ABANSD’ARA

Posición de las derechas

De l’article d’Agustí Calvet, Gaziel (Sant Feliu de Guíxols, 1887 - Barcelona, 1964), a La Vanguardia (23-VI-1933). L’oracle del liberalisme català d’aquell temps reivindicava aquí, un cop més, la naturalesa burgesa congènita del concepte institucional de República. Els esdeveniments de tres anys i un mes després confirmarien que aquest era un article profètic.

El tiempo trabaja para las derechas. Si, con ánimo de entendernos rápidamente, llamamos derechas a todos los que están descontentos del rumbo seguido por la República, porque reputan excesivo su radicalismo, y llamamos izquierdas a los que están conformes con él, parece indudable que cada hora, cada minuto que pasa, favorece y engrosa el criterio de las derechas. […] La República vino -hay que repetirlo siempre- porque la votaron pacíficamente la mayoría de los españoles. […] Pero luego, una vez conseguido el cambio gracias a la buena voluntad del país casi en masa, determinados partidos, determinadas tendencias, determinados exclusivismos, todos ellos de izquierda, se adueñaron poco a poco, merced al juego parlamentario, de las esferas gubernamentales. De suerte que la verdadera revolución, que no pudieron ni tuvieron necesidad de realizar en la calle, luego esos partidos, adueñados del mando, en parte han podido y querido ejecutarla desde el Poder. Naturalmente: todos los no revolucionarios, que contribuyeron como el que más, con sus votos, al cambio de régimen, protestan de eso que les parece un intolerable abuso. No sólo no les venció ninguna revolución real, y por lo tanto no se sienten vencidos, sino que, como en el fondo son tan vencedores como los izquierdistas, porque el cambio de régimen lo trajo la mayoría del país, confundidos y aunados todos los matices, no aceptan en modo alguno que la República actúe especialmente contra ellos. Y aquí se plantea el gran problema, el máximo problema de la España actual. ¿Qué actitud van a adoptar esas derechas? Se les ofrecen dos: intervenir en la República, con el empeño de rectificar su rumbo, por vías legales, o alzarse contra la República, para ver de derribarla violentamente. En Cataluña domina por completo la primera tendencia. Pero mucho me temo que en el resto de España, o por lo menos en grandes e importantes partes de ella, las derechas se inclinen hacia la otra actitud. […] Si la revolución de verdad, la revolución sangrienta, siempre abominable, no pudieron realizarla las izquierdas, ¿podrán ahora urdirla las derechas? ¿Provocarán ellas, para derribar a la República, lo que no pudo provocarse para hundir a la Monarquía? ¿Serán los conservadores quienes desaten los instintos y creen las coyunturas que sólo favorecen a los revolucionarios? Y sobre todo, si el tiempo trabaja para las derechas, ¿por qué forzar, insensata y peligrosamente, la marcha del tiempo? […] Ahora todo anuncia que el tiempo va a cambiar y que vendrán horas propicias a las derechas. No digo para mañana, ni para pasado mañana. Cuando sea sonará; pero quien tenga fino el olfato percibe un cambio creciente en el aroma de la brisa. […]

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