ABANSD’ARA

Dad a Cataluña lo que pide, en su integridad

De l’article de José Martínez Ruiz Azorín (Monòver, Vinalopó Mitjà, 1873 - Madrid, 1967) a Crisol (19-VIII-1931). Començaven els debats sobre l’Estatut d’Autonomia de Catalunya. El president Macià l’havia lliurat personalment al president Alcalá Zamora. Azorín era un antic deixeble de Francesc Pi i Margall (Barcelona, 1824 - Madrid, 1901), president de la I República.
MARTÍNEZ RUIZ ‘AZORÍN’ 1931

[…]

Para decidir en el asunto Cataluña se puede leer o no leer; se puede leer mucho o no leer nada. Si no se lee nada, se acepta el resultado de un largo proceso de siete siglos y se da el fallo favorable a Cataluña; si leemos, habremos de encontrarnos, frente a nosotros, pobres lectores, con una ingente montaña de papel. […] Pensemos en las disciplinas humanas que han sido puestas a contribución para escribir estos libros […] Todas las disciplinas: la historia, el derecho, la filosofía de la historia, la historia del derecho, la estética, la etnografía, el folklore, la poesía erudita, la poesía popular, la novela, la sociología, el derecho consuetudinario, la filología; todas las disciplinas, en suma, estudiadas para demostrar que Cataluña tiene una vitalidad propia, que Cataluña es una nación. […] Las teorías que antaño corrían como válidas han sido reemplazadas por teorías nuevas. Creíamos conocer el ideario de los catalanistas, y tenemos que estudiar de nuevo sus programas; otras doctrinas están ahora en curso. Los hombres se suceden y las ideas también. Y en este gigantesco remolino, a lo largo tan sólo de los últimos cincuenta años, por encima de la muchedumbre de nombres de políticos y de teorizantes, emergen en la memoria los nombres de Mañé y Flaquer, Almirall, el doctor Robert, Prat de la Riba, Maragall, Torras y Bages, Cambó, Rovira y Virgili… ¡Qué vida tan intensa la de esta nación desde hace siete siglos! La ondulación de la historia de Cataluña es interesante; nada más curioso e instructivo. Seguir las fluctuaciones de la nación catalana desde la Edad Media hasta el presente es contemplar el más bello panorama. […] Una historia de siete o más siglos; en esa historia, cuatro centurias de inquietud. De inquietud para Cataluña y de preocupación para el resto de España. No ha habido sosiego ni para Cataluña ni para el resto de España en ese largo período. […] Y es hora de que la inquietud y la preocupación terminen. Cataluña tiene derecho a vivir su vida. El resto de España debe, sin más dilación, hacer que Cataluña viva su vida. […] La voz de un transeúnte, simple voz de la calle, es la de que a Cataluña debe dársele lo que pide en su integridad. En su integridad y sin regateos. Todo y en el acto. Con pulcritud y con elegancia. Y así terminará cordialmente el desasosiego de cuatrocientos años.

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