ABANSD’ARA

Éxito de Montserrat Caballé en el Carnegie Hall

Crònica d’Ángel Zúñiga (Atarrabia, Navarra, 1911 - el Prat de Llobregat, 1994) a La Vanguardia (18-XII-1965), la referència periodística més immediata rebuda a Catalunya d’aquell triomf de Montserrat Caballé (Barcelona, 1933-2018) al Canergie Hall de Nova York. L’abril del 1965 hi havia actuat per primer cop amb una memorable interpretació de Lucrezia Borgia (foto).

En el Carnegie Hall, la eximia cantante barcelonesa Montserrat Caballé refrendó el triunfo obtenido hace unos meses al presentarse ante el público neoyorquino. Fue otra noche de triunfo memorable para la extraordinaria soprano que reapareció, en medio de una expectación tremenda, ya con la aureola de una artista que contará mucho en la historia operística de esta ciudad. Su reciente triunfo en Dallas, cantando La Traviata, había resonado en Nueva York. Sólo hay que señalar un hecho inusitado. Para esta representación de Roberto Devereux, de Donizetti, presentada en forma de concierto, no había una sola entrada desde hace meses. Entonces, la American Opera Society, fundación dedicada a exhumar aquellas óperas que hace años no han sido representadas -la de anoche, Roberto Devereux, no se había dado en Nueva York desde 1851- ha hecho lo que no había sucedido nunca: repetir la representación, mañana noche, en vista del fervor despertado entre este público por la presencia y esencia de ésta cantante barcelonesa, Montserrat Caballé. Ese fervor estalló anoche en ovaciones que no pueden describirse fácilmente. Que yo recuerde en los años que llevo en este país y en mis contactos con el mundo operístico, no se había producido fenómeno semejante. El entusiasmo contagioso de una sala llena hasta los topes, electrizada por la voz de una cantante, rindiéndose gustosa ante el encanto que desde el escenario se le proponía, tomó anoche caracteres de apoteosis. “¡Caballé!, ¡Caballé!” gritaba e1 público, en los finales de acto y al terminar la ópera, con el lomo encabritado por el entusiasmo. Tenía, claro, razón de expresar admiración semejante, porque Montserrat Caballé, en uno de los momentos más difíciles de su carrera, superó su propia marca, demostrando la extraordinaria calidad y color de su voz, su genuina contextura dramática. La ópera Roberto Devereux, una espantosa tragedia, necesita grandes cantantes. Le son necesarios como el aire para respirar. Con la línea melódica muy de su tiempo y más de Donizetti, que parece haber escrito una sola aria y doscientas variaciones de la misma, son los ejercicios vocales de los cantantes los únicos que pueden animar la fábula, muy en el estilo romántico y melodramático de su época.

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