ABANSD’ARA

Alegría de Pascua

Alegría de Pascua
Juan Maragall 1906
03/04/2018
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsEsta alegría de Pascua es una alegría difusa: trasciende de muchas cosas, cuyos rayos de luz se entrechocan y quiebran y se pulverizan, dorándolo todo con el oro de todo; hay como un polvo de oro en los aires, que se levanta de todas partes y todo lo reviste. Es la alegría de la resurrección, la más fuerte que puede haber, porque brota del dolor y de la muerte. Hoy debiera ser la fiesta especial de los poetas, porque ellos de su pasión sacan el canto glorioso. Sin pasión no hay canto fuerte, ni sin canto pasión bien redimida. El canto ha de ser la pasión misma transfigurada, como Jesús que resucitó con las llagas de la Pasión, pero alegres ya en su cuerpo glorificado. […] Así es dulce, en la tarde del Viernes Santo, ver entrar en la ciudad los pacíficos rebaños que nos traen una sensación de las montañas lejanas y los pastos solitarios y de la vida encantada de los pastores. ¡Ay! ¡aquella alegría de ver en la casa un cordero rodeado de niños enloquecidos por la intrusión montaraz y el rústico vaho de la lana.! El pobre cordero de Pascua viene a nuestra casa a ser también una víctima […] ¡Cuánto menos representa… y cuánto más! […] Antes que la víspera de la Pascua, ha habido otras noches claras y estrelladas, y de ellas se alzó algún alegre canto; alguien cantó instintivamente como el ruiseñor, porque entraba el buen tiempo. Pero otros cantos son los de la víspera de Pascua: son más llenos de sentido, son más humanos, porque los hombres saben por qué cantan; las aves, no; y otras noches los hombres cantaban como las aves. Las aves no tienen festividades. La festividad es una cosa esencialmente humana; no es una fría convención social, no; la festividad es un acto de conciencia de lo natural, que sólo por la conciencia de la tierra, que es el hombre, puede realizarse. […] No desdeñéis nuestras festividades vosotros que os llamáis espíritus fuertes, cuando sólo sois espíritus fríos; si no lo sentís en vuestro corazón, hacéis bien en no mezclaros en ellas, que las profanaríais; pero tampoco alardeéis de estar encima cuando simplemente estáis fuera, ni menos queráis imponer la frialdad de vuestra razón, menos que humana, a los corazones humanos. Mientras no tengáis una fe más fuerte que la de la muchedumbre, dejad a la muchedumbre la suya; apartaos de ella si no podéis seguirla; pero no pretendáis guiarla. ¿A dónde? Acordaos del Salmo: “Creí, y por esto he hablado”. ¿No creéis? Pues callad. ¿A qué turbar la plenitud de sentido de nuestras festividades, desdichados?

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