Madrid, contrapeso de derechas o giro hacia el progresismo de la izquierda

La Comunidad es el epicentro de las batallas del 26-M, con consecuencias para partidos y Congreso

El acueducto de festivos estatales, regionales y locales que atraviesa Madrid desde la Semana Santa se ha confabulado con la agenda política española y el mes de campañas encadenadas para crear una sensación ambiental de provisionalidad. Parece que nada arranca, nada se acaba, y todo el mundo contiene la respiración a la espera de un desenlace final y definitivo que promete que llegará el próximo día 26, cuando se cierren los colegios electorales y se hayan recontado los votos de las elecciones en la Comunidad de Madrid. Este miércoles el día de San Isidro —festivo en la capital del Estado— se convirtió en una pintoresca jornada de campaña para la batalla de la comunidad que, en clave española, es el epicentro de todas las pugnas de estos comicios. El resultado decidirá si el camino que emprendió España el 28 de abril era el de un giro histórico progresista que rompe los equilibrios existentes o una mera sacudida del tablero político.

Las elecciones generales sirvieron para consolidar la división de la política española en dos bloques bien definidos. Los movimientos de Ciudadanos intentando liderar la oposición a Pedro Sánchez redefinieron la divisoria entre dos proyectos políticos enfrentados, empujando al presidente español a los brazos de Podemos para liderar a un gobierno de izquierdas. Y una vez perdida la posibilidad de hacerle sombra en la pugna por la Moncloa, las derechas han depositado en Madrid las esperanzas para poner el principal contrapeso al poder socialista. Desde aquí, dicen, quieren crear una isla de políticas liberales y de bajadas de impuestos ante la subida generalizada que tanto PP como Cs prevén que hará Sánchez.

Las batallas clave para España

Las encuestas dicen que la batalla madrileña está muy ajustada. A pesar de la victoria por un margen estrecho del bloque de derechas en las elecciones del 28-A en la comunidad, la desmovilización causada por el brío y la ola de optimismo que recorre la izquierda podría ajustar los resultados. Todo con una previsible victoria del candidato socialista, Ángel Gabilondo, pero que podría no ser suficiente si el trío de Colón —el tripartito virtual entre PP, Cs y Vox que Sánchez explotó con éxito como espantajo en la campaña de las generales— suma más diputados que el bloque de izquierdas.

Las elecciones tendrán consecuencias en la gobernabilidad española. Sánchez ya dijo que estaría pendiente de los resultados del 26-M con la intención de integrarlos en las negociaciones de gobierno, que se reanudarán a partir del día 27. Una victoria en Madrid le daría manos libres para apostar fuerte por un gobierno de izquierdas, que habría recibido un doble aval en las urnas. Con la doble victoria, Sánchez tendría más crédito para ceder a sus potenciales socios, que en estas elecciones se presentan divididos, entre Más Madrid, la marca de Íñigo Errejón —antiguo rival interno de Pablo Iglesias y de aproximación más pactista al PSOE—, y la candidata morada, Isabel Serra. Iglesias reforzará o debilitará su capital político en función de cómo salga de esta batalla, que es la primera de las diversas batallas orgánicas que se juegan a cara o cruz en estas elecciones. Un Iglesias fortalecido, con mayoría de izquierdas, tendría más herramientas para tratar de convencer a Sánchez de las virtudes de un gobierno de coalición. Si sale debilitado, estará más cerca de tener que aceptar las condiciones que le imponga el líder socialista, porque la alternativa a un pacto es una repetición electoral, que Iglesias no se podría permitir en un momento de máxima debilidad.

La pugna de la derecha

Las dos caras de la segunda de las monedas que se lanzan arriba en estas elecciones son las de Albert Rivera y Pablo Casado. Son las primarias de la derecha, que también tienen en Madrid su batalla clave. El líder del PP se juega el cargo en estas elecciones. Sólo si consigue retener el liderazgo de la derecha y el gobierno de la Comunidad, para el que ha apostado por una candidata afín, Isabel Díaz-Ayuso —que empieza a ganarse un nombre por sus salidas de tono—, tendrá argumentos para presentar batalla a los críticos que hace semanas que afilan los cuchillos, y que ya le han hecho dar un giro hacia el centro. En las generales, Ciudadanos ganó al PP en la región, y Rivera sueña con repetir los resultados para provocar una salida precipitada de Casado que le abra el camino al liderazgo de la oposición a Sánchez. Esta es la batalla que importa a Rivera porque es la que le da posibilidades de aspirar al premio gordo, la entrada en la Moncloa cuando vuelva a haber elecciones generales. También Vox, ya sin el impacto en los resultados del reparto de escaños por la ley electoral, podría reivindicarse como fuerza imprescindible para un gobierno de derechas, y recuperar una parte del momentum perdido.

Los sectores más fanáticos de la derecha —el periodista ultra Federico Jiménez Losantos es el abanderado de este discurso— avisan que una derrota en la Comunidad de Madrid supondría el inicio de un cambio de régimen en España. Seguramente es una exageración, pero la coincidencia de un gobierno socialista en la Moncloa y en Madrid no se da desde los tiempos de Joaquín Leguina y Felipe González, y es inédita la entrada de un partido situado a la izquierda del PSOE, como Podemos, en las instituciones de poder madrileñas. El giro podría ser calificado de histórico. Y la derecha llega a la cita dividida, enemistada y sin un norte claro.

Carmena, favorita

Hay una batalla secundaria en la capital, refugio de la izquierda en los últimos cuatro años de mayorías populares en todos los fortines madrileños y estatales excepto en el Ayuntamiento. La alcaldesa, Manuela Carmena, lo tiene todo de cara para repetir la victoria a costa de hacer desaparecer a Podemos del consistorio —se alineó con Errejón, pero Iglesias no quiso competir con ella— y de comerle buena parte del pastel al PSOE, con un discurso a la derecha de algunos dirigentes socialistas en asuntos como Venezuela. Todo apunta, pues, a que la izquierda retendrá el poder local. Por eso la prioridad es la comunidad, que medirá la rotundidad del cambio de signo de la política española del próximo lustro.

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