Miquel Capdevila ‘m. C.’ 1941

El escenógrafo Salvador Alarma (1941)

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsAlarma no pintaba “invita Minerva”, es decir, sin el calor divino de la inspiración personal, sino que la benevolencia de Minerva le venía de su ascendencia familiar. Esto no es muy admitido entre nosotros, gentes individualistas que en las cosas espirituales -y muchas veces en las naturales- creemos que nuestra historia comienza y acaba en nosotros mismos; pero los japoneses proclaman que un artista acabado no puede formarse con una sola generación. Salvador Alarma poseía, además una cualidad que no es común entre escritores y artistas: era hombre ordenado. Tenía a punto sus bocetos, sus notas, sus archivos. Y su vida también. Gracias a esta cualidad, no sólo estaba todo dispuesto para su vida de trabajador infatigable, sino para después de su muerte. Por añadidura, tenía redactado un esbozo de autobiografía en que no habla de él apenas, pero consigna referencias de sus maestros, de las etapas de su producción y de sus antepasados. Con ella y con los recortes de prensa que había ordenado cuidadosamente, podría redactarse una biografía completa del hombre y del artista. […] Teodoro, el padre de Salvador Alarma, fue encargado de los trabajos decorativos, ajenos al teatro, del taller del coloso de la escenografía, don Francisco Soler y Rovirosa. Años atrás, el papel de encargado de un taller tenía un aire patriarcal de guía y maestro de los aprendices y medio oficiales, con quienes estaba en contacto mucho más que el director o dueño. Además, su tío Ricardo, su hermano José y su primo Enrique también son pintores. A mayor abundamiento, su otro tío, don Miguel Moragas, fue notabilísimo escenógrafo y a su lado se formó y trabajó quien había de ser primero su asociado y, después, el continuador de la obra. Pero de quien se proclama discípulo con mayor entusiasmo es de Soler y Rovirosa, en cuyo taller se aprendían secretos de escenografía que en las Academias eran desconocidos completamente. En efecto, a fines del siglo XIX Barcelona era una Meca de la Escenografía y en ella pontificaba con autoridad absoluta Soler y Rovirosa perpetuado hasta ayer por el pincel mágico de su discípulo Mauricio Vilumara. Con esto queda dicho que Alarma era un fervoroso de la escuela naturalista y su larga producción de escenógrafo y de acuarelista se caracteriza por la minuciosa ejecución del detalle; el estudio arqueológico, la fidelidad material, todo ello iluminado por la visión personal embellecedora. Rusiñol decía de él: “Es un perfecto paisajista que sabe interpretar la Naturaleza y hombre fantasioso, que sabe estilizarla, pudiendo decirse que dignificándola.” Al morir tenía 71 años y sus obras serían difíciles de enumerar.