La economía catalana y la española no levantan cabeza

Bruselas empeora las previsiones para el Estado y AIReF enfría los presupuestos de Sánchez

El coronavirus sigue pasando factura en términos económicos. La segunda oleada de la epidemia ha agravado la situación, de forma que la economía catalana y la española no levantan cabeza. Las nuevas medidas de semiconfinamiento, tan necesarias y seguramente aplicadas con demasiada lentitud y titubeos, están siendo un castigo añadido al de una economía por otro lado demasiado dependiente del sector turístico. Si los técnicos de la Comisión Europea habían calculado inicialmente que la economía española caería un 10,9% este año 2020, ahora han empeorado aquellos malos augurios y sitúan el hundimiento del producto interior bruto (PIB) en un 12,4%, el doble que Alemania (5,6%, cuando hace unos meses la previsión era del 6,3%).

Según Bruselas, España es el país de la Unión que saldrá peor parado de la pandemia. Catalunya, claro, no se escapa. De hecho, según los datos publicados este jueves por el Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat) y por el departamento de Vicepresidencia y Economía, en el tercer trimestre el PIB catalán ha crecido un 15,7% respecto al segundo trimestre, un rebote, sin embargo, claramente insuficiente para recuperar todo lo que se había perdido, que era mucho, en la primera oleada vírica. Respecto al tercer trimestre del año anterior, la economía catalana se ha desplomado un 9,1% entre junio y septiembre.  Esta caída interanual del PIB catalán es superior a la caída española (8,7%)  y a la media de la Unión Europea, que registró un descenso del 3,9%.

Todo ello son cifras inquietantes. El descalabro da miedo. Solo hay que andar por las ciudades y ver la gran cantidad de persianas bajadas. No en vano, el sector servicios, con especial énfasis en la restauración y la hostelería, es el más castigado. Pero la industria tampoco se escapa. El pesimismo a raíz de calle también se reproduce en las visiones macro. No solo Bruselas lo ve negro para España (también ha reducido la previsión de crecimiento para el 2021, que ya no es del 7,9% sino del 5,4%), sino también el Banco de España y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), dos instituciones que estos días han pasado por el Congreso, donde han enmendado la totalidad de los presupuestos presentados por el ejecutivo de Pedro Sánchez. Mientras que el Banco de España cree que no es oportuno prever incrementos en el sueldo de los funcionarios, AIReF no se cree las previsiones de ingresos que contienen las cuentas. Confiarlo todo a la llegada de las ayudas europeas no parece tampoco muy razonable. Europa acabará ayudando, sí, pero como se ha ido viendo lo hará con retraso y con reservas, sobre todo si aquí no se hacen los deberes a la hora de presentar proyectos que sean viables y muy valorados en Bruselas, y a la hora de justificar gastos como los que cuestiona el Banco de España. 

Es verdad que, ante los estragos de la crisis, la acción social no se puede dejar de lado: muchas familias se están quedando sin ingresos. Pero el apoyo a los sectores económicos también es crucial. El alargamiento de los ERTE está siendo para muchos una medida clave de supervivencia, pero no suficiente. Cuantos más negocios consigan resistir a la segunda oleada, menos difícil será la salida general de la crisis. Ahora mismo, la perspectiva es complicadísima.

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