ABANS D’ARA

Días de nada y de sonrisas (1983)

Peces històriques triades per Josep Maria Casasús

MANUEL IBÁÑEZ ESCOFET 1983
15/02/2022

De l’article d’Ibáñez Escofet (Barcelona, 1917-1990) a La Vanguardia (24-IX-1983). El dia abans el nou director de La Vanguardia, Francesc Noy, havia ascendit Ibáñez al càrrec de director adjunt del diari. La família Ibáñez acaba de fer lliurament a la Generalitat de l’arxiu del periodista per tal que es conservi i difongui des de l’Arxiu Nacional de Catalunya.

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Terminó el debate sobre el estado de la nación, que he seguido más o menos, más menos que más porque el interés no daba para mucho. Cuando un hombre como el president Tarradellas, que vive tan intensamente la política y la ama con espectacular pasión me dijo que se había ido a dormir, envuelto en bostezos porque no podía más, quedaron calificados los tres días de septiembre en el templo de la oratoria de la Carrera de San Jerónimo. Emilio Romero, por televisión, dijo que en la política actual no había tribunos. En sus tiempos de las Cortes de Franco, tampoco. Sólo don Esteban Bilbao era un orador del viejo estilo, campanudo y grandilocuente. Era lo más parecido a un tribuno. Don Esteban, que era presidente de aquellas Cortes, comenzaba las escasas sesiones plenarias con un discurso enorme, sentimental y tronitoso. Discurso que era interrumpido con aplausos en los latiguillos. Un día, pero, los procuradores no se mostraron proclives a la ovación y los silencios más densos coronaban el fin de las parrafadas. Don Esteban Bilbao, que era un viejo carlista, supongo que no muy amigo de las innovaciones técnicas, se olvidó que tenía los micrófonos abiertos y se dirigió en voz baja a uno de los vicepresidentes, diciéndole: están fríos estos cabrones... Las señorías de la época, tan castizamente descritas por el dolido caballero, lo oyeron todo. Los tribunos, ya ven, a veces son eso. El estado de la nación no creo que sea un estado interesante, es decir grávido de esperanzas y promesas. Todo ha sido muy sonriente, pero vacío. Sonrisas sí, las que quieran, entre otras razones porque hoy se elabora la imagen del político mostrando los dientes. El gobernante serio, triste o áspero, ya no se lleva. Lo importante es sonreír. La prueba es que Fraga Iribarne, mientras estuvo en el poder, tanto en el franquismo como en la monarquía, no se distinguió por sus manifestaciones de simpatía. Era un hombre eficaz pero desabrido. La democracia le ha transformado y sonríe con frecuencia y, lo que es más digno de elogio, con espontaneidad. […] Sonreír, para Felipe González, es la cosa más natural del mundo. Felipe tiene una sonrisa que seduce a las señoras y que es como una cosechadora de votos. Con el respaldo de tantos diputados sonreír es fácil. Sabe que, pase lo que pase, acabará ganando las votaciones. Todo el dramatismo que de vez en cuando hay que poner para animar el hemiciclo, compensado rápidamente por la sonrisa de “latin lover” moreno y andaluz, no debe tomarse demasiado en serio. ¿Y los demás? ¿Qué pueden hacer sino sonreír? Tampoco van a ganar nada con poner cara feroz. Es preferible demostrar que no hay ni una gota de rencor, ni un adarme de frustración en sus corazones. Que este es un país de políticos bien educados. Roca sonríe con su cara de mostela; Carrillo con su aire de gato viejo, nostálgico de ardorosos y combativos tejados; Suárez porque fue el primer explotador de la sonrisa política; […] Y eso fue todo, unos días de nada y de sonrisas.