Diego Ruiz 1917

De la interpretación biológica del genio

Peces Històriques Triades Per Josep Maria Casasús[…]

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L os ejemplos pueden prodigarse indefinidamente, y lo difícil es escoger entre ellos: que sea Ovidio, prometiéndole a su padre no escribir versos jamás… y haciendo la promesa en verso, o Bernardo de Palissy arrojando a la hoguera, de donde van a salir los esperados secretos de la cerámica, todos sus muebles y todo el ajuar de su casa en medio del espanto de los suyos; o Berlioz, pasando del anfiteatro de Anatomía a las salas de concierto en alas de su vocación por la música. Siempre el hombre de genio nos da el espectáculo de su impulso irresistible hacia lo que, en términos generales, llamaremos un ideal. Este ideal puede adoptar infinidad de formas, cuantas son las actividades humanas; el genio puede revelarse como un niño universalmente apto para la mayor parte de esas actividades, o bien su inclinación es unilateral, no conoce más que un objeto y un camino para llegar a él, llámase ciencia o arte de la pintura o música o poesía, etc. Tengo la convicción de que la pintura es el campo de atracción mejor circunscripto de cuantos solicitan la vocación incontrastable de los genios; desde Cinabue hasta Goya, la historia del niño labrador, o en general de padres humildes, que escoge desde muy temprano las paredes de su casa o la tierra de labranza para ejercitar su aptitud, se repite muchas veces; bajo otro aspecto, nada tan instructivo en la Historia de la música como aquel caso que nos refiere Gounod en su biografía. “Un día -dice Gounod-, habiendo oído cantar en la calle, por algún mendigo, sin duda, una canción en do menor, exclamé: Mamá, ¿por qué canta éste en do que llora?

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