'Sorpasso' de Lleida y el área metropolitana de Barcelona en el liderazgo económico de Catalunya

Poniente sustituyó al eje de la costa como impulsor de la economía catalana en 2019

Lleida y el área metropolitana de Barcelona fueron los polos de máximo crecimiento económico en Catalunya en 2019. Gracias a la buena marcha del sector servicios, estas dos regiones desplazaron el que hasta el año pasado acostumbraba a ser el principal motor impulsor de la economía catalana: las comarcas costeras y del prelitoral entre el Gironès y el Baix Camp, siguiendo el llamado "eje de la AP-7", según Josep Oliver, catedrático emérito de economía de la UAB y autor del Anuario económico comarcal 2020, editado por el BBVA. 

El estudio destaca que las comarcas de la plana de Lleida son las que más crecieron en valor absoluto agregado (VAB) –un indicador similar al producto interior bruto que mide el nivel de actividad económico de un territorio–, concretamente un 2,6% en comparación con el año anterior. El Segrià y el Pla d'Urgell son las comarcas con más crecimiento de la economía el 2019, con un 3,4% y un 3% respecto al año anterior, solo igualadas por el Baix Llobregat, también con un 3%.

En este sentido, el área metropolitana de Barcelona fue el otro motor de crecimiento (la economía creció un 2,3%), gracias, además del Baix Llobregat, a la fortaleza del Barcelonès, que creció un 2,8% y acumula el grueso de la población de la región. 

Así pues, cuatro comarcas en los alrededores de las ciudades de Lleida y Barcelona fueron las principales impulsoras de la economía catalana el año pasado. Según Oliver, esto representa un cambio respecto a las últimas décadas. Entre el 2000 y el 2007, el crecimiento de la economía se concentró a la mitad occidental del país, es decir, a las demarcaciones de Lleida y Tarragona. En cambio, a partir de la crisis y durante los años de recuperación hasta el 2018, el impulso de la actividad económica se había generado principalmente a las zonas litorales y prelitorales del centro del país, en un eje entre el Camp de Tarragona, el área metropolitana y el sur de la demarcación de Girona, con alguna ramificación hacia comarcas como Osona o el Bages.

En 2019, otras partes del país tuvieron un crecimiento más desigual. El Camp de Tarragona y las comarcas gerundenses aumentaron su VAB un 1,5% y un 1,1%, respectivamente, mientras que la Catalunya Central y las Terres de l'Ebre lo hicieron un 1% y un 1,3%. El Alt Pirineu fue la región que menos creció, con un 0,5%, muy por debajo del 2,1% de media de Catalunya.

La industria sufre

Uno de los grandes cambios registrados el 2019 respecto a los años anteriores fue que la industria cerró el año con un crecimiento negativo (-0,3% del PIB), después de años de fuertes incrementos. Esto explica que algunas de las comarcas que más habían estirado del carro de la economía catalana en la última década sufrieran también un frenazo de la actividad. 

Oliver, pero, destaca que la industria se puede dividir en dos elementos: por un lado, la industria energética, que creció un 3,1% y está concentrada en el Pirineo (con las centrales hidroeléctricas) y en el Ebro (también con centrales, además de la nuclear de Ascó); de la otra, la industria manufacturera más tradicional, que pinchó un 0,9% por culpa de varios factores.

El primero es una moderación de la demanda interna en Catalunya. Tanto el consumo de las familias como la inversión de las empresas creció a un ritmo inferior comparado con otros años, un hecho compensado solo parcialmente por el incremento del gasto público. Además, la fuerte capacidad exportadora que caracteriza la industria catalana sufrió por la ralentización durante todo el 2019 de los mercados internacionales, en especial en sectores como el automóvil –en crisis a nivel mundial desde hace años– o la alimentación.

A pesar del frenazo industrial, Oliver califica de "muy buena noticia" que Catalunya fuera capaz de aumentar las exportaciones a un ritmo similar al del crecimiento del global de la economía. En 2019 las empresas catalanas vendieron al extranjero bienes por un valor agregado de 73.900 millones de euros, 2.700 millones más que en 2018. Así, durante ocho años seguidos las exportaciones han representado más de un 29% del PIB catalán, una cifra nunca antes lograda.

"Terciarización" de la economía

Otro de los aspectos destacados del informe es que el sector terciario, es decir, el de los servicios, continúa la tendencia a ganar peso en el conjunto de la economía catalana. De hecho, Oliver destaca que la potencia mostrada en 2019 por Barcelona y Lleida se debe justamente al hecho de que en estas zonas los servicios hayan crecido más que en el resto del país.

A pesar de esto, el catedrático cree que, en este sector, las comarcas del área metropolitana de Barcelona, Girona y el Campo de Tarragona tienen "un punto fuerte muy potente" respecto al resto del país, puesto que las empresas de servicios están más orientadas a "apoyar a empresas". Además, el turismo extranjero –mucho más concentrado en la costa– creció, mientras que el nacional cayó en 2019. Ahora bien, de cara al 2020 este elemento se podría girar en contra por las restricciones del covid-19, puesto que estas comarcas son las que "tienen más números de sufrir una caída superior" de la actividad, ya sea porque la llegada de visitantes extranjeros se ha desplomado o porque la actividad económica y las exportaciones también se verán afectadas por la epidemia, comenta Oliver.

En este sentido, el comercio está siendo uno de los sectores más afectados por el coronavirus, pero ya estaba en una situación más complicada desde antes del estallido de la pandemia. "Es un proceso de fondo, el comercio ya no crecía tanto", dice Oliver. El economista afirma que, debido al incremento del comercio online, el tradicional está sufriendo más y una parte de la ocupación que generaba ahora "se ha trasladado hacia el sector logístico y de transportes", para hacer frente a esta subida de las ventas por internet. 

En cuanto al sector primario, la agricultura y, sobre todo, el ganadero, sufrieron una fuerte crisis en 2019, cosa que afectó comarcas como las Garrigues, la Terra Alta o el Berguedà, donde este sector tiene un peso más grande. La construcción, por su parte, se mantuvo en aumento (un 4,5%), pero sigue a niveles muy inferiores a los de antes de la crisis, con la burbuja inmobiliaria.

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