D. O’mahony 1917

El socialismo ruso y la paz

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús[...]

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De que en Rusia no existe socialismo organizado, y de que los socialistas rusos son gente sin norte y sin sentido común cualquiera puede convencerse leyendo las noticias de Petrogrado. Un periodista liberal ruso me ha afirmado que en la turba de esos revolucionarios apenas hay doscientos que sepan discurrir; y ciertamente no es entre estos doscientos que Alemania ha elegido los mensajeros de paz. Miliukof disculpa las exaltaciones de Lenin atribuyéndolas a un estado anormal de su espíritu. El general Kornilof decía de Lenin que es un loco; yo no lo creo tal. Muy al contrario, Lenin es un hombre que razona y discute, con arreglo a su conciencia. En Berna llevaba una vida ascética. En Petrogrado, actualmente, vive como un sibarita. No hallando alojamiento a su gusto, se instaló con alguno de sus corifeos en el de una elegante bailarina del teatro Imperial, la cual, so pretexto de antiguas relaciones con el zar destronado, reside hoy en un calabozo de la fortaleza de San Pedro y San Pablo. Lenin juzga que el coquetón dormitorio de la Czsesinskaya (que tal es el nombre de la bailarina) es más agradable que su tugurio de Berna. La Czsesinskaya, sin embargo, no pactó nunca con los enemigos de su patria; y el lujo de que se rodeaba era pagado con dinero ruso. […] Los alemanes, al servirse del nuevo régimen en favor de la paz, tuvieron acaso presente las enseñanzas de la historia. La guerra de los Siete Años, terminó, porque a la muerte de la zarina Elisabeth, su sucesor, el desdichado Pedro III, rompió con los aliados y se entendió con el rey de Prusia. La campaña de Crimea concluyó, cuando a la muerte de Nicolás I, su heredero Alejandro II apresuróse a proponer la paz. De ahí dos casos en que el soberano, recién entronizado, no ha querido proseguir la guerra sostenida, por su predecesor. Hoy el soberano de Rusia es el pueblo, a quien toca liquidar la herencia de NicolásII. Pero la soberanía colectiva es difícil de manejar y expuesta a graves decepciones. Pedro III y Alejandro II eran personalidades. Lenin y sus acólitos no constituyen personalidad alguna ni representan nada. El socialismo ruso es una ficción. Los socialistas suizos, en esta ocasión, no se han cubierto de gloria. Todavía quedan en Suiza bastantes centenares de emigrados, que no muestran gran prisa por volver a Rusia, cual si temieran ponerse en contacto con la realidad. Porque ahora no se trata de teorizar, sino de descender al terreno práctico, perspectiva terrible para los ilusos de profesión. […]