PANDÈMIA

El Reino Unido supera los mil muertos por covid en las últimas 24 horas

Los contagios siguen también al alza y Johnson ya habla de confinamiento hasta Semana Santa

Contagios disparados y sin freno y cifras de muertes dramáticas, hasta ahora nunca contabilizadas con la excepción de dos días en abril. Este es el paisaje del 6 de enero de 2021 en el Reino Unido. El lunes por la noche el primer ministro británico, Boris Johnson, anunció el tercer confinamiento de Inglaterra, después de que horas antes lo hiciera Escocia, y siguiendo unas medidas parecidas a las que ya se habían tomado en Gales e lrlanda del Norte inmediatamente después de Navidad y San Esteban. Entonces, mientras se dirigía a los conciudadanos desde Downing Street a través de las cámaras de televisión, Johnson afirmó que el país estaba ante lo que serían momentos "muy y muy duros". Debe de ser la única previsión exacta del premier desde el inicio de la crisis sanitaria. 

En las últimas 24 horas el país ha sumado 1.041 muertes y 62.322 contagios, el dato más alto hasta ahora, lo cual hace situar los nuevos casos en 403.914 en los últimos siete días. Además, el número de pacientes en los hospitales ya supera los 30.000, cosa que pone una presión enorme sobre el sistema de salud público. El dato exacto (30.074) supone un 39% más que el pico de abril, cuando se llegó a los 21.684. El hospital de Great Manchester ha advertido esta tarde de que la situación es extremadamente crítica.

Hoy por hoy, la situación en las islas británicas es la peor del primer mundo si se compara en términos relativos a la población, y pone en entredicho, una vez más, la capacitación y la competencia del gobierno conservador que dirige Boris Johnson. 

No en balde, el líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha afirmado este miércoles en el Parlamento, en el debate en el que se han aprobado las medidas de confinamiento anunciadas el lunes, que el ejecutivo ha sido "repetidamente muy lento a la hora de actuar" para cortar de raíz la pandemia. También lo ha expresado en sus redes sociales. "Esto es una tragedia. No es mala suerte. No era inevitable. El gobierno ha sido demasiado lento al reaccionar. Ahora necesitamos un esfuerzo nacional para vacunar a nuestro país".

Starmer tiene razón. Johnson fue lento, cuando no incrédulo, a la hora de tomar medidas en el primer estallido de la pandemia –el premier era entonces tan escéptico como Donald Trump o Jair Bolsonaro en cuanto a la seriedad del covid-19–. Fue igualmente lento a finales de septiembre, cuando el laborismo propuso un cortocircuito de dos semanas para parar el aumento de contagios. Y fue todavía mucho más lento al dictaminar el segundo confinamiento, en noviembre. Aun así, fue muy dubitativo a la hora de restringir las libertades por Navidad y, para acabar, el pasado domingo, cuando menos inexacto, cuando afirmó que las escuelas del país "son seguras" y 24 horas más tarde declaró, en conferencia de prensa, que los alumnos de secundaria se habían convertido en un factor de propagación del virus, en parte por la variante más contagiosa identificada a mediados de diciembre, y ordenó a continuación el cierre de todos los centros, de primaria, secundaria y de educación superior. 

Efectividad del confinamiento en entredicho

En este contexto dramático, dos factores preocupan a los epidemiólogos del país. Por un lado, la ya mencionada mayor transmisibilidad de la nueva variante del SARS-Cov-2; de la otra, el cansancio de la pandemia y de los reiterados confinamientos, un agotamiento que lleva implícita una pregunta: ¿la población sigue las recomendaciones y las obligaciones de quedarse en casa con la misma capacidad de sacrificio que en la primavera?

La respuesta no es clara. De hecho, se teme que no. E inquieta que las dos razones hagan que el nuevo cierre del país no sea suficiente para reducir la RT, la ratio de transmisión, ahora muy por encima de 1 en todo el territorio con la excepción de unas pocas islas de Escocia, y que solo vaya a la baja cuando se empiecen a notar los efectos de la campaña de vacunación.

En este sentido, hasta ahora, y desde el inicio del proceso, el 8 de diciembre, se han vacunado 1,3 millones de personas, unas 300.000 por semana. Una cifra nada despreciable, en especial si se compara con las dificultades en la Unión Europea y en los Estados Unidos, pero todavía lejos del reto autoimpuesto por Johnson de llegar a los 2 millones cada siete días y conseguir, prácticamente a finales de febrero, haber vacunado a la gran mayoría de la población considerada vulnerable, unos 13,2 millones de ciudadanos. 

A pesar de las dudas sobre la efectividad del confinamiento, Johnson ha asegurado en el Parlamento que las restricciones podrían alargarse hasta la Semana Santa, es decir, la última semana del mes de marzo, prácticamente un año después de que ordenara el primero.

"No he tenido alternativa"

Johnson ha asegurado en la cámara que no ha tenido "alternativa" a la hora de exigir a la población que se quede en casa y que se cierren las escuelas y ha pedido a los parlamentarios que apoyaran las medidas porque se pudieran mantener, en caso de necesidad, hasta el 31 de marzo. Ha prometido, también, una "reapertura gradual" de las restricciones, de acuerdo con las previsiones prudentes del profesor Chris Whitty, responsable médico de Inglaterra, y ha asegurado que el gobierno no pretende utilizar el paquete completo de medidas hasta entonces. También ha recordado, sin embargo, que se tendrá que tomar una decisión sobre el levantamiento de las restricciones de acuerdo con el progreso del programa de vacunación.

Johnson se ha comprometido a ello. Y cada paso por dar o mantener se evaluará cada quince días. La presión de una parte destacada del Partido Conservador también implica una evaluación continua de su tarea. De momento, cualquier mirada objetiva la juzgaría de fracaso: dubitativa, expresión de una personalidad que no quiere dar malas noticias y que había llegado a Downing Street para disfrutar del cargo y no para atravesar un desierto de problemas sin precedentes. La madera de líder que parecía tener se ha carcomido muy rápidamente. Su suerte política depende del éxito del programa de la vacunación. La suerte del país, especialmente en términos económicos, también. 

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