Las ciudades del cambio se someten a examen cuatro años después

La izquierda alternativa llega a urnas con opciones de retener la mayoría de gobiernos municipales

GERARD PRUNA DANI SÁNCHEZ UGART

En el año 2015, las ciudades del cambio fueron el gran titular de la noche electoral de las municipales. El movimiento surgido en las calles y las plazas del 15-M —que el martes cumplió ocho años— llegaba a las instituciones. Lo hacía a través de los ayuntamientos, consiguiendo el poder en muchas de las principales ciudades españolas y apuntándose el triunfo en las dos grandes capitales del país: Barcelona y Madrid. Cuatro años después, estos gobiernos afrontan el examen de las urnas y lo hacen, a pesar de las dificultades para cumplir las expectativas que ellos mismos habían generado, con opciones de retener el poder en la gran mayoría de municipios.

Madrid, contrapeso de derechas o giro hacia el progresismo de la izquierda

La gestión de las expectativas ha sido, de hecho, uno de los principales retos que han tenido que afrontar estos ayuntamientos. El paso, en muchos casos, del activismo a la política institucional ha comportado también un tránsito de la reivindicación a la gestión que a menudo ha decepcionado parte de sus votantes. Lo explicaba la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en el pasado mes de julio durante una visita a Nueva York en que coincidió con la revelación de los demócratas, Alexandria Ocasio-Cortez. “La política institucional puede ser más frustrante que la lucha social,” advertía Colau, que opinaba que es diferente ser activista que alcaldesa porque mientras que en el primer caso tienes que exigir al poder público que haga lo máximo posible”, en el segundo “tu trabajo es pelearte cada día con las contradicciones y los límites para conseguir más poder para la gente”.

En el caso de Colau, que alcanzó proyección pública como portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), la vivienda ha sido la gran piedra de toque de estas contradicciones. A pesar de los buenos resultados en aspectos como la lucha contra los pisos turísticos, el mandato de Barcelona en Comú se cierra lejos de la promesa de 8.000 nuevas viviendas con la que se presentó en las elecciones hace cuatro años. En cuanto a la participación ciudadana, Colau tampoco ha podido cumplir los objetivos, y la multiconsulta no ha llegado a llevarse a cabo en este mandato. Una prueba también de las dificultades que ha encontrado la alcaldesa —reprobada ocho veces por el pleno municipal— para tejer alianzas en el consistorio.

Todos contra Colau en el debate de alcaldables de Barcelona

Sin embargo, a pesar de las dificultades, desde el gobierno municipal se señala que se ha conseguido situar en la centralidad política de la ciudad debates que hasta ahora estaban arrinconados. Un mérito que también se atribuyen otros ayuntamientos del cambio como el de Badalona, que sólo pudo gobernar tres años antes de ser desalojado del gobierno municipal por el PSC mediante una moción de censura. También en Badalona —donde ahora Ganyem aspira a disputarle la primera posición al PP— se admite que la gestión del gobierno ha quedado lejos de las expectativas que generó su llegada en sustitución de Albiol. Barcelona y Badalona fueron la punta de lanza en Cataluña de unos gobiernos del cambio que también llegaron a Castelldefels, Cerdanyola del Vallès, Barberà y Molins de Rei.

De Madrid a Santiago

El caso de los ayuntamientos catalanes del cambio es perfectamente extrapolable al resto del Estado. Podemos y otras confluencias aliadas del partido de Pablo Iglesias tuvieron hace cuatro años la primera gran oportunidad de tocar poder. Las municipales de 2015 dieron a partidos a la izquierda del PSOE los ayuntamientos de capitales como Zaragoza, Valencia, Santiago de Compostela o Madrid, y de otras ciudades importantes como La Coruña o Cádiz. Los socialistas jugaron a favor del cambio progresista en estas ciudades —como pasó inicialmente en Barcelona— dando apoyo a los alcaldables de las confluencias próximas a Podemos. Los cuatro años de gobierno hicieron aterrizar algunos sueños de cambio, que chocaron con la institucionalidad, pero, en global, y según las encuestas, el giro progresista que marcaron aquellos comicios tendrá continuidad el día 26.

En el caso de la capital española, la alcaldesa Manuela Carmena vive un momento dulce a pesar de su crisis con Podemos, que la ha llevado a presentarse sin las siglas del partido morado. El proyecto estrella del mandato, la pacificación del tráfico de Madrid Central, ha contado con el apoyo mayoritario —y sobre todo, creciente— de ciudadanos y comerciantes, a pesar de las gesticulaciones de la derecha, que auguraba el caos. Al otro lado de la balanza, la incapacidad para parar desahucios ha alejado a la alcaldesa de los movimientos en favor de una vivienda digna, y este jueves sufrió un escrache de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. No obstante, Carmena conseguirá mantenerse por encima del PSOE y del PP, y todo apunta a una reválida de la mayoría de izquierdas que le permitirá ser alcaldesa cuatro años más, a pesar de su compromiso inicial de no repetir.

La recuperación del PSOE

Donde se pueden producir cambios es en Zaragoza o en Santiago. Las encuestas apuntan a la posibilidad de que las mayorías de izquierdas se mantengan, pero con un cambio de partido más votado, que pasaría a ser el PSOE. En la capital aragonesa, el divorcio entre los comunes y Podemos sería la clave para explicar este cambio de liderazgo en la izquierda, que, sin embargo, no haría peligrar la mayoría progresista. Una tendencia general en los ayuntamientos del cambio, que han visto en los últimos cuatro años cómo se rompían alianzas y pactos de gobierno que se tendrán que recomponer después del 26-M.

La remunicipalización de servicios públicos, las soluciones para la emergencia de la vivienda, la mejora en derechos sociales, la limitación del turismo o los avances en transparencia fueron promesas de estos gobiernos al llegar al poder hace cuatro años que han chocado con una realidad complicada. Es el caso del alcalde de Cádiz, José María González Kichi, que ha acabado defendiendo posiciones incómodas para Podemos como la producción de armamento para Arabia Saudí para proteger puestos de trabajo en su ciudad. En global, en estos cuatro años las ciudades del cambio han conseguido superávit, por culpa en parte de las limitaciones que les imponía Hacienda, pero también de una falta de impulso inversor, que les ha costado críticas de su propio espectro ideológico.

Sea como sea, estos gobiernos aspiran a tener una segunda oportunidad, con una diferencia sustancial a cómo consiguieron gobernar en 2015: en lugar de ejercer de contrapeso al gobierno conservador de Madrid, ahora quieren retroalimentarse con un ejecutivo de Pedro Sánchez teñido de rojo y morado, para llevar hasta el final el cambio de políticas que de momento tienen a medio hacer.

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