PRENSA

La venta de Zeta: política, dinero y un padre difunto

La Moncloa y los bancos decantaron un tortuoso proceso de venta que ha durado más de una década

La venda de Zeta: política, diners i un pare difunt / JORDI OLIVÉ

- Es una oferta irrefutable.

- Pues peor para ti, porque no la puedes aceptar.

La temida frase del antiguo asesor de la familia resuena al otro lado del teléfono y Antonio Asensio Mosbah, presidente del Grupo Zeta, la encaja con la resignación de quién lleva 18 años gestionando los quebraderos de cabeza de un proyecto que no es el suyo y del que quiere desprenderse desde hace más de una década.

Estamos a finales del 2018 y la operación de venta del grupo que edita El Periódico de Catalunya, el Sport y seis diarios y doce revistas más ha entrado en su fase decisiva. Asensio Mosbah tiene dos candidatos claros para adquirir el icónico grupo fundado por su padre, Antonio Asensio Pizarro, fallecido en 2001. Son Prensa Ibérica y Mediapro. Pero él no es el único que tiene opinión.

Porque también hay los bancos. La evolución empresarial de Zeta desde inicios de siglo no ha sido la mejor. El impacto de la prensa gratuita, el boom del mundo digital, la crisis de la prensa escrita o la abrupta caída de la publicidad se han sucedido para convertir un negocio formidable en un barco a la deriva. Y eso quiere decir pérdidas, y con las pérdidas, deudas, y con las deudas impagadas, la banca. Asensio Mosbah encara los meses en los que su familia dirá adiós a la gran obra del patriarca sabiendo que diez entidades financieras deben opinar al respecto: en 2016 debía 115 millones y los principales perjudicados eran el Santander, que sumando la deuda del Popular acumula 25 millones, y CaixaBank (20,4). A estos se añaden Banco Sabadell, BBVA, BBK, Liberbank y dos entidades públicas: el Instituto Catalán de Finanzas (13,1 millones en 2016) y su homólogo valenciano (1,9 millones más). Normalmente la banca querría recuperar el máximo de dinero posible de una venta, y más en un contexto de continuos recortes de personal. Pero a Asensio Mosbah, a quién le reprochan los impagos y que no cerrara la rotativa que Zeta tiene en Parets del Vallès, le han insistido en que este no es un caso normal. Y al otro lado del teléfono siguen las severas advertencias de un hombre de confianza de la familia: “Piensa en lo que haría tu padre”.

Tampoco los bancos son los únicos con voz y voto en la cuestión. La joya de la corona de Zeta es El Periódico de Catalunya, diario que a pesar de los problemas mantiene una posición de privilegio en el retablo mediático del país y ha sido un antiguo aliado del socialismo. Los partidos, muy sensibles a estas cuestiones, lo saben, y quizás solo ellos pueden ser más explícitos que la banca a la hora de manifestar preferencias. Mosbah lo pudo comprobar con Mariano Rajoy y su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, volcados en sus últimos días de gobierno a pedirle que vendiera a Prensa Ibérica antes que a Mediapro. Lo ha visto desde que en junio los socialistas, con Pedro Sánchez al frente, llegaron a la Moncloa. Curiosamente, con idéntica preferencia: había que vender a Prensa Ibérica.

Asensio, con 37 años y una posición económica privilegiada, quiere centrarse en su verdadera vocación, la producción de películas y series como El hombre de las mil caras o Élite. Y afronta esta decisión crucial sabiendo que tampoco en su familia es el único que decide. Como acostumbra a pasar en estos casos, hay fuertes discrepancias, lo que, para algunos, explica que la venta se haya eternizado. Su madre, Chantal Mosbah, y sus hermanas, Ingrid, Jéssica y Jennifer, son partidarias de sacar el máximo beneficio económico de la operación. Sencillamente, quieren vender al mejor postor.

“Piensa en lo que haría tu padre”, le dijo un asesor de la familia al presidente de Zeta, Asensio Mosbah

Pero es solo Antonio, el tercero de los cuatro hijos, quien recibe las llamadas, quien es llamado a los despachos de poder.

Y así, a finales de 2018, Asensio Mosbah se encontraba en medio de una tormenta de voluntades. Los últimos tres meses habían sido especialmente vertiginosos. En octubre, prácticamente tenía cerrado un acuerdo con el grupo de diarios regionales Prensa Ibérica, propiedad de Javier Moll, para la venta de Zeta. Entonces entró en escena el imperio audiovisual Mediapro, con Jaume Roures i Tatxo Benet al frente, para darle lo que parecía una buena noticia: “Os damos el doble”, dijeron, según fuentes próximas a la negociación.

Desde Mediapro aseguran que su propuesta fue bien recibida, con un matiz. “Los bancos querían cobrar más y que Asensio Mosbah se quedara con una parte más pequeña”, aseguran. La superioridad económica del grupo audiovisual era rotunda. Según expone un directivo del panorama mediático, “toda la negociación ha sido singular, porque ha habido un pequeño discutiéndole una cosa a un grande”. Esta consideración parece exacta: Prensa Ibérica facturó 190 millones durante 2018 (cifra casi idéntica a la del año anterior) y ganó más de 6 millones. Al otro lado de la mesa, Mediapro, que no hace público su beneficio, facturó 1.967 millones (un 20% más que en 2017), dato que permite concluir que la pugna por Zeta confrontó a dos candidatos, uno de los cuales era diez veces mayor que el otro.

Haciendo valer esa superioridad, antes de Navidad se cerró un acuerdo. Los asesores de las partes implicadas encajaron las manos y la operación quedó pendiente de una firma que debía producirse después de fiestas. Roures nunca estaría tan cerca de quedarse el anhelado grupo mediático como en aquel momento.

Pero durante la Navidad se puso en marcha en ciertos despachos una operación. Según explican media docena de fuentes, La Caixa, el accionista de referencia de CaixaBank, y Pedro Sánchez, presidente del gobierno, aumentaron la presión sobre Zeta. “Moll [el presidente de Prensa Ibérica] siempre ha sido el candidato de La Caixa, porque garantizaba continuidad en la línea editorial y una gestión austera y, además, este y el Santander han sido siempre sus bancos”. Varios medios han informado de la oposición del primer grupo empresarial catalán a la venta a Mediapro. Las razones son eminentemente políticas: “Es más por que sean de alguna forma antisistema que por independentistas”, dice una fuente financiera. “La Caixa piensa que si El Periódico cambia de bando puede tener un perjuicio económico mucho más grave que solo diez millones”, añade una voz del sector de la comunicación haciendo referencia al talante constitucionalista de la joya del Grupo Zeta.

Y después llega también la presión del gobierno central. “El PSC estaba acojonado con la idea de que Roures se quedara El Periódico, porque entienden que es el único medio que les da apoyo” en Cataluña, apuntan desde Ferraz. Esta voz, que asegura que el intento de Mediapro hay que enmarcarlo en su buena sintonía con ERC en los últimos tiempos, admite que se produjeron reuniones entre el presidente del Gobierno y Asensio Mosbah en la Moncloa. Las llamadas y encuentros entre el gobierno socialista y el empresario han implicado también a otros ministros catalanes, según asegura una fuente. “Mediapro ya es un imperio, darle esto, y en este contexto, quizás era demasiado”, dice un directivo del sector audiovisual. “Estos vetos políticos en el campo de los medios han existido siempre y es normal”, añade un veterano financiero. “ Lo que ha cerrado el paso a Mediapro es su carácter político, no la veían como una empresa independentista, pero sí combativa”, añaden fuentes próximas a la operación.

Y fue la Moncloa la que, según el relato que ha podido reconstruir Emprenem, tuvo una idea decisiva: incluir en la operación al Santander, que hasta entonces estaba en segundo plano. Era el principal deudor por culpa del Popular y estaba habituado a otras operaciones políticas, como la carta de las patronales financieras advirtiendo contra el soberanismo días antes de las elecciones catalanas de 2015. “Ellos también entran en el tema del finiquito y esto beneficia a Prensa Ibérica”, añade esta voz.

Pedro Sánchez en persona empujó para mantener el histórico apoyo de Zeta a los socialistas

Todo eso se produce en las primeras semanas de 2019 y la prensa se acaba haciendo eco. “Zeta cede a las presiones y pide a Javier Moll que mejore su oferta para rechazar a Roures”, se leía en un titular de El Español.

A finales de enero, Jaume Roures da un paso insólito para denunciar en una entrevista a Radio Marca que “fuerzas oscuras” le impiden comprar Zeta. “Somos un grupo fuerte, que es lo que puede dar continuidad a este negocio”, afirma el todavía propietario del digital Público, medio del cual desmanteló la edición en papel en 2012. “Estamos interesados, pero hay mucho poder fáctico que no lo ve con buenos ojos”, afirmaba entonces.

La situación, en aquel momento, era la siguiente: el Gobierno, la gran banca y algunos asesores recomendaban vender a Prensa Ibérica. Pero había una oferta de Mediapro que era “mucho mejor” y que era la preferida de la familia Asensio. Así se llega a una reunión, a principios de febrero, en la que las cúpulas de Mediapro y el grupo La Caixa se reúnen para discutir la cuestión.

En el encuentro hubo espacio para recordar que la venta de Zeta venía de muy lejos. “Hace diez años que hablamos de esto”, se oyó. “Diez no, doce”. Según las fuentes consultadas, la reunión fue bien, hasta el punto que el grupo audiovisual interpretó que no habría ningún impedimento a su oferta. Pero una semana después, la banca cerraba un acuerdo con Moll, que aprovechó que Asensio le había dado 15 días para intentarlo.

Fue posible porque los patrocinadores de la operación a favor de Prensa Ibérica nunca se habían detenido. Tampoco en el entorno personal de Asensio Mosbah, el mismo entorno que no había querido escuchar en 2007 cuando Mediapro hizo un primer intento por el entonces vigoroso Grupo Zeta. En aquel momento, justo antes de la crisis económica y según han confirmado varias fuentes implicadas en la operación, la oferta fue de 400 millones de euros: unas ocho veces más que las cifras de las que se habla en este caso. “Su gente le recomendó vender, pero Asensio no lo vio claro y pidió 1.000 millones”, recuerda una fuente del sector. También Plisa estaba interesada, y meses después el grupo extremeño Alfonso Gallardo intentó una operación que nunca se cerró.

Posiblemente, la familia Asensio se ha acordado de las ocasiones que dejó escapar justo antes de la crisis. Pero Antonio Asensio choca con sus veteranos asesores, que le insisten en que no acepte la oferta de Mediapro: "Un diario no es un producto comercial, no es una butifarra —le dicen—. Un diario es una línea editorial compartida entre una mayoría de la redacción y el conjunto de los lectores”. Y suben el tono, convencidos de un hecho: “Tu padre te mataría si te viera romper el equilibrio mediático de Cataluña y cambiar la línea editorial del diario por una diferencia de dinero”, lo avisan.

Así, esa semana, después de la reunión entre Mediapro y CaixaBank, algo hizo clic en el seno de la familia Asensio. Y la noticia se conoce el 19 de febrero: los bancos han vendido la deuda de Zeta a Prensa Ibérica. En Mediapro se desata la indignación. El grupo audiovisual reacciona enviando por burofax una oferta de 40 millones de euros por la deuda de Zeta para dejar constancia por escrito de su voluntad. La banca se cierra en banda y prepara el argumentario de lo que parecía difícil de poder justificar: según las fuentes consultadas, habían optado por una oferta que no era la mejor.

“Pedimos explicaciones y se nos dice que ya se ha vendido, pero nunca se nos hizo una última llamada para que volviéramos a subir la oferta —lamentan desde el grupo audiovisual—. Nuestra oferta era mejor para los bancos y también para Asensio, superior a los 10 millones de los que se ha hablado. La política primó y lo pagan los bancos”.

Pero estos, reticentes a aparecer ante accionistas, clientes y empleados como entidades poco cuidadosas en materia de impagos, construyen su argumentario. Diferentes fuentes financieras mantienen que de hecho la oferta de Mediapro nunca existió. Que la que se envió el 19 de febrero ya estaba fuera de plazo. Que se hizo con una gran informalidad, olvidando al Santander entre los destinatarios del burofax. Que no era Mediapro quien hacía la oferta, sino Roures y Benet a título personal. Que las condiciones de pago que ofrecía Mediapro no eran convenientes. Y, por último, que en el contrato entre bancos y Zeta siempre ha habido una cláusula que otorgaba al grupo de comunicación el derecho de veto si el comprador de la deuda era otro medio. Es decir, que no decidían ellos, sino Asensio. “Por contrato no podías hacer nada”, explican fuentes de los bancos.

La entidad pública ICF se vio arrastrada en una operación que le genera pérdidas de 5,8 millones

La docena de voces consultadas para hacer este reportaje (y que han pedido el anonimato) apuntan mayoritariamente que este último punto era cierto, pero que las ofertas de Mediapro existieron y eran superiores a las de su rival. Prensa Ibérica ha declinado atender al ARA para este artículo.

Resuelto el problema de la deuda y apartado Mediapro de la partida, Zeta y Prensa Ibérica tardaron dos meses en formalizar el acuerdo de venta. Las fuentes consultadas no se han atrevido a precisar las cifras del acuerdo. Pero en el sector se da por hecho que en estos dos meses la banca, Prensa Ibérica y Zeta trabajaron “para reducir a la mitad” el perjuicio económico que ha sufrido la familia Asensio a cambio de escoger al grupo que dirige Moll. Así, según el ICF, el finiquito que han aceptado los bancos es del 70%, quedándose con 30 millones. También se apunta que la familia Asensio se ha llevado 10 millones más. Todo ello, lejos de la oferta de Mediapro, que se calcula que fue de unos 40 millones para los bancos y de hasta 20 para los Asensio. “Perdieron mucho dinero, pero manteniendo el tipo”, dicen en el sector.

El acuerdo del finiquito, como adelantó Eldiario.es, perjudicó también al Instituto Catalán de Finanzas (ICF), que vio como se esfumaba parte de la deuda que tenía en Zeta. Fuentes de la consejería de Economía precisan que de los 12,6 millones que tenían de deuda, han recuperado 6,8, lo que supone un 54%. Esta cifra supera la del resto de acreedores, que se han tenido que conformar con el 30%. “No tiene ningún coste para la Generalitat ni para los contribuyentes”, apuntan estas fuentes, que recuerdan que en estos casos los acuerdos entre los grandes acreedores arrastran al resto. También recuerdan que los 6,8 millones recuperados son mejor que nada. Este argumento, sin embargo, no tiene en cuenta que no había una única oferta, sino dos, y que la descartada era mejor. Tampoco comentan nada sobre el cambio de criterio que hubo en el departamento. Según fuentes financieras, “inicialmente se opusieron a cualquier finiquito y después accedieron”. Por suerte para el ICF, parte de la deuda que tenía era sénior [de cobro prioritario], lo que inicialmente no fue tenido en cuenta.

La aprobación definitiva de la compra, que se ha arrastrado durante 12 años, ya solo depende de Competencia. Zeta, durante décadas el segundo gran grupo de comunicación de Cataluña, cambiará de propietario y será el diario más importante de Javier Moll. La banca sigue su difícil camino de adaptación en torno a tipos negativos, con cierres de oficinas y recortes de plantilla. Mediapro seguirá sin tener un medio de comunicación escrito. Pedro Sánchez se prepara para una legislatura completa en la Moncloa y con perspectivas de que el PSC recupere espacio en Cataluña. Y Antonio Asensio Mosbah podrá centrarse en el cine, liberado finalmente del antiguo imperio que heredó de su padre. Lo ha podido vender después de certificar una operación que se ha saldado con una insólita derrota del dinero.

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