El Sabadell se planta y rompe negociaciones con el BBVA

El banco catalán quiere seguir en solitario y venderá su filial británica y también la mexicana

La madrugada del 26 al 27 de noviembre del 2020 podrá recordarse como el momento en el que el Banco Sabadell volvió a nacer. El banco catalán, que está cerca de los 139 años de antigüedad, ha decidido esta madrugada que rompe las negociaciones con el BBVA para fusionarse. La fusión, sin embargo, era una palabra amable que escondía la desaparición del Banco Sabadell -la cuarta empresa de Catalunya en facturación- como tal y habría tenido un duro impacto en términos de lugares de trabajo, tanto en las oficinas como en los servicios centrales. 

Los dos bancos han anunciado a primera hora de la mañana que han finalizado las conversaciones que mantenían para su fusión sin llegar a un acuerdo, según han informado las dos entidades a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. El Sabadell, en su comunicación al supervisor, precisa que el motivo del desacuerdo ha sido la ecuación de intercambio de acciones entre las dos entidades. Esta operación es la que en la práctica fija la importancia de cada banco en la empresa resultante. Fuentes financieras apuntaban que el BBVA quería marcar su preponderancia tanto en el valor de las acciones como la hora de distribuir los cargos de la futura cúpula. "Ellos tienen Turquía y el caso Villarejo", apuntaron estas voces.  

La fusión hubiera generado el segundo grupo financiero de España con más de 950.000 millones de euros en activos y un tamaño cercano al que tendrá la unión de CaixaBank y Bankia, en unas conversaciones que arrancaron el pasado 16 de noviembre.

BBVA - Sabadell: claves de una operación “mala para Catalunya”

Las dos entidades habían pactado que, de llegar a buen puerto las negociaciones de su fusión, la presidencia ejecutiva del futuro grupo quedaría en manos de Carlos Torres, que ya ocupa este lugar en el BBVA, y la vicepresidencia no ejecutiva sería para Josep Oliu, el presidente del Sabadell. Según los analistas, la fusión de BBVA y Sabadell hubiera generado un ahorro de costes de unos 700 millones de euros.

Pero justamente estos ahorros de costes es lo que hubiera mermado el tamaño actual del Banco Sabadell: se preveía un recorte de más de 5.000 trabajadores entre de los dos bancos, con buena parte de ellos en Catalunya, donde había más duplicidades debido a la fuerte presencia del BBVA. La entidad de origen vizcaíno se había tragado a lo largo de la crisis seis de las antiguas cajas de ahorro catalanas. 

Mal ambiente en las negociaciones

Diferentes fuentes financieras habían advertido en los últimos días de que las negociaciones no estaban siendo fluidas. "No parece que vayan contentos al altar", se había oído. Fuentes conocedoras de las negociaciones apuntan como decisivas las declaraciones efectuadas por el consejero delegado del BBVA, Onur Genç, ahora hace unos días en un foro público. El ejecutivo turco dijo que la operación solo se haría si el BBVA ganaba y llegó a decir que era una absorción que competía con dos otras posibilidades. Esas palabras generaron un fuerte malestar en el banco catalán. 

Pero otras voces apuntan que, como pasa en todas las negociaciones de este tipo, había habido disgusto por la manera en que el BBVA planteaba la futura cúpula: "Si fracasa será por temas personales", apuntaban. La continuidad de Oliu como vicepresidente era el único gesto del BBVA hacia el banco catalán, pero tenía una complicación añadida: la implicación del banco vizcaíno en el caso Villarejo abría la puerta a que, en caso de imputación de Carlos Torres -hecho que en el sector financiero siempre se ha visto como una posibilidad real-, Oliu pudiera pasar a presidente. En cuanto al resto de la cúpula del Sabadell, tenía pocas opciones de seguir.

Para añadir presión a la situación, la reciente venta de su banco en los Estados Unidos dejaba a Javier Rodríguez, antiguo consejero delegado de la filial y mano derecha de Torres, en los limbos y con la voluntad también de volver. En los últimos días, diferentes directivos del banco catalán habían expresado un deseo en conversaciones con este diario: "Espero que esto no salga".

Diferencias en el precio y negativa al intercambio de acciones 

Había otro aspecto clave que ha acabado decantando al banco catalán por el no: el BBVA quería pagar en cash la operación, y no en intercambio de acciones. Y eso era clave para el Banco Sabadell: conscientes de las pérdidas que han tenido que soportar sus accionistas en los últimos tiempos, los directivos del Sabadell presentes en la negociación (Oliu, Jaume Guardiola, Tomás Varela y Juan Grumé) se negaban a esta posibilidad. Para los accionistas era un consuelo salir de la operación teniendo títulos de un gran banco como el que hubiera sido la suma del BBVA y el Sabadell.

Pero a pesar de estos choques en la negociación, muchos daban por hecho que habría un acuerdo por la sencilla razón de que el Sabadell, por sí solo, podría no soportar el castigo bursátil de los últimos tiempos y que ahora se podría agravar. Consciente de ello, y según ha podido saber el ARA, el BBVA ya trabajaba con diferentes mapas de cómo quedaría la red de oficinas del banco una vez absorbido el banco catalán con sede en Alicante.   

El Sabadell se venderá TSB y la filial mexicana 

El Banco Sabadell, después de anunciar que ha roto las conversaciones con el BBVA, ha explicado que priorizará el mercado doméstico como fórmula para incrementar la eficiencia en el uso del capital y los recursos de grupo, aumentando así la rentabilidad y la creación de valor para los accionistas.

Eso significa sobre todo dos cosas: que continuará con los recortes de plantilla para ahorrar costes y que venderá su problemática filial británica, el TSB, que adquirió en 2015. La filial mexicana del Sabadell podría seguir el mismo camino. 

La gran duda es ahora si el banco catalán resistirá la presión de los mercados. Sobre las 10.30 horas de este viernes el Sabadell había perdido un 12% de su valor y la acción se situaba en los 35 céntimos. Antes de que se anunciaran las negociaciones con el BBVA las acciones valían 32 céntimos y habían subido hasta por encima de los 40 céntimos.

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