ABANS D’ARA

El telón no era de acero

De Xavier Batalla (Barcelona, 1948-2012) a La Vanguardia (7-XI-2009). Avui fa dos anys de la mort de l’autor d’aquest text precís i pedagògic, i fa un quart de segle que queia el Mur de Berlín.

Xavier Batalla 2009
13/12/2014
2 min

Peces Històriques Triades Per Josep Maria CasasúsIntelectuales rusos, obreros alemanes y campesinos chinos compartieron la idea del comunismo. ¿Qué movió a tan dispares sociedades, desde Europa hasta Cuba, pasando por Mongolia, a aceptar -o verse obligados a aceptar- la idea comunista? ¿El sueño de una sociedad mejor? ¿La opresión? Lo que se sabe a ciencia cierta es cuándo empezó el experimento (el primer cañonazo del buque “Aurora” y la toma del Palacio de Invierno en 1917) y cuando acabó, entre el 9 de noviembre de 1989, día en que cayó el muro de Berlín, y el 25 de diciembre de 1991, la que sería la última jornada de la Unión Soviética. Hubo quien acertó a ver el final del comunismo soviético, pero fueron pocos. […] Uno de los que acertaron fue Joseph Harsch (1905-1998), un periodista [autor del llibre El telón que no es de acero ], quien desde el principio insistió en que el dominio soviético no sería permanente. […] El imperio soviético comenzó a resquebrajarse nada más empezar. El primer satélite en abandonar la órbita fue la Yugoslavia de Tito, en 1948, y en 1953 se detectaron graves fisuras en la República Democrática Alemana, donde la revuelta popular hizo que Bertolt Brecht sugiriera al régimen que disolviera el pueblo y eligiera a otro. Después, en 1956, los polacos también protestaron, como los húngaros. Maoístas y soviéticos se enfrentaron en 1959. Y el aplastamiento de la primavera de Praga, que alimentó la herejía eurocomunista, remachó que el modelo soviético no era reformable. ¿Por qué el sistema no era reformable? Por su carácter totalitario y por la bancarrota de la economía planificada. El historiador marxista Eric Hobsbawm ha explicado la paradoja: los beneficiados por la Unión Soviética no fueron los trabajadores de la que decía ser la patria de los trabajadores, sino los trabajadores occidentales: mientras los obreros del bloque soviético las pasaban moradas, el miedo a un posible contagio revolucionario favoreció el pactismo social que fue la base del milagro económico en Europa occidental. […] ]

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