La democracia se tiene que imponer a Trump

La amenaza del presidente de impugnar los resultados abre un escenario muy peligroso

Después de una noche de infarto en la que parecía que Donald Trump revalidaría el cargo de presidente de los Estados Unidos, el recuento de los votos emitidos por correo ha dado la vuelta a la tortilla en varios estados clave y ha colocado a Joe Biden a un paso de la Casa Blanca. En todo caso, los resultados se prevén muy ajustados y habrá que esperar unos días para conocer el veredicto definitivo de las urnas. El primero estado donde Trump lideraba el recuento y cambió la tendencia fue Wisconsin, y más tarde fue Michigan, de forma que si el candidato demócrata se impone en todos los estados donde ahora mismo va por delante será presidente.

Pero es precisamente este guion, el de una noche electoral en la que se impone Trump pero con corrección posterior del voto por correo, que ha sido masivo, el que ya hace tiempo que preparaban los estrategas republicanos para extender la sombra de duda sobre los resultados electorales. De hecho, el actual presidente hace meses que está lanzando el mensaje de que si finalmente pierde por el voto por correo habrá sido porque ha habido fraude. Y lo ha hecho sin tener ninguna prueba concreta. Es una irresponsabilidad absoluta, porque el voto por correo, y más en un contexto de pandemia, es un derecho y se tiene que contar igual que los otros.

En realidad, como ya ha hecho a lo largo de todo su mandato, Trump está tensionando las costuras de una de las democracias más consolidadas del mundo con una elección, la de presidente, que se ha producido sin interrupción desde que George Washington asumió el cargo en 1789. Pero esto a Trump le da igual porque le interesa mantener el poder, aunque sea a costa de erosionar el prestigio de las instituciones y provocar un conflicto civil. La amenaza de impugnar los resultados es muy peligrosa porque supone deslegitimar al ganador y la propia democracia.

Los próximos días y semanas serán una prueba clave para la democracia norteamericana, que tiene que ser capaz de pararle los pies a Trump y hacer valer el sufragio de los ciudadanos. Seguramente, la decisión final será del Tribunal Supremo, como ya pasó en 2000, pero esta vez en un contexto mucho más difícil y polarizado. Las imágenes de personas cubriendo con tablones de madera los escaparates en previsión de disturbios son una buena muestra de la tensión ambiental existente. 

A estas alturas ya se puede afirmar que Joe Biden habrá sido el candidato a la presidencia que ha recibido más votos de toda la historia, cerca de 70 millones, pero Trump no se habrá quedado muy atrás, cosa que muestra que los Estados Unidos son hoy una sociedad partida en dos. El mapa que queda es el de una oposición brutal entre el mundo urbano y el rural, entre las costas y el interior. El trabajo que tendrá Biden, si finalmente se confirma su victoria, para recoser la sociedad norteamericana será ingente, porque se encontrará con un bloque monolítico, la coalición de sectores que ha apoyado a Trump, poco o nada dispuesta a hacer concesiones.

Pero la primera y más urgente misión es la de recuperar el prestigio de la democracia y su valor fundamental, que es que el voto de cada ciudadano vale lo mismo y merece ser recontado y reconocido.

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