La restitución de Trapero es un acto de justicia

El estado nunca le perdonó su actuación en el 17-A ni en el 1-O

El consellero de Interior, Miguel Samper, comunicó este jueves la restitución del mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, como máximo responsable del cuerpo policial tras la destitución que sufrió en virtud de la aplicación de la artículo 155 de la Constitución en octubre de 2017. Trapero sufrió desde entonces un largo calvario de tres años en los que ha tenido que hacer frente a una acusación por el delito de rebelión en una causa orquestada por el teniente coronel de la Guardia Civil Daniel Baena, autor de los atestados en los que se ha basado la causa general contra el independentismo, y por el coronel Diego Pérez de los Cobos, responsable último del gran fracaso que supuso para la policía española del operativo del 1-O.

Afortunadamente, el juicio sirvió para desmontar todas las acusaciones gracias al trabajo de su abogada, Olga Tubau, la complicidad de algunos testigos como el ex alto cargo de Interior Juan Antonio Puigserver, y la profesionalidad del magistrado Ramón Sáez, ponente de la sentencia absolutoria, que se negó a transaccionar una condena por desobediencia y que desmonta en su texto todos los argumentos de la Guardia Civil y la Fiscalía contra Trapero. Hay que añadir que el juicio también sirvió para hacer una defensa del modelo policial catalán, distinto del de la Guardia Civil y la Policía Nacional, tal como se vio el 1-O.

A partir de aquí, la restitución era una obligación moral del Govern, a pesar del malestar que la decisión haya podido provocar en ciertos sectores del independentismo más inflamado, que no le perdonan que estuviera dispuesto a detener al presidente Puigdemont si así lo ordenaba la justicia. A Trapero, que no es un político, se le debe juzgar por su profesionalidad y eficacia al frente de los Mossos, y no por sus ideas. Y los líderes del Procés siempre dijeron que se protegería a los funcionarios ante la acción de la justicia. En su caso concreto, sin embargo, esto no fue así porque pudieron más las ganas de revancha de los sectores del deep state, que se sintieron humillados el 1-O, y el malestar que creó su gestión de los atentados del 17-A entre los cuerpos estatales.

Este jueves, pues, se ha hecho justicia. Trapero vuelve al cargo que no debería haber abandonado nunca, y que durante este tiempo han estado ocupando el que fue su número 2, Ferran López, Miquel Esquius y, desde junio de 2019, Eduard Sallent. Los retos que tiene por delante siguen siendo ingentes. La amenaza terrorista continúa viva, y las actuaciones de los Mossos, como el desahucio de Meridiana o la pasividad ante el ataque a la fachada del Palau de la Generalitat, continúan generando polémicas.

Trapero no ha querido ser nunca ni un héroe ni un mártir, sino simplemente un policía. Y como tal debe ser tratado a partir de ahora, en los éxitos y también en los fracasos. Como él sabe muy bien, en Catalunya, por razones históricas, hay una sensibilidad especial con la policía, y su responsabilidad no es nada fácil ni estará exenta de críticas. Aun así, hoy solo se le puede decir una cosa: bienvenido de vuelta.

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