La cultura, airada ante el cierre total durante 15 días

La Generalitat clausura teatros, cines y conciertos y limita las bibliotecas al préstamo por el covid-19

Estupefacción e indignación en el sector cultural  ante las medidas anunciadas este jueves por la Generalitat para frenar el coronavirus. Las restricciones obligan a suspender todas las actividades de artes escénicas y musicales en recintos tanto al aire libre como en interiores. También tendrán que cerrar los cines, y las bibliotecas solo podrán abrir para servicios de préstamo. Los archivos, museos, salas de exposiciones, galerías de arte y centros de creación de artes visuales podrán abrir, pero con un aforo limitado al 33%. Solo se salvan de las restricciones las librerías, que podrán ejercer la actividad con normalidad como el resto de establecimientos comerciales –excepto centros comerciales–. El cierre cultural se aplicará por un periodo de 15 días, de momento.

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Las nuevas restricciones afectan festivales como el Temporada Alta, el RBLS, el Ciutat Flamenco, el Barcelona Jazz Festival, el In-Edit, el Festival de Jazz de Terrassa, Sala BCN, el Mosto –que se aplaza hasta junio de 2021– y el Festival Acróbatas de l'Hospitalet de Llobregat. También tienen un impacto directo sobre todos los teatros, las salas con conciertos programados y los cines. El vicepresidente con funciones de presidente, Pere Aragonès, ha anunciado que las medidas irán ligadas a una "movilización inmediata de los recursos necesarios para proteger los sectores económicos con la actividad limitada" y ha subrayado que "la parada social es imprescindible para frenar la pandemia".

El anuncio de las nuevas restricciones ha airado a los trabajadores de teatros, festivales, salas de conciertos y cines, que reivindican que sus actividades son seguras. Las críticas apelan a la declaración de la cultura como bien esencial aprobada a finales de septiembre y que, según dijo la Generalitat hace un mes, tiene que servir para "preservar la cultura ante nuevas restricciones". Sobre esta cuestión, Aragonès ha dicho que "el Gobierno está plenamente comprometido con la cultura" y que "hasta que no ha sido necesario no se han adoptado medidas". "Sabemos que es un paréntesis necesario no por los riesgos de la propia actividad sino por la concentración de gente", ha añadido Aragonès. 

"El entierro de la cultura"

"Entendemos que los espacios públicos de concurrencia se tienen que cerrar, porque el coronavirus está desbocado, pero la situación es francamente mala", dice la presidenta de la Associació d'Empreses de Teatre de Catalunya (Adetca), Isabel Vidal. Todas las salas de teatro de Barcelona –excepto el Coliseum, que estaba a punto de estrenar– estaban funcionando y tenían programación para todo noviembre. Vidal subraya que en noviembre del año pasado los teatros privados de Barcelona facturaron siete millones de euros. "Si cerramos, perdemos esto. Somos una actividad que no ha traído más crisis a la pandemia y seguimos pensando que somos parte de la solución. Confiamos que las medidas sirvan de algo y sean sólo por 15 días porque si no, es el entierro de la cultura", añade la presidenta de Adetca.

"Ahora lo que es esencial es que la gente de la profesión pueda continuar trabajando y cobrando", dice el director del Temporada Alta, Salvador Sunyer. "Mantenemos el festival, intentaremos hacer el máximo de cosas en streaming. Espectáculos como el de El Pot Petit y el de Mos Maiorum intentaremos hacerlos en digital. Y otros como Prostitución los pasaremos a diciembre, a las fechas finales del festival", añade Sunyer, que recoge las nuevas medidas con resignación y dice que "no gustan a nadie, pero es lo que toca". Igual que el Temporada Alta, el Auditori de Barcelona también intentará mantener la programación a través de su plataforma digital. 

El Festival de Jazz de Barcelona ha tenido que suspender o reprogramar ocho conciertos y está a la espera de poder seguir con las actuaciones a partir del 13 de noviembre. "Se ha demostrado que los rebrotes en actividades culturales son prácticamente cero. Ir a un concierto no es estar en un restaurante hablando y comiendo", dice el director del Festival de Jazz y cofundador de The Project, Tito Ramoneda. El cierre también impedirá el estreno de El mètode Gronholm en el Teatre Poliorama, previsto para el 5 de noviembre. El director de Anexa -la productora del espectáculo-, Toni Albadalejo, ha recibido las restricciones "con tristeza e indignación mayúscula". Lo peor, dice, es la incertidumbre y el hecho de no saber si podrán actuar de aquí a 15 días. "Nos gustaría que el cierre pudiera tener una fecha fija, porque las funciones que no hacemos ahora estarán perdidas", dice Albadalejo.

Parte del sector se opone frontalmente a las restricciones culturales y, para mostrar su rechazo, este jueves a las siete de la tarde se ha convocado una manifestación ante la consejería de Cultura. "Basta de despreciar la cultura y de aplicar medidas que tendrán incidencias mínimas perjudicando los sectores más débiles", dice El Maldà en un comunicado. "¡Basta medidas inútiles! ¡Basta de marearnos! ¡Basta de maltratarnos!", piden los responsables de los Cines Girona de Barcelona. A través de Twitter, actores, músicos y trabajadores de la cultura han reclamado a la Generalitat que no les obliguen a cerrar. 

El presidente del Gremio de Cines, Camilo Tarrazón, cree que la decisión "es un desastre" porque "compromete todos los esfuerzos de programación que estaban hechos" y los estrenos previstos. A la vez, dice que "si no hay más remedio" habrá que "acatar el cierre". Tarrazón ha pedido al Gobierno que se haga realidad "lo más rápido posible" la partida cultural de 17,2 millones de euros anunciada porque "el sector cultural está lidiando con situaciones muy complicadas, de extrema necesidad y los perjuicios se van acumulando".

"Un agravio comparativo" en las salas de conciertos

A diferencia de los teatros y los cines, la mayoría de salas de conciertos hace ocho meses que están cerradas, de forma que las nuevas restricciones no les afectan directamente. Sin embargo, la gerente de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya (ASACC), Carme Zapata, critica que el cierre cultural genera un "agravio comparativo". En declaraciones a la ACN, Zapata dice que "el impacto es prácticamente nulo porque las salas ya estaban cerradas" y lamenta que se los "ningunee absolutamente". 

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