¡Pobre Colón!
Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsAla estatua del gran navegante que “ dio nuevo mundo a Castilla y a León ” tocóle anteayer el turno de presenciar el tristísimo espectáculo, que otros puertos de la Península han visto, desde que concluyó la guerra antillana. Si dentro del cráneo de aquel hombre de bronce, cuya diestra prosigue -¡oh terrible ironía!- señalando, allá, muy lejos, a través de los mares, los inmensos continentes un día descubiertos por su genio, hubiese puesto Dios, por raro milagro, un pedazo de cerebro pensador y consciente ¡qué de amarguísimas ideas no le habrían atormentado, ante el funerario cuadro que se desarrollaba en los desembarcaderos!...¡Y cómo hubiese dejado caer el brazo y la cabeza, al presenciar desde sus alturas, el lúgubre desfile de literas llenas de jóvenes casi agonizantes, la macabra procesión de escuálidos seres, de soldados espectros, que marcharon briosos y vuelven hoy, arrastrando penosamente sus cuerpos consumidos por el cansancio, las privaciones, la fiebre y el desaliento! Doscientos mil se han embarcado en el breve espacio de tres años, desde nuestras costas a las del mar cubano; doscientos mil adolescentes, a quienes la vida se ofrecía con toda la risueña perspectiva de los veinte abriles… ¿Cuántos de esos han dejado la vida en las ensangrentadas soledades de la manigua?... Y entre los que pensaron volver a respirar los aires de la patria, al poner la planta en el buque que les repatriaba, ¿cuántos no hallaron su tumba en el inmenso cementerio del Océano?... Y de los mismos que logran pisar de nuevo el suelo de España, ¿cuántos no habrá que regresan sólo para morir, a corto plazo en el Hospital, el Sanatorio o el rincón del entristecido hogar doméstico?... No se ha hecho todavía la liquidación mortuoria: sabemos sólo que Cuba se perdió sin remedio; cuando sepamos la cuenta exacta de las existencias humanas que nos cuesta la Perla exterminadora de las ex nuestras Antillas, el corazón se estremecerá de espanto y de indignación. Si es que todavía les queda a nuestra apatía y a nuestro africano fatalismo, fuerzas para estremecerse de algo. Entre tanto, la funeraria procesión continúa; los buques atestados de fantasmas prosiguen llegando a nuestros puertos; un día, en Santander; otro día, en Cádiz; otro en Barcelona. Al pobre Colón se le reservan nuevos espectáculos análogos al de anteayer; […] Al inmortal genovés le quedan aún muchos sorbos amargos que tragar, y más de una vez oirá vibrar, subiendo desde el suelo hasta sus orejas de bronce, la terrible acusación lanzada anteayer por un obscuro soldado: ¡ese tiene la culpa de todo! […]