los Mossos y el mayor no buscan reivindicarse

Es difícil no pensar en Josep Lluís Trapero cuando en la sede de la Audiencia Nacional de San Fernando de Henares que tantos días pisó arranca el juicio por los atentados del 17 de agosto del 2017 en Barcelona y Cambrils. Después de su absolución reciente en el juicio por el referéndum del 1-O, no parece disparatado preguntarse si en lugar de haberse sentado en el banquillo de los acusados por los hechos del Procés, el mayor de los Mossos d'Esquadra no tendría que estar citado como testigo para hablar de la célula terrorista que conmocionó Catalunya hace tres años. Algunas de las acusaciones lo descartaron por su situación procesal, "por respeto", según fuentes consultadas. La imagen del fiscal Miguel Ángel Carballo utilizando como principal prueba de cargo contra los presuntos yihadistas a quienes hace solo unos meses quería condenar por sedición habría sido endemoniada.

En ruedas de prensa y camisetas, el mayor fue durante aquellos días de agosto la cara visible de la policía catalana. El cuerpo dio un paso adelante con el objetivo de transmitir un mensaje de confianza a la ciudadanía, y desarticuló el grupo de atacantes "neutralizándolos" (matándolos), no sin algunas críticas. El "Bueno, pues molt bé, pues adiós" acabó elevando a Trapero y a los Mossos al exponente máximo de protagonismo, a diferencia de lo que ahora se reflejará en el juicio de aquellos hechos. No es solo Trapero quien no está citado a comparecer: no declarará ningún miembro de la cúpula. Y los que lo hacen ocultan su rostro, tal como se ha podido comprobar este martes con la comparecencia del inspector 1395, instructor de los atestados de la investigación del 17-A.

No hay ánimo de "reivindicación" del papel del cuerpo aquellos días, reconoce al ARA el comisario en jefe, Eduard Sallent. Tal como hizo durante el juicio de Trapero, Sallent se ha desplazado a la Audiencia Nacional para "acompañar" a los primeros testigos que comparecen, el mencionado inspector y el subinspector 8261, que estaba citado para esta sesión pero declarará mañana. Sallent apunta que incluso él habría podido participar, porque en el momento de los hechos era subcomisario general de información. Fuentes del ministerio público y de la Abogacía del Estado coinciden, sin embargo, que lo más relevante para la causa es la presencia de los investigadores. 

Los teóricos protagonistas

A pesar de que el escenario y algunas caras en las sillas del público coinciden con las del juicio a Trapero, los verdaderos protagonistas son otros. Resulta impactante intercambiar miradas con los tres presuntos terroristas acusados, cerrados en un cubículo de vidrio insonorizado donde pueden seguir la sesión sin manillas ni vigilancia. Cada vez que salen ya vuelven a estar bajo custodia policial. Driss Oukabir, cuyo rostro, más joven, circuló entre los medios de comunicación tras su detención, presenta un aspecto cansado. Le destacan las bolsas bajo los ojos y se nota que es más mayor –31 años– que los supuestos compañeros de célula para quien presuntamente alquiló la furgoneta de la Rambla.

Los terroristas del 17-A: "Con vuestro dinero nos preparamos para mataros"

grabación en la cual se ve los terroristas preparando los explosivos, asegura que en realidad fingía connivencia con los miembros de la célula: "Podrían haberme matado en cualquier momento", dice.

Al izquierdo del espacio reservado para los acusados, Saïd bien Iazza es el que se encuentra más alejado de la posición del tribunal, y para no tener la cabeza inclinada mira constantemente la retransmisión televisiva del juicio a través de una pantalla que tiene en línea recta. Tiene delante el público, a quien observa aleatoriamente, y llega a tocar –a pesar de que desde el otro lado del vidrio– a una funcionaria policial que se mantiene impertérrita. No es hasta la declaración del primer testigo que se puede ver a los acusados intercambiando impresiones, especialmente a instancias de Oukabir.

Un juez "impertinente"

Como queda demostrado desde el principio, sin embargo, la salsa del juicio no la aportarán los acusados sino el juez. Nada más empezar se las tiene con el abogado de Oukabir, que amenaza con marchar si no se le cambia de lugar –estaba justo detrás de la Fiscalía –. "¡No abandona la sala!", le suelta el juez. A continuación, pasa directamente a los interrogatorios de los acusados, haciendo caso omiso a las cuestiones previas de los letrados. "¡No tiene la palabra nadie!", clama ante las múltiples protestas.

Alfonso Guevara es bajo y jorobado y por la posición que adopta, con la cabeza apoyada en el respaldo, parece que esté estirado a la silla. Tiene tendencia a cerrar los ojos cuando tiene que proferir expresiones cortantes – suelta bastantes– a las diferentes personas que intervienen, que son muchas. "¡Impertinente!" es la palabra que más utilizará para señalar un comentario inadecuado, en un tono autoritario que en comparación deja los "Vamos a ver" de Manuel Marchena durante el juicio del Procés en una simpática invitación a formular otra pregunta. "Es un testigo, no un adivino", afirma en un momento dado Guevara. 

Algunos asistentes en el público no pueden evitar reír detrás la mascarilla con las salidas de tono del magistrado, incluyendo la repentina manera de dar por cerrada la primera sesión de un juicio descafeinado: sin los autores materiales de los atentados, sin altos cargos del Estado y sin Trapero.

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