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ABANS D’ARA

Ante la Europa que nace (1957)

De l’article de Josep Pla (Palafrugell, 1897-1981) a Destino (23-III-1957) que interpretava de manera optimista i realista, des de posicions liberal-conservadores, la preparació dels Tractats de Roma, que serien signats dos dies després. Imatge: els dos estadistes citats per Pla: Paul-Henri Spaak (Bèlgica, 1899-1972) i Konrad Adenauer (Alemanya, 1876-1967).

El viento sopla cada día más favorablemente para Europa: el mercado común y el “pool atómico” han sido aprobados por los seis países interesados, a través de sus respectivos primeros ministros; falta sólo redactar dos tratados y proceder a su firma, cosa que ocurrirá en Roma, dentro de poco, lo antes posible. Digo lo antes posible, porque gracias al dinamismo de Spaak y a su inteligencia, las cosas ahora se hacen así. Al llegar a Bonn viniendo de París, el canciller Adenauer ha dicho: “Yo no tengo las mismas ideas políticas de Spaak; formamos parte de distintos partidos; pero ante su tenacidad, sus conocimientos y su claridad, hay que descubrirse. Gracias a sus esfuerzos, Europa será posible”. Frente a la posibilidad, cada día más tangible, de crear una Europa federada, no caben más que dos posiciones: la posición de pereza mental, de incuriosidad y de indiferencia, y una curiosidad total y activa. La primera posición conduce a creer que la cosa no puede ser, que es una utopía. La segunda tiende a internarnos en el movimiento europeo y a trabajar en la medida de la modestia, en hacerla factible. Yo soy partidario de la segunda posición, entre otras razones, porque creo que confundir hipótesis personales, caprichos subjetivos, profecías trasnochadas con las posibilidades inagotables que ofrece la realidad, es un error que la época que vivimos no acepta. [..] Hay que desechar la idea de que el movimiento de federación económica europeo es la consecuencia de la decadencia económica de este Continente. No. No hay tal decadencia. Al contrario: las economías de los seis países del mercado común están en franca expansión, y se ha alcanzado en ellas un grado de prosperidad como jamás se llegó en la historia europea. […] No es la economía que va mal en Europa: lo que va pésimamente es la política, la organización política, atomizada, del Continente. La atomización política de Europa es la base de su debilidad y de su inexistencia. Una Europa dividida quedará fatalmente aplastada entre los dos enormes bloques de Rusia y los Estados Unidos. Lo que importa ver claramente, es que la verdadera finalidad del movimiento europeo, de la federación europea, es la creación de una tercera fuerza estricta y auténticamente europea y que responda exactamente a los deseos de la opinión europea, que no es pro-rusa, pero tampoco pro-americana. […]

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