Ramón Casas, señor del pincel
De la crònica de Sempronio (Barcelona, 1908 - Sitges, 2006) a Los Barceloneses (1959) i autoretrat de Casas (1908). Avui fa 150 anys del naixement de Ramon Casas (Barcelona, 1866-1932).
Peces històriques triades per Josep Maria CasasúsSus tres pasiones fueron pintar, conducir y comer. Cuando, ya enfermo, no pudo hacer ninguna de las tres cosas, no le importó morir. Contaba sólo sesenta y seis años… Pero, nos dijo: “No lloréis por mí. He vivido acaso poco, pero muy bien, como no viviréis nunca vosotros…” La señora de Riera me refiere así la muerte de su tío, el pintor Ramón Casas. Son seguramente los menos quienes se despiden de la vida con semejantes reflexiones. A todos, especialmente si fallecen sexagenarios, les parece que les quedan todavía por leer las mejores páginas del libro de la existencia… De lo cual se infiere que Casas fue un sibarita satisfecho. Que lo pasó estupendamente en este valle de lágrimas. No le reprochemos la ausencia de angustias, la carencia de necesidades. También en este sentido puede ser tomado como representante de una época, […] Los modelos de Casas fueron a menudo mujeres de su familia. Ayer tuve el gusto de presentar mis respetos a doña Elisa Casas, hermana del pintor. La visité en su domicilio del Paseo de Gracia, contiguo a la casa donde Ramón tuvo, durante un tiempo, su estudio. A doña Elisa la había ya visto pintada en distintas épocas de su existencia. Por ejemplo, cuando era una muchacha, en una terraza de la calle Nueva de San Francisco, que era la casa solariega de la familia, y que asoma en otros cuadros del pintor. Una terraza con velador, macetas y persianas, muy burguesa y muy barcelonesa. -Por cierto que mamá tuvo un disgusto cuando vio la pintura. Le dijo a Ramón: “Podías haberte abstenido de pintar esa toalla tendida al fondo…” -me cuenta doña Elisa. […] El automovilismo fue otra de las debilidades de aquel bohemio señor. Quizás cuadraría más decir que amó la velocidad. Con Pedro Romeu, el de los Quatre Gats, escandalizaron a la ciudad con su tándem. […] A despecho de ser bohemio y rico, Ramón Casas fue un trabajador formidable. […] Hay que convenir que la bohemia dorada es compatible con un ritmo de producción que a muchos que detestan la bohemia, y que no son ricos, debe parecerles extenuante.