Francesc de Castellví, capità austriacista: "El hambre que sufrieron, no hay pluma que la pueda describir"

Hem rescatat les cròniques i cartes dels que van viure la guerra de successió i n'hem respectat l'idioma original: el català del segle XVII o el castellà

Sílvia Marimon
11/09/2013

Francesc de Castellví i Obando (Montblanc, 1682- Viena, 1757) va deixar escrit un dels principals testimonis de la Guerra de Successió: Narraciones históricas desde el año 1700 hasta el año 1725. Va participar en la Junta de Braços de Barcelona del juny del 1713, en què es va decidir que la ciutat resistiria davant el setge de les tropes de Felip V fins a les últimes conseqüències. Va comandar la 7a companyia del II Batalló de la Coronela de Barcelona. Derrotat, es va exiliar a Viena i va ser un dels fundadors de la Nova Barcelona, una nova ciutat creada a l'actual Sèrbia, que va tenir un final tràgic. Va viure, des de primera línia, els principals esdeveniments de la guerra, i va destacar el valor de les dones:

"En el tiempo que duró el fuego concurría entre los riesgos un gran número de eclesiásticos a retirar los heridos y muertos y mayor de mujeres, llevando refrescos (pues era la primavera) y municiones. No les contenía el peligro ni reparaban en el riesgo. Siete fueron heridas. Su ardor infundía constancia a los sitiados. Una mujer viuda, nombrada Francisca Gual, encontró en la bajada de la prisión que llevaban a su hijo malherido. Sin turbarse dijo: «Ahora luego mandaré otro que me queda y si muere iré yo»".

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A finals de 1713, les autoritats borbòniques van encomanar a José Patiño que organitzés un repartiment extraordinari o contribució de guerra a tot Catalunya per mantenir l'exèrcit d'ocupació borbònic i eliminar els últims reductes de resistència. Aquesta contribució era cobrada manu militari cada quinze dies i va provocar una gran revolta protagonitzada fonamentalment pels pagesos: "Las tasas excedían a toda posibilidad de los naturales, […] que empezaron con más reflexión a considerar los estragos que sufrían en sus bienes y la severidad de castigos que Pópuli mandava ejecutar. Havia reducido el Pays a los más trágicos infortunios, por los exhorbitantes imposiciones que en diciembre había impuesto aquel ministerio, que en breve tiempo, tomando la mayor parte de Cataluña otra vez las armas, se encendió una obstinada guerra". Les protestes populars van esclatar el 4 de gener del 1714 a Sant Martí de Sarroca. Castellví descriu, perplex, la difusió de la revolta: "La revolución se incendió todo de una vez […] en toda Cataluña. Esto es: desde Puigcerdà hasta el mar, desde el río Ter al Ebro...; con pocos días de diferencia tomaron las armas las comarcas del Vallés, Panadés, montañas de Prades, Ribera Salada, Llusanés, Ribera de Sió, baronía de Bagá, Conca de Trem, y casi universalmente todo lo monstruoso de Cataluña. Aquello que no habían conseguido siguiendo el diputado de Cataluña lo consiguieron los sitiados con mayores esfuerzos de los pueblos".

Les tropes borbòniques hi van respondre amb contundència. Arreu de Catalunya van ser executats sense contemplacions els qui oposaven resistència. Sallent va ser incendiat dues vegades en sis mesos: "Fueron pasados a cuchillo cuantos encontraron en la vila, excepto los que se refugiaron en la iglesia, y ahorcaron a uno de los dirigientes".

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La fam durant el setge

El juliol del 1714, després d'un prolongat i demolidor atac de les tropes borbòniques, la situació a Barcelona va començar a ser insostenible. Els escassos aliments que arribaven eren venuts pels especuladors a preus desorbitats: "La pérdida de la mayor parte del último comboy, que en julio de este año havía de entrar en el puerto de Barcelona, [...] introdujo del todo la hambre en la ciudad, y aceleró el rendimiento de la plaza". Castellví descriu com van ser els últims dies del setge del 1714: "En los meses de agosto y setiembre aumentó la carestía y no se hallavan los precisos alimentos a precio ninguno. Los extremos del hambre que sufrieron los barceloneses no hay pluma que los pueda referir con indiviudalidad; de esta penuria se siguieron muchas enfermedades y muertes entre los sitiados; la escasez de los víveres havía llegado al extremo que todos experimentavan; que al soldado le faltava el preciso alimento; que el pan sobre ser poco era de pésima calidad; que tanta indigencia minorava las fuerzas de todos".