ARTS ESCÈNIQUES

Estreno y despedida el mismo día: la última noche de función en el TNC

‘La dona trencada’ se representa justo antes de cerrar los teatros

Todos los estrenos son especiales, pero el del jueves en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) lo fue algo más que el resto. El cierre de los teatros, cines y salas de conciertos anunciado por la Generalitat, que entra en vigor a partir de este viernes, convirtió la función de La dona trencada en un acto de convicción y resistencia por parte de artistas y espectadores. La obra de teatro se representaba con público por primera vez, y también por última: las tres funciones previstas para el fin de semana se han tenido que cancelar. El clamor de que la cultura es segura se ha ido repitiendo como un mantra desde el inicio de la pandemia, y llenar la Sala Tallers -con los aforos establecidos, las mascarillas omnipresentes y a las 7 de la tarde- fue una manera de demostrarlo.

“Aprovechamos ahora que nos dejan, porque esto se acaba”, le decía un espectador a otro, antes de que se levantara el telón del TNC por última vez en los próximos 15 días. Marta Almirall y Anna Faura, público habitual en los teatros, también asistieron al estreno con ganas de exprimir la experiencia teatral hasta el último momento. “Desde que nos han dejado volver he ido al teatro prácticamente cada día. Me sabe mal que cierren”, lamentaba Almirall, y Faura añadía: “No tiene ningún sentido. Si la cultura es un bien esencial, tendría que seguir abierta”. Las dos subrayaban que en ningún momento habían temido contagiarse en los teatros. “Todo el mundo es muy responsable, son lugares seguros. Ves que se han hecho esfuerzos muy grandes para adaptarse”, destacó Almirall.

“Una locura sin control”

La función de La dona trencada, dirigida por Francesca Piñón y protagonizada por Lluïsa Mallol, osciló entre la alegría propia de los estrenos y la tristeza ante el desierto cultural que se espera para las próximas semanas. “Es esquizofrénico, una locura, porque no podemos controlar la situación”, afirmaba la productora de Dagoll Dagom, Anna Rosa Cisquella, que ha tenido que lidiar con la suspensión de las funciones de T’estimo si he begut y el cierre del Teatre Poliorama. “Espero que quien tome las decisiones sea consciente de lo que hace, porque se está destruyendo un tejido cultural que ha costado mucho construir”, añadía Cisquella. Un poco más allá, la actriz Mercè Sampietro explicaba que ella se ha quedado a media gira de La dona del 600, que tenía que representarse los próximos días en Girona, Vic e Igualada. “Es una situación muy terrible, espantosa. El teatro es muy necesario para todos”, reivindicó la actriz. De hecho, la sensación de lucha y de supervivencia sobrevoló algunas conversaciones de después del estreno, a pesar de que el público se fue rápidamente a la salida del teatro para evitar aglomeraciones.

“Hemos venido a la desesperada, porque esto ha sido salir de debajo del agua durante unos momentos para volver a ahogarnos otra vez”, decía la presidenta de la Academia del Cine, Isona Passola, mientras esperaba para saludar a las artistas. Preocupada por la situación de la cultura en general y en especial por los cines, Passola compartió su inquietud con la programadora de Luz de Gas, Gemma Recoder, que lleva ocho meses con la sala cerrada.

Y desde la distancia, el director del TNC, Xavier Albertí, lo presenciaba intentando no perder la esperanza. “Es un estreno y lo vivimos como tal: significa la culminación de un proceso de trabajo larguísimo”, decía Albertí, que recordó que con el confinamiento de marzo algunos espectáculos se quedaron sin poder estrenar. “No recibimos las nuevas medidas con felicidad, aunque no digan que el teatro no es seguro, sino que hay que reducir la movilidad -explicó Albertí-. Nosotros seguiremos trabajando y ensayando, y esperamos volver a levantar el telón pronto”.

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