Un 'rider' y dos clientes de VTC: primeras multas por el toque de queda

El ARA acompaña a los Mossos del Eixample durante el confinamiento nocturno

Desde el andén se puede oír cómo alguien valida el billete y cómo le tintinean las llaves en el bolsillo mientras baja las escaleras. Es la escena que se repite en las estaciones menos concurridas del metro de Barcelona cuando pasa apenas media hora del inicio del toque de queda. Dentro de los vagones la mayoría de los asientos están vacíos y puedes escoger en qué hilera te sientas sin tenerla que compartir con nadie. En el exterior el escenario todavía es más desierto. Faltan pocos minutos para las once de la noche pero ya no se ve ningún alma entre la inmensidad de la Plaça Espanya. Los vehículos que circulan se pueden contar: un Aerobús, dos buses de TMB, un camión de la basura, un par de furgonetas y una moto.

Es lunes por la noche, la segunda del toque de queda en Catalunya pero la primera en la que los Mossos d'Esquadra y las policías locales multan a los que se lo saltan . Los agentes de la comisaría del Eixample de los Mossos preparan un control antes de la medianoche con cuatro coches patrulla. Lo montan en el punto en el que la Gran Vía sale de debajo de la Plaça Espanya para dirigirse al centro de Barcelona. Impresiona ver desde ahí los kilómetros de asfalto literalmente vacíos con la Plaça Universitat al horizonte. El mosso que selecciona los vehículos para a todos los que pasan, que serán unos ochenta al final del control. En la media hora larga que durará el dispositivo mandará una quincena de los coches a sus compañeros, tres de los cuales acabarán en denuncia.

"Buenas noches, ¿de dónde viene?", pregunta el mosso a los conductores. Una parte importante de los vehículos, por no decir mayoritaria, son taxis. Entonces añade a los clientes: "Puede bajar la ventanilla, ¿por favor?" Les pregunta qué trayecto hacen y casi todos los taxis de esta hora trasladan a los pasajeros de un vuelo procedente de Amsterdam que ha aterrizado hace poco en el aeropuerto del Prat. Los clientes enseñan el billete de avión y pueden continuar el recorrido. Los taxis, como los buses del transporte público y los vehículos que llevan mercancías, están incluidos en las excepciones del toque de queda. Otra cosa es si los clientes de los taxis pueden desplazarse y por eso los agentes consultan el motivo del trayecto. Los policías también suben a los buses para asegurarse de que los viajeros llevan mascarilla y cumplen las medidas.

El estado de alarma permite que la policía pueda preguntar a las personas por su recorrido y pueda exigir la documentación que lo demuestra. La mayoría de la quincena de vehículos que los Mossos inspeccionan durante el control son sobre todo motos y algún coche particular: piden a los conductores el certificado autoresponsable y también el de la empresa si el desplazamiento es por trabajo. Si no tienen ningún documento, los agentes valoran si la explicación de las personas es plausible. Pero al cabo de pocos minutos de haber puesto en marcha el control ya se dan cuenta sin lugar a dudas de que han pillado al primer infractor de la noche, porque es un rider que hace una hora y media que tenía que dejar de circular.

"No gano tanto como para poder pagar multas", lamenta el rider, que se llama Said. La denuncia de los Mossos todavía no habla de ningún importe porque primero levantan una acta de propuesta de sanción que ahora se tramitará. Pero Said asegura que "no lo entiende" porque la empresa de reparto de comida para la cual trabaja le había manifestado que hasta la medianoche se podía mover y desconoce si la compañía asumirá la multa. Supuestamente iba a buscar un pedido en un restaurante –que tampoco podría estar abierto– para después entregarla.

“Me obligan a llevar el pedido: la responsabilidad es de la empresa”

Incumplimientos con drogas

Las otras personas que los agentes sancionan durante la segunda noche del confinamiento nocturno son dos clientes de VTC. Igual que los taxis, los VTC pueden circular, pero esto no quita que los usuarios que trasladan incumplan el toque de queda. En los dos casos los clientes dan unos argumentos similares: que van de casa de un amigo a su domicilio o viceversa, a pesar de que ninguno de este tipo de desplazamiento está permitido a partir de las diez de la noche. Los Mossos también los registran porque no sería la primera vez que encuentran drogas. Efectivamente, uno de los hombres denunciados lleva hachís y los agentes miran con una linterna que no haya escondido alguna otra sustancia bajo los asientos del coche. Una multa por el toque de queda que se sumará a otra por drogas.

Superada la medianoche, los Mossos desmontan el control. La noche es tranquila porque los agentes de paisano hace rato que dan vueltas por el Eixample sin ver ningún grupo de personas en lugares donde se acostumbran a concentrar o se hacen botellones, como la Plaça Catalunya, la Plaça Universitat, la Plaça de les Glòries, los parques del lado de la Sagrada Família, el parque de Joan Miró o la superilla de Sant Antoni. Los Mossos patrullan para vigilar que no haya nadie. Esto no evita que de vez en cuando se encuentren a alguien que anda por la calle o a una pareja que sale a pasear al perro fuera de las excepciones previstas. Queda la incógnita de saber qué pasará con el toque de queda la noche del jueves, el viernes y el sábado, que, después de los efectos de la primera oleada del covid –sin turistas ni ocio nocturno–, es cuando se junta la actividad social.

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